POR: JORGE PIGNATARO
Historia reciente:
Este mes, puntualmente el 8 de octubre, se cumplirán 52 años de uno de los hechos más emblemáticos de nuestra historia reciente. Decir «historia reciente» es habitualmente un concepto identificado con los sucesos ocurridos entre la aparición en escena de los Tupamaros y el fin de la dictadura cívico-militar que se vivió posteriormente. Y precisamente a ello nos referimos. Hablamos en este caso del hecho conocido como «la toma de Pando». Sobre ello escribe el docente y periodista salteño –radicado en Carmelo- Daniel Abelenda Bonnet, y lo comparte hoy con los lectores de EL PUEBLO:

La «toma de Pando»: el trágico mesianismo del MLN-T
(Colaboración del Prof. Daniel Abelenda Bonnet)
El 8 de octubre de 1969, el autodenominado «Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros», llevó a cabo una temeraria acción en la ciudad de Pando, a 30 kilómetros de Montevideo.
A las 13 horas de ese día, 50 guerrilleros, organizados en 6 columnas, tomaron por la fuerza la Comisaría, el Cuartelillo de Bomberos, el local de UTE, secuestrando a sus funcionarios, y asaltaron 3 bancos: el República, el Caja Obrera y el Pan de Azúcar, llevándose en total 375.000 dólares americanos, una gran suma entonces, de los cuales se recuperaron sólo 175.000.
Menos de 30 minutos después, emprendieron la retirada hacia la capital; algunos tupamaros lo hicieron en ómnibus por la Ruta 8 y otros por la ruta que pasa por la ciudad de Toledo.
Durante el asalto, se produjo un tiroteo con las fuerzas del orden, en pleno centro de Pando, que dejó como saldo que un civil, Carlos Burgueño, que esperaba en una parada, resultara muerto. También resultó gravemente herido el Sargento de Policía, Enrique Fernández Díaz, quien fallecerá unos días después. La columna que huía por Toledo, fue interceptada por las Fuerzas Conjuntas, y luego de un intenso tiroteo, 3 guerrilleros resultaron abatidos; otros 20 se rindieron.
La fecha elegida se debe a que el 8 de octubre de 1967, el guerrillero argentino-cubano, Ernesto «Che» Guevara fue muerto en el este de Bolivia; Guevara había intentado sin éxito, iniciar un «foco» revolucionario, inspirado en la triunfante Revolución Cubana (1959) liderada por Fidel Castro y cuyo régimen comunista era el modelo de gran parte de la izquierda latinoamericana y uruguaya -increíblemente hoy, ¡todavía lo es para algunos!-.
Esta «toma de Pando» sería un homenaje al guerrillero heroico, una demostración de fuerza del MLN-T hacia la clase política y el pueblo uruguayo, así como robar una fuerte suma de dinero para continuar operando. Posteriormente, se podría realizar una eficaz acción propagandística, nacional e internacional, que mostrara a los tupamaros como los salvadores populares contra la «oligarquía» político-económico-militar, que según ellos, gobernaba Uruguay.
La inteligencia de las Fuerzas Conjuntas conocía estos planes de realizar una operación en esa fecha, pero desconocía en qué consistiría (¿secuestro, asalto, atentado?) y dónde se produciría…
La deficiente planificación, inadecuada logística (los guerrilleros no supieron manejar los coches robados a la Empresa Martinelli) y la subestimación de la respuesta de la Policía, el Ejército y Fuerza Aérea (se usaron helicópteros para cortar la retirada por Toledo), llevaron al desastre final para la organización, con 3 muertos y 20 capturados, entre ellos varios jefes de columna.
Desde un punto de vista histórico, este brevísimo copamiento y triple asalto bancario, no es sino uno más de la larga lista de acciones delictivas de los tupamaros entre 1963 y 1972, con una escalada importante, precisamente a partir de 1968-69.
Por supuesto, su interpretación política ha sido muy distinta: los exdirigentes del MLN-T (algunos de los cuales ocupan cargos importantes en partidos y grupos del FA), siguen reivindicando la «Toma de Pando», como un hecho heroico, digno de ser recordado cada año.
Y a sus integrantes caídos en esa disparatada acción, como mártires «del movimiento popular» que dicen representar, mientras omiten nombrar siquiera al agente del orden que cayó en cumplimiento de su deber, ni al infortunado ciudadano que tuvo la mala suerte de estar en el lugar y momento equivocados.
En más de 50 años, y sobre todo, luego de la recuperación democrática desde 1985, no hemos escuchado una sola palabra de arrepentimiento o disculpas de sus dirigentes a las familias de estos conciudadanos muertos, y a todos los uruguayos, por haber creído que la violencia y la lucha armada, conducían a la «liberación nacional».
En el relato oficial del MLN-T -porque hay cuestionadores entre los compañeros: Amodio Pérez, Jorge Zabalza y otros menos notorios- Pando sigue siendo un hito glorioso, que no se puede cuestionar, así como tampoco se debe responsabilizar a sus ideólogos.
Y más aún: en los gobiernos del FA, se ha tergiversado intencionalmente este hecho y otros similares de nuestra Historia, en los textos liceales, lo cual es gravísimo y debe cambiarse. Nuestros jóvenes merecen saber toda la verdad acerca de lo ocurrido aquel 8 de octubre de 1969.
