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sábado, febrero 21, 2026

Una tragedia silenciosa

Uruguay se consolida en el podio mundial de suicidios

Uruguay integra el Top 10 mundial en tasa de suicidios, según la Organización Mundial de la Salud. Factores sociales, género y envejecimiento agravan la crisis. Esto debería obligarnos a abrir los ojos y teneder la mano, es es un podio del que deberíamos bajarnos.

La realidad golpea fuerte a la sociedad uruguaya con datos que estremecen el alma. Según los últimos reportes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), nuestro país no solo lidera las estadísticas negativas en la región, sino que se ha metido de lleno en el Top 10 de naciones con mayor tasa de suicidios a nivel global. Mientras el mapa de América Latina muestra tonos claros en la mayoría de sus extensiones, nuestro pequeño territorio se tiñe de un rojo intenso que denuncia una crisis sanitaria y social sin precedentes.

Cifras que superan a la violencia y el tránsito

En sus redes sociales, el doctor Andrés Scavarelli, especialista en Gestión de Conflictos y abogado, comparó estas muertes con otras problemáticas públicas y señaló que la tasa de suicidios en 2025 alcanzó los 25,8 casos por cada 100.000 habitantes. Esta cifra es alarmante por una razón matemática sencilla pero dolorosa: supera la suma de las muertes por homicidios y por accidentes de tránsito juntas.

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Mientras los homicidios han mostrado una baja progresiva hasta situarse en 10,3 y los siniestros viales en 12,1 cada 100.000 habitantes, la autoeliminación sigue una trayectoria ascendente. El profesional destaca que somos la segunda nación con más suicidios de toda América, quedando únicamente por detrás de Guyana. Esta situación coloca al Uruguay en un escenario de vulnerabilidad extrema, donde el cuidado de la vida parece estar fallando en su núcleo más íntimo.

El «oasis» que no puede con la soledad

Resulta contradictorio que un país catalogado como el más estable e igualitario de Sudamérica cargue con este peso. Informes internacionales, como los publicados por Infobae, ya advertían que Uruguay es más del doble de propenso al suicidio que el promedio de América Latina. A pesar de tener niveles de desempleo controlados y una democracia sólida, la tasa de suicidios ha crecido casi un 50% desde el año 2010.

Los expertos coinciden en que no es un problema económico lineal, sino una combinación de factores demográficos y culturales. Uruguay tiene una de las poblaciones más envejecidas del continente. El aislamiento de nuestros mayores es una herida abierta. Muchas personas mayores sufren soledad, explican los especialistas, señalando que los jóvenes hoy dedican mucho menos tiempo al cuidado de sus ancianos en comparación con otras décadas o países vecinos.

El peso del silencio en el hombre uruguayo

El perfil de quien decide quitarse la vida en nuestro suelo está claramente marcado por el género y la edad. Los hombres representan casi el 80% de los casos, especialmente aquellos mayores de 60 años. Existe una presión cultural muy fuerte sobre el varón uruguayo, de quien todavía se espera que sea estoico y reservado con sus sentimientos.

Estos tabúes hacen que hablar de salud mental sea todavía una materia pendiente en los boliches, en las familias y en los lugares de trabajo. El hombre oriental suele guardarse sus penas, y esa falta de comunicación emocional termina siendo fatal. La tasa de suicidio masculina en Uruguay llega a triplicar la media de la región, lo que demuestra que el «no hablar» está matando a nuestros abuelos y padres.

El interior profundo: donde las provincias mueren

Si bien Montevideo preocupa, el interior del país vive una situación crítica. La diferencia entre la capital y los departamentos rurales es abismal. Mientras que en Montevideo la tasa ronda los 18 casos por cada 100.000 personas, en lugares como Treinta y Tres, Lavalleja o Soriano, las cifras han llegado a duplicar ese número.

Estos departamentos sufren una despoblación rural constante. Son comunidades que se van achicando, donde los servicios quedan lejos y la soledad se siente en cada esquina. El Gobierno ha intentado paliar la situación facilitando antidepresivos gratuitos, pero la realidad indica que las pastillas no alcanzan cuando el entorno social se desmorona. El acceso desigual a cuidados paliativos y la falta de especialistas en el interior profundo agravan el cuadro.

Un desafío que nos involucra a todos

Uruguay se ubica hoy junto a países como Lesoto, Corea del Sur y Sudáfrica en este triste ranking mundial. Estar en el octavo puesto global no es una estadística más; es un llamado urgente a revisar cómo nos vinculamos. La autoeliminación sigue siendo el principal motivo de muerte violenta en el país, superando cualquier conflicto criminal.

La solución no parece estar solo en los consultorios médicos, sino en la reconstrucción del tejido social. Necesitamos volver a mirar al vecino, a integrar a nuestros viejos y a romper con la idea de que pedir ayuda es un signo de debilidad. La «garra charrúa» no debería ser sinónimo de aguantar el dolor en silencio hasta que ya no quede más aliento.

El fin del papel: Vigilancia en tiempo real

Ante este escenario, la OPS destacó recientemente que Uruguay está transformando su estrategia mediante la digitalización. Desde 2022, el país pasó de los registros en papel a un sistema nacional de vigilancia digital. Ahora, los 97 servicios de urgencias del país tienen la obligación de reportar cualquier intento de autoeliminación en menos de 24 horas.

Este sistema permite que un especialista en salud mental intervenga de forma casi inmediata. Según el protocolo actual, cualquier persona que llegue a una emergencia por este motivo debe ser atendida por un psicólogo o psiquiatra en un plazo de entre 48 horas y 7 días. La OMS asegura que este modelo uruguayo es una lección para el mundo, ya que permite pasar de medidas reactivas a una prevención proactiva basada en datos frescos.

Dónde pedir ayuda

Frente a una crisis, el primer paso es romper el aislamiento. En Uruguay existen dispositivos gratuitos que funcionan los 365 días del año, las 24 horas, y están disponibles tanto para quienes sufren como para familiares que no saben cómo ayudar.

Línea Vida (Prevención del Suicidio): Es el recurso principal gestionado por ASSE pero abierto a toda la población. Podés llamar al 0800 0767 o marcar *0767 desde cualquier celular. Es atendida por profesionales capacitados en contención de crisis.

Línea de Apoyo Emocional: Para aquellos que simplemente necesitan ser escuchados o están atravesando un momento de angustia que no necesariamente es una crisis suicida, el número es 0800 1920.

Línea Azul (Niñez y Adolescencia): Gestionada por INAU para situaciones que involucren a menores de edad: 0800 5050.

Apoyo en Violencia de Género: Si la angustia nace de una situación de violencia, el número gratuito es 0800 4141 o *4141 desde el celular. Es anónimo y confidencial.

Dispositivo Ciudadela: Para consultas relacionadas al consumo problemático de drogas, que muchas veces está ligado a la salud mental, se puede llamar al 1020.

La importancia de la intervención temprana

Es vital entender que estos servicios no son solo para casos extremos. Llamar a tiempo puede prevenir que una tristeza profunda se convierta en una decisión irreversible. Como comunidad, nuestro rol es validar el sentimiento del otro sin juzgar, recordando que la primera ayuda muchas veces es simplemente estar presente y ofrecer estos números de contacto. Ante una emergencia con riesgo de vida inminente, siempre se debe recurrir al 911.

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