Más de 800 muertos, pueblos costeros “barridos” por el mar y cerca de un millón y medio de viviendas destruidas o semidestruidas y necesariamente destinadas a demolerse ante el peligro que representan ha dejado en Chile uno de los más fuertes y dañinos terremotos que ha vivido y está viviendo aún la nación trasandina.
Sin embargo Chile. El Chile de Pablo Neruda, el Chile de Salvador Allende, el Chile de Víctor Jara, pese a toda esta tragedia, nos muestra una actitud que bien puede considerarse un ejemplo de entereza.
El pueblo chileno ha asumido su enorme dolor con mucha hidalguía. Ha llorado y llora sus muertos y todos el desastre que ha dejado la tragedia, pero sin olvidar que es parte del riesgo, sencillamente de estar en este planeta y sobre todo en regiones de alto riesgo sísmico, como le ha tocado en suerte al territorio chileno.
Chile sin lugar a dudas necesita la ayuda extranjera para enfrentar las consecuencias de este desastre natural, pero no por ello ha salido a implorar a nadie.
Lo primero que ha hecho es precisamente auto ayudarse, demostrarle al mundo que los chilenos son solidarios con ellos mismos y el país donde nació la denominada “telemaratón”, luego copiada prácticamente por toda América Latina, puso en práctica en esta ocasión un llamado a todos los chilenos, tratando de llegar a una meta de 30 millones de dólares destinados a ayudar a las víctimas.
La única condición para aportar, era que los donantes fueran chilenos. También ante la adversidad Chile nos dio otro ejemplo, alcanzó los 60 millones de dólares, esto es, duplicó la meta que se había impuesto.
Los latinoamericanos debemos tener conciencia de la necesidad de alinearnos tanto con los hermanos chilenos, como con los haitianos, pero en particular con el pueblo trasandino, tan cercano a nosotros.
No se trata de acercarnos por piedad, sino por un concepto de solidaridad, un concepto humanitario que nos lleve a entender que lo que hoy sufre Chile, podemos mañana sufrirlo nosotros en carne propia, por la sencilla razón de que estamos en el mismo planeta.
Las catástrofes naturales no respetan zona o región alguna, no sólo son terremotos, maremotos, tsunamis o huracanes. Son también, las sequías, las inundaciones y demás.
Es por eso que acercarse a Chile, para contribuir a superar las consecuencias de este desastre, es acercarnos a nosotros mismos, entender que nadie está salvo y sobre todo asumir que siempre será mejor tener algo para dar, ya sea en dinero, en salud o en cualquier otra cosa, que tener la necesidad de recurrir a otro para sus necesidades impostergables, como el techo y la alimentación, el agua.
Ni más ni menos.
Chile: un ejemplo de entereza
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