A penas dos semanas atrás se produjo en ruta 3, próximo a la entrada hacia las Termas del Arapey, uno de los más terribles accidentes de tránsito de los últimos tiempos.
Una familia montevideana que llegaba al centro termal en compañía de otras dos, en vehículos separados, de improviso sufrió un vuelco por causas que nunca trascendieron.
Como consecuencia falleció un adolescente y su madre, mientras que el conductor del vehículo, padre del adolescente y esposo de la también fallecida quedó gravemente herido.
Unicamente resultó ilesa una niña de tres años, la cuarta integrante de la familia accidentada.
Lo que nos preocupa es que hoy apenas dos semanas después, ya prácticamente nadie se acuerda del hecho.
Cierto es que ya en los días del hecho y hasta el momento se han sucedido los acontecimientos referidos al Mundial de Fútbol de Sudáfrica, un evento que además tuvo la más destacada participación de Uruguay en los últimos 40 años y por lo tanto capitalizó la atención pública.
Pero de todas formas, creemos que lo que acontece en las rutas del departamento, tanto en ruta 3, como en el tramo de la ex ruta entre la ciudad y la rotonda de Salto Grande, hoy denominado Avda. Luis Batlle Berres, merece una especial preocupación.
Una es una ruta nacional, bajo responsabilidad del Ministerio de Transporte y Obras Públicas y los controles correspondientes de la Policía Caminera.
La restante es una ruta departamental, cuya jurisdicción, mantenimiento y demás es responsabilidad de la Intendencia Departamental de Salto.
No desconocemos la responsabilidad personal de cada conductor en los accidentes, pero creemos que es un tema que nos involucra a todos. Desde las condiciones en que se halla cada ruta, esto es estado del pavimento, señalización y demás, pasando por los controles de velocidad, estado de los vehículos y especialmente condiciones en que se hallan los conductores cuando transitan, tienen responsables específicos.
Los factores desencadenantes de los accidentes pueden ser múltiples y variados, pero siempre están presentes. En realidad, aunque sea difícil afirmarlo al momento que se producen, el factor humano está presente en la mayoría de ellos.
Ya sea el consumo de alcohol, el cansancio propio de manejar muchas horas sin descanso, el mal estado de la ruta, de los neumáticos u otro elemento vital de los vehículos, como también el frecuente exceso de velocidad, llevan a que las comprobaciones ulteriores nos permitan afirmar que la enorme mayoría son “siniestros” (accidentes provocados por determinados factores que pudieron preverse).
Todo esto es sabido – aunque no siempre muy difundido – y por lo tanto debería obligarnos a extremar las medidas correspondientes para evitar estas tragedias.





