El Espacio de la Junta de Salto

Vivir sin Miedo.

Columnas De Opinión

Análisis sobre inseguridad, respaldo a la Policía y la vigencia de propuestas de Vivir sin Miedo para fortalecer la seguridad en Uruguay.

Edil Pablo Williams

Coord. de bancada CORE
Partido Nacional

La inseguridad nuevamente dejó de ser una sensación para convertirse en una realidad cotidiana de miles de uruguayos. Cada rapiña, cada homicidio y cada barrio que se encierra detrás de rejas es una señal de que algo no está funcionando. Y cuando la respuesta del Estado es fragmentada, reactiva y además tardía, quienes terminan pagando el precio son siempre los mismos: los más vulnerables, los que no pueden mudarse, los que viven donde el delito se siente más cerca que la protección.

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La improvisación en materia de seguridad no solo expone a la ciudadanía; también deja a la Policía en una situación de rehenes del sistema. Se les exige resultados sin darles herramientas, respaldo político ni un marco claro de actuación. Sin embargo, ya vimos lo que ocurre cuando la Policía cuenta con conducción, apoyo institucional y políticas coherentes: durante el ministerio de Jorge Larrañaga, la institución recuperó autoestima, profesionalismo y capacidad operativa. No fue casualidad. Fue gestión, planificación y convicción.

En ese mismo espíritu nació el proyecto Vivir sin Miedo, un conjunto de medidas estudiadas a fondo, discutidas con especialistas y diseñadas para enfrentar al crimen con la seriedad que el problema exige. No era un eslogan ni una reacción del momento: era una hoja de ruta. Proponía fortalecer la presencia del Estado, asegurar el cumplimiento efectivo de las penas, habilitar herramientas modernas como los allanamientos nocturnos con orden judicial y crear una Guardia Nacional para reforzar la seguridad interna. Era, en definitiva, un intento de poner racionalidad donde muchas veces domina la urgencia, con el valor de ponerlo en negro sobre blanco, sin tratar de hacer pasar una cosa por otra.

Y es importante decirlo con claridad: la crítica no es por la crítica misma. Reconocemos la dificultad enorme que implica enfrentar un fenómeno como la inseguridad. Pero justamente por eso, porque la tarea es difícil, es que se necesita seriedad, planificación y coherencia. Para eso fueron elegidos quienes hoy tienen la responsabilidad de conducir el país: para dar soluciones, no explicaciones.

Porque la inseguridad no se combate con parches. Se combate con políticas sostenidas, con profesionalismo, con instituciones fuertes, poniendo a la ciudadanía por encima de los discursos políticos de los cuales terminan siendo rehenes. Y como sociedad, no merecemos naturalizar la violencia ni resignarnos a que la calle sea territorio ajeno. Mucho menos cuando tenemos los medios, la experiencia y el conocimiento de nuestra Policía Nacional para hacerlo mejor.

A veces, lo que falta no son recursos ni ideas: falta voluntad política. Voluntad para asumir que la seguridad es un derecho básico y que protegerlo requiere decisiones firmes, coherentes y sostenidas en el tiempo. Uruguay puede vivir mejor. Lo que no puede es seguir esperando.

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