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miércoles, enero 7, 2026
Columnas De Opinión
Dr. Gabriel Cartagena Sanguinetti
Dr. Gabriel Cartagena Sanguinetti
Abogado y docente uruguayo especializado en derecho informático, nacido en Fray Bentos en 1978. Egresado de la Universidad de la República, es expresidente de la Asociación de Abogados de Salto, autor de publicaciones nacionales e internacionales sobre derecho informático, y miembro de la Federación Iberoamericana de Asociaciones de Derecho e Informática. También está involucrado en actividades sociales y voluntariado, habiendo sido miembro directivo de los Clubes de Leones de Salto, y es un activo defensor de derechos a través de su práctica legal.

Venezuela y la esperanza democrática

Venezuela atraviesa horas que pueden marcar un punto de inflexión en su historia reciente con la caída de Maduro.  Tras años de autoritarismo, deterioro institucional, persecución política y un profundo daño social, lo ocurrido este 3 de enero de 2026, ha reavivado una esperanza largamente postergada: la posibilidad de que el pueblo venezolano retome el camino de la libertad, del respeto al Derecho y de la plena vigencia de la democracia.

La democracia no es solo un sistema electoral; es, ante todo, el imperio de la ley, la vigencia de las libertades individuales y colectivas, y la certeza de que el poder tiene límites. Cuando esos límites se rompen y el Estado deja de estar al servicio de la ciudadanía, los pueblos terminan reaccionando. Venezuela ha vivido durante demasiado tiempo las consecuencias de un régimen que vació las instituciones y empujó a millones de personas al exilio.

Si se abre una etapa de transición, no será sencilla y los integrantes del régimen darán batalla y correrá sangre a cuenta de la Libertad. Ninguna reconstrucción democrática lo es luego de años de concentración de poder y debilitamiento institucional. Será un proceso complejo, que exigirá responsabilidad política, diálogo amplio, garantías jurídicas y un firme compromiso con la paz social. Pero también será una oportunidad histórica para restablecer el Estado de Derecho, sanar heridas profundas y devolverle al ciudadano el lugar central que nunca debió perder.

En este escenario, la comunidad internacional y los países de la región no pueden permanecer indiferentes. No se trata de intervenir, sino de acompañar y respaldar un proceso genuinamente democrático. Uruguay, con su tradición republicana y su apego a las libertades públicas, debe estar del lado correcto de la historia: el lado del pueblo venezolano y de su derecho a decidir su destino sin presiones ni autoritarismos.

Venezuela merece volver a ser una nación donde disentir no sea delito, donde emigrar no sea una obligación y donde el futuro no esté condicionado por el miedo. Millones de venezolanos, dentro y fuera de su país, esperan ese tiempo nuevo y agradecen cada gesto de apoyo que reafirme que la democracia sigue siendo el único camino legítimo.

Cuando los pueblos reclaman libertad, la historia se mueve. Ojalá este enero marque el inicio de una Venezuela libre, en paz y reconciliada consigo mismo y que reciba apoyo de América Latina.

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