
Cumplir 40 años es atravesar generaciones y madurar. El arte es la herramienta para mejorar nuestra propia cultura. Falta la Papa llega a este Carnaval con cuatro décadas de una revolución resiliente y constante, con todo lo que eso implica en términos de memoria, peso simbólico y responsabilidad artística.
En ese recorrido mayoritariamente masculino, que hoy haya mujeres iniciando su carrera murguística habla de una tradición que se revisa sin romperse y de una murga que entiende que la historia también se honra cuando se la transforma.
Esta entrevista a Antonella Ibarra es, también, un registro de una coyuntura histórica y social que une 3 generaciones de murguistas.
Hablanos un poco de vos y tu vínculo con el ARTE
Vengo de una familia muy ligada al arte y a la música. Mi papá fue cantante de varias bandas tropicales muy conocidas desde su adolescencia: Grupo Época en los años 70, Karimbó en los 80, Horizonte e Identidad en los 90 y, ya en los 2000, Los Lirios. Luego dejó su carrera artística durante un tiempo y volvió en 2013 con Grupo Antología. Así que el vínculo con la música estuvo presente desde siempre para mí.
Alrededor de los 6 o 7 años, mi padre me escuchó cantar afinada y ahí surgió la idea de empezar a cantar folclore junto a mi hermano Sebastián, que es cuatro años mayor que yo. Formamos el dúo Sebanto alrededor del 2001 o 2002. Él tocaba la guitarra —en ese momento estudiaba en el conservatorio— y cantábamos juntos. Participamos en peñas, plazas, en la Expo, viajamos a Federación y también a un concurso que se hizo en San Carlos.
No recuerdo con exactitud los años, pero sí conservo muy viva la experiencia. Hicimos entrevistas para el diario y muchísimas actividades más. Fue una etapa muy formativa para mí.
Ya en la adolescencia, a los 14 años, entré de lleno al mundo tropical con Grupo La Señal, un grupo juvenil que marcó fuertemente mi identidad artística y musical. Más adelante tuve un paso breve por Sonido Cristal, a los 18 años, y actualmente formo parte de Grupo Éxodo, una banda con mucha trayectoria que explora distintos géneros musicales. Ahí descubrí también que me gusta mucho cantar en inglés.
Siento que mi voz es bastante versátil y que se adapta a distintos estilos: folclore, cumbia, pop, rock y ahora la murga. Me gusta desafiar mi voz en géneros diferentes, descubrir hasta dónde puede adaptarse y expresarse, y la verdad es que disfruto muchísimo ese proceso.
¿En qué momento dijiste “este año salgo” y qué fue lo que finalmente te empujó a dar ese paso?
Fue en octubre, un domingo, me acuerdo bien. Yo estaba en familia, compartiendo, y me llegó un mensaje de Germán Figueroa, que forma parte de la murga y con quien, junto a su familia, nos conocemos desde muy chiquititos. Hacía muchísimo tiempo que no nos veíamos; la vida va llevando por caminos distintos, pero siempre existió un aprecio entre las familias.
La verdad es que el mensaje me tomó por sorpresa. Me escribía para invitarme, para ver si me animaba a formar parte, porque querían incluir una sobreprima. Y justamente por lo inesperado de la propuesta, me tomé un tiempo para contestar. Nunca había pasado por mi cabeza la posibilidad de integrar una murga, jamás lo había pensado.
La invitación fue como algo caído del cielo. Desde el primer momento la sentí como un desafío, pero también me despertó muchísima curiosidad. Creo que fue eso, justamente, lo que terminó empujándome a responder y decir: bueno, voy a ir a un ensayo y ver qué tal.
¿Qué imagen tenías de la murga antes de entrar y qué fue lo primero que te sorprendió cuando empezaron los ensayos?
Tenía una imagen bastante borrosa de la murga, en el sentido de que la asociaba casi exclusivamente al carnaval, simplemente porque nunca había estado dentro de ese entorno ni la había apreciado en profundidad.
Al empezar a formar parte, entendí que la murga es identidad, crítica social, trabajo vocal y corporal, y que exige mucho en esos niveles. Pero, sobre todo, comprendí que es un vínculo humano muy profundo.
Cuando fui al primer ensayo, además llegué un poco tarde, porque los chicos ya venían trabajando desde antes de octubre, lo que más me sorprendió desde el inicio fue escuchar la armonía de las cuerdas y cómo las voces se entrelazaban, generando un sonido colectivo tan potente.
Estuve las tres horas con la piel erizada, literalmente. Por lo que escuchaban mis oídos y por lo que llegué a sentir, fue algo que realmente me atravesó. Esa misma noche me di cuenta de que estaba frente a una oportunidad que no podía desaprovechar. Me llegó directo al alma.
¿Desde qué lugar vivís debutar en una murga que cumple sus 40 años?
Lo vivo desde un lugar de orgullo, de respeto y de mucha emoción por formar parte de una historia tan grande, ¿no? Una murga con 40 años de historia, que a su vez han pasado, creo yo, una o dos mujeres en todo ese trayecto. Es un privilegio, realmente. Haber tenido la oportunidad de que me inviten y de estar siendo hoy parte, la verdad es que me llena de gratitud y me confiere también un gran desafío, porque hay que estar a la altura, ¿no?
¿Qué parte del proceso te está resultando más intensa: el cuerpo, la voz, la convivencia o la cabeza?
Bueno, desde que arranqué en octubre hasta ahora, la murga es de mi día lo que más disfruto. Me encanta. Creo yo que es un tiempo que dedico, que lo vale para mí, porque lo disfruto muchísimo.
Es una vía de descubrirme, de despejarme, de nutrirme, no solo del arte, de la música, sino de las personas, ¿no? Que forman parte de la murga, de toda esa familia Falta a la Papa. Y nunca me generó como un trabajo decir que me cueste, ¿no? Sino que es todo al contrario.
Lo que me está resultando más intenso este último tiempo, como se hacen ensayos prácticamente de domingo a domingo, claro, se empieza a sentir un poco el desgaste de la voz y el cansancio en el cuerpo, pero yo creo más que nada eso, la resistencia vocal y física, ¿no?
Que ahora está siendo un nuevo desafío para mí. Y la verdad que tengo toda la convicción en que voy a llegar bien, pero que sí, que está siendo bastante intenso, como todas las murgas, obvio, pero en este momento es lo que está siendo más fuerte.
En una ciudad como Salto, donde la murga tiene historia y nombres pesados, ¿cómo se para una murguista que llega por primera vez?
Y con mucho respeto, ¿no? Por la historia y por quienes abrieron camino. Pararse, creo yo, por primera vez es escuchar, aprender y aportar desde la propia voz, ¿no? Sin querer ocupar lugares que ya tienen su peso.
¿Qué aprendiste de vos misma como artista en estos meses que quizá no habías visto antes?
Aprendí que soy más disciplinada y constante de lo que creía y que cuando confío en el proceso colectivo puedo dar mucho más de mí como artista. Básicamente es eso.
¿Qué cosas de la murga te parece que habría que mejorar?
Más que mejorar, creo que el desafío siempre está en seguir creciendo y cuidando de lo colectivo.
¿Hay alguien que haya sido clave para que hoy estés arriba del escenario o en la fila del coro?
Primero y principal, mi padre. Mis padres, los dos. Mi mamá, que ya no está más en este plano, hace 10 años.
Pero ellos fueron como el motor y el incentivo para que yo pueda emprender esta carrera artística. Siempre tuve el apoyo de los dos, la admiración también. Y eso me llena de gratitud y de orgullo.
Y en el plano de la murga, creo yo que todos los chicos que confiaron y apostaron a que yo formara parte. Y la verdad es que soy muy agradecida y voy a estar agradecida de por vida con todos, por haberme regalado la oportunidad de formar parte de la murga. Y va a ser una experiencia que me la voy a llevar conmigo toda mi vida.
Cuando termine este Carnaval, ¿tenés algún otro proyecto?
Mirá, cuando entré a la murga, lo tomé como un desafío personal, como una experiencia para vivir por única vez. Pero bueno, con el correr de los meses, eso fue mutando, al punto de decirme hoy, che, esta forma de arte me atravesó por completo.
Y no solo por lo que significa, sino por las personas excepcionales con las que me encontré con esta familia, de Falta a la Papa. Y eso es lo que más me hizo enamorarme y meterle a este proyecto. Yo generalmente no soy de planificar proyectos a nivel artístico, porque casi siempre me sorprenden, como esto de la murga.
Y bueno, es como que me tocan la puerta como me pasó. Simplemente la dejaré abierta y si es un proyecto que me llame a un desafío y a la curiosidad, estoy segura que lo voy a aceptar y me pondré a trabajar fuerte en ello.





