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domingo, enero 11, 2026

Varese Hermanos: el final de un ciclo y la historia de una joyería que marcó a Salto durante más de un siglo

Varese Hermanos cierra sus puertas tras 115 años de historia en Salto. Pablo Guglielmone repasa el legado familiar, el comercio tradicional y el final de un ciclo emblemático.

– Es raro llegar a Varese Hermanos y encontrarse con el cartel de “se alquila local”.

– Fue una decisión que se demoró en tomar y se precipitó en agosto. Se empezó a precipitar a partir del fallecimiento de mi hermana el año pasado, que era mi socia, y el contrato preveía que en el caso de fallecimiento de uno de los socios se disolvía la sociedad. Tuve la posibilidad de hablar con mis sobrinas, tengo una buena relación, para pedirles para hacer un papel como para revivir la sociedad. Pero no, después me puse a pensar, hablando con mi escribana, y me digo no. Y tomé la decisión porque me jubilé en la Caja de Profesionales. Pero en realidad, estaba cansado y esto no rendía lo que tenía que rendir. Era mucho esfuerzo. Siempre me dije que no sería yo el que cierre las puertas de la empresa, pensando también que alguno de mis hijos lo seguiría, o alguno de los hijos de mis hermanos. Pero no se dio. Este negocio requiere aprender mucho desde muy joven. Tiene mucho, dirían en Brasil, mucho “jeito”. Muchas cosas las aprendí con mi viejo antes de los 15 años, hasta que me fui a Facultad. Después volví y seguí aprendiendo.

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Lo mamé de muy chico. Mi viejo me dirigió para que la continuara, porque mi hermano era médico. Venía de vez en cuando. Y también me empujó para hacer la carrera de Ciencia Económica, cuando había elegido para hacer la carrera de Ingeniería. Y mis hijos no participaron mucho en el negocio. Por eso cuando lo agarré, cuando se jubiló papá, yo tenía 30 años. Pero bueno, me hizo un clic, cumplí un ciclo. Y los ciclos terminan. Y tomé la decisión, empecé a tomar todos los pasos para ir liquidando la empresa ante los organismos públicos, declaración jurada, que todavía estoy en eso.

– Corríjame si me equivoco. ¿Una empresa de 115 años?

– Fue fundada en 1911. En realidad, la fecha que figura es el 28 de diciembre de 1911. La carta, el libro, el copiador de cartas que tengo ahí arriba, figuran compras en octubre. Mi abuelo venía de antes. Será porque fue el contrato que hizo ahí, no sé por qué. Todo lo que te cuento fue transmitido a través de mi padre y de mi madre porque yo no conocí a mi abuelo. Pero él ya venía de antes, trabajaba en una joyería que estaba en este lugar. Por ahí tengo una tarjeta de fin de año, aparece la foto, la joyería La Marté. Y él trabajaba ahí. Creo que él la compró y siguió. Pero él venía de antes, antes de 1900. Ya estaba con el tema de la joyería. Y después, a partir de 1911, funda la joyería. La fecha oficial. Con su hermano, Juan. En el año 18 mi abuelo se recibió de óptico. Fue el primer óptico en el interior del país. Tengo el título ahí arriba, el Consejo Nacional de Salud le dio el título de óptico.

Hace poco me enteré de que vino un doctor, el doctor Ricardo Varese, que terminó siendo pariente mío. El padre de él era primo hermano de mi abuelo. Y mi abuelo tenía catorce hermanos. Yo pensé que tenía un hermano solo, que era Manuel Varese, que era escribano y vivía Montevideo. Tengo recuerdos muy chiquitos, de muy poco tiempo, de ir a la casa de él.

Así que él la fundó ahí. Era otra época, porque era tipo ramos generales en el sentido de que era joyería, relojería, bazar. Las cosas venían en barcaza. Mi abuelo tenía mucha relación con Buenos Aires, más que por el tema de usar los barcos de vapor que venían a acá. Se importaba bazar fino, se importaba la cristalería de Francia, de Checoeslovaquia, de Francia se traían las losas Rosenthal.

– Hablando en alguna oportunidad con el escribano Cesio, me contó que hubo una época que se traían muchas cosas de Europa.

– Sí, sí. Mi abuelo trajo de Alemania un piano, un Player, cuarta cola. Mi mamá era pianista. Se importaba todo. Por ejemplo, nosotros traíamos relojes Longines, mi abuelo importaba los relojes de bolsillo. Y una vez estaba en E-bay y miro un reloj. Era un Longines de doble tapa que tenía grabado arriba el relieve, era todo de plata, y no sé si adelante o atrás decía Varese Hermanos, Salto Oriental Uruguay. O sea que los relojes venían personalizados en esa época. Estamos hablando de la década del 20. Y se vendían Rolex, Patek Philippe, todas esas marcas que se importaban. Y se importaban bicicletas Peugeot, perfumes, Parker. Fue también una armería muy importante, que cuando tomé control de la empresa, en el 98, la clausuré con el Servicio de Armamento del Ejército. Hay libros viejos ahí arriba que no sé dónde los voy a guardar, donde está registrados tantos tiros.

Hay una foto que es del año 38, más o menos calculo yo, este es el edificio viejo. Se ve a Sorocabana y Varese Hermanos, mirá lo que era (muestra la foto que está en su teléfono). Este es todo el edificio, que después papá me iba contando que estuvo el Banco de Mauá. Mientras se hizo este edificio estuvimos donde estaba La Cosechera.

– ¿Cuántas familias pasaron como clientes?

– Medio Salto. No tenemos los clientes viejos, tenemos registrados los clientes en el sistema, que hay más de 20.000 desde que pusimos el sistema nuevo en la computadora. Pero, así y todo, manejábamos 5.000 artículos. Claro, una joya era diferente de otra, O un reloj, o lo que fuera.

– ¿Y tuvieron que soportar momentos de vacas gordas y de vacas flacas?

– Pasaron todas las épocas. Mi abuelo vivió la época dorada de Uruguay, mi hermana nació en el 54, y él falleció un tiempo antes, en el 52, tengo idea.

– ¿O sea que no vivió la ruptura tablita del 82?

– No, eso lo vivió mi viejo, la sufrió. Estaba terminando el edificio. En ese momento él vendió la casa en 18 de julio, que la compró Don Guillermino Acosta, el fundador de El Revoltijo. Mi viejo se puso a hacer este edificio, dejaban hacer hasta nueve pisos y categoría tres. Mi viejo asumió hacer la galería y todo eso. Mi viejo fue un tipo muy emprendedor, estuvo 45 años. Él se casó con mi madre con veinte y pico años, y ya era socio. Mi abuelo lo hizo socio. Era muy rostrudo mi padre.

– Ahora se dice emprendedor.

– Ah, sí, emprendedor. Yo no era ni el 1% de lo que era él.

– Usted se formó en la academia, pero imagino que su abuelo y su padre eran más instintivos.

– Obviamente, comerciantes natos. Por ejemplo, acá no se iba nadie si mi viejo no le vendía algo. Yo al principio era formado en la Facultad y no era comerciante. Sobre esto, me gustaba. Y la anécdota que tengo es que había dos empleados que habían quedado de los veteranos, uno era Heber Vázquez, que entró cuando yo tenía cuatro años, un tipo excepcional. Y Zulma Balbi. También estaban el joyero Pertussati y el relojero Matisson. Estaban esos cuatro, que venían de la época del viejo. Pertussati se jubiló, Matisson también. Y quedé con ellos. La joyería funcionaba sola, era un reloj. Yo no tenía que hacer nada. Inclusive, dudaron cuando yo entré a ver qué va a hacer este guacho acá. Y cuando yo les fui diciendo el proyecto que tenía, me acompañaron completamente. Pero no tenía experiencia. Entonces un día bajé y me agarran los dos, Heber y Zulma, y me dicen, Pablo vos no puedes entrar así. Yo era muy ansioso. Y me dicen, vos tenés que entrar y saludar. Decir buen día, qué tal. Yo era formado en una Facultad de Ciencia Económica que no era muy dada a las relaciones públicas, viste. Después lo adquirí a lo último. Pero mi padre no, mi padre era increíble, llegué a presenciar ventas de mi padre que eran excepcionales.

– La última palabra es suya.

– Tengo 62 años, una de las cosas por las que me jubilo, porque ya tengo dos bypass, tres infartos, un paro cardíaco en 2007, y tengo una hija chica de 5 años, y me quiero dedicar a ella. Pero en los últimos años me di cuenta de la importancia de la atención al cliente, como la que hacía mi viejo, que acá nadie se iba sin una solución. Por ejemplo, un reloj. Iba dos veces a garantía. A la tercera vez de garantía, yo llamaba al de importe, digo, mirá, mandame un reloj nuevo, no puede ser que un reloj vaya tres veces a garantía, por ejemplo. Era un poco el caso. O un anillo, que se perdía una piedrita, y en la primera época, no importa, no se preocupe, se lo arreglamos. Acá lo que importaba es que el cliente se fuera satisfecho, tranquilo. Porque una empresa sin clientes no es nadie.

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PERFIL DE PABLO GUGLIELMONE

Es del signo de Acuario.

De chiquito quería ser militar.

Es hincha de Nacional, “pero no soy fanático”.

¿Alguna asignatura pendiente? Haber sido economista, seguido la empresa o que alguien la siguiera.

¿Una comida? No tengo una comida preferida, me gusta de todo. Quizás una buena picaña jugosa en la parrilla con una ensalada.

¿Un libro? Las venas abiertas de América Latina y El Holocausto, que lo leí de muy chico.

¿Una película o serie? Breaking Bad.

¿Un hobby? No tengo.

¿Qué música escucha? Toda. Soy muy de la música del año 70. Serrat, Cortés, Sui Generis, Spinetta, Queen.

¿El mejor día de la semana? El sábado.

¿El peor día de la semana? El domingo.

¿Qué es lo que más le gusta de la gente? La honestidad.

¿Y lo que menos le gusta de la gente? La hipocresía.

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