Yeanette Lima: “Uno piensa en ellos de lejos, a ver cómo estarán”…correr para encontrarse, maternar para sostener

Yeanette Lima, ama de casa, madre y corredora salteña, combina familia, entrenamiento y competencias internacionales con una historia de esfuerzo y superación.

Yeanette Lima: correr, ser madre y encontrarse a sí misma

Entre las rutinas del hogar, los tiempos de sus hijos y la constancia del entrenamiento, la historia de Yeanette Lima encuentra un equilibrio tan real como inspirador. Ama de casa, madre y corredora, ha sabido construir un camino donde el esfuerzo cotidiano convive con desafíos personales que la llevaron incluso a competir a nivel internacional, como en la maratón de Santiago de Chile.

Su vínculo con el running comenzó casi por casualidad, pero se transformó en una parte esencial de su vida. “La actividad comenzó hace ocho años… una compañera dijo que había un grupo de corrida y yo fui a probar. Cuando fui ese día pensé que era tipo funcional… y bueno, desde ahí me encantó correr y nunca dejé”.

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Lejos de las modas, su motivación fue siempre interna. “Hoy en día se puso a la moda correr… pero en realidad yo iba por mis objetivos, que primero fueron cinco, después diez, después veintiuno… siempre progresivo”. Ese crecimiento constante la llevó a descubrir algo más profundo: “Disfruto mucho… me encontré conmigo en ese momento”.

En esa búsqueda personal, Yeanette encontró en las distancias largas un espacio propio. “Prefiero estar entrenando varios kilómetros, me siento bien… es como que me encuentro conmigo”. Correr, para ella, no es solo una actividad física, sino también un refugio emocional.

Pero su vida no se define únicamente por el deporte. Su rol como madre es central y permanente. “Soy ama de casa, siempre con la comida, la limpieza, la ropa… todo”. Sus hijos, hoy de 14 y 18 años, crecieron acompañando ese proceso. “Cuando empecé eran chicos todavía”, recuerda.

Ese crecimiento también trajo nuevos desafíos emocionales. “Hace dos meses mi nene se fue a estudiar a Montevideo». La distancia, inevitable en la vida de toda madre, se vive con intensidad. “Uno piensa en ellos de lejos, a ver cómo estarán… porque uno tiene miedo de la vida, cómo está el mundo hoy”.

En ese contexto, correr también se vuelve una forma de sostenerse. “Tengo que salir un poco para despejarme”, confiesa, dejando ver cómo el deporte funciona como equilibrio ante los cambios familiares.

Su recorrido en competencias es amplio. Participó en múltiples carreras en Salto, Concordia y otras ciudades, logrando destacarse en su categoría. “No soy rápida, pero en mi categoría ando siempre bien, siempre salgo primera, segunda,tengo un montón de trofeos”. Esa constancia la llevó recientemente a una sorpresa inesperada, “salí en el top 10 de las uruguayas,yo ni me lo esperaba, yo corro por mí nomás”.

Entre sus experiencias más significativas aparece el trail, una modalidad que combina naturaleza y resistencia, que como en otras ocasiones participó junto a su esposo. “Corrí 100 kilómetros en tres días,fue en San Martín de los Andes”. La describe como “una experiencia increíble”, no solo por el desafío físico, sino por lo humano, “había gente de todo el mundo… veías banderas de México, Colombia, España…”.

Ese espíritu también se refleja en su vida familiar. Aunque sus hijos no siguen el mismo camino deportivo, crecen viendo el ejemplo. “Cuando me ven vestida me dicen ‘mamá, ya te vas a correr?’”. Y aunque aún no la acompañan plenamente en esa pasión, ella confía, “capaz que en algún momento… lo voy a vivir bien”.

Como madre, su definición es “siempre presente en todo, siempre”. Esa presencia se traduce en acompañamiento, en seguimiento constante, en estar. “Hoy en día hay que estar dándoles para adelante… porque si no, se quedan”.

La organización familiar fue fundamental para poder desarrollarse también en el deporte. “Al principio iban conmigo… después, cuando eran más grandes, me ayudaban vecinos o amigas”. Esa red de apoyo permitió sostener un equilibrio que muchas veces parece difícil.

Uno de los momentos más emotivos que recuerda junto a sus hijos está ligado justamente a las competencias. “Cuando íbamos a Montevideo ellos veían toda la gente y no lo podían creer que yo estaba ahí, entre todos y cuando salí en el top 10, orgullosos de la mamá”.

Su experiencia en la maratón de Chile quedó grabada como un punto alto. “Mucha gente, mucha gente… todo el recorrido con gente alentando… carteles que decían ‘tú puedes’”. La emoción fue tal que incluso el cansancio quedó en segundo plano. “Ni dio tiempo de cansarse las piernas ni la cabeza… la motivación fue impresionante”.

A pesar de todo lo que implica entrenar, competir y viajar, Yeanette no pierde de vista lo esencial. “Siempre hay que hacerse un momento para uno”, reflexiona. Y agrega algo que resume su realidad, “estar en la casa también es un gran trabajo,porque si uno no está, hay otro ocupando ese lugar”.

Su día a día sigue estando atravesado por lo cotidiano. “Cuando mi nena quiere algo dulce… siempre estoy”. Esa disponibilidad constante es parte de su forma de maternar, donde el tiempo personal convive con el tiempo para los hijos.

En esa combinación de roles —madre, ama de casa, deportista—, Yeanette Lima construye una historia que no busca grandes discursos, pero deja un mensaje , es posible sostener, acompañar y, al mismo tiempo, encontrar un espacio propio. Porque correr, en su caso, no es escapar, sino volver a sí misma para seguir estando para los demás.

ESCRITORIO LARRAÑAGA
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