
Uruguay volvió a consolidar su perfil energético renovable durante 2025. De acuerdo con un reporte preliminar elaborado por la Dirección Nacional de Energía (DNE) del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), el país alcanzó una matriz de generación eléctrica 98% de origen renovable, con la hidroelectricidad como principal fuente, aportando el 46% del total.
Según el informe, la producción de electricidad entregada al Sistema Interconectado Nacional (SIN) fue de 13.040 GWh en 2025, lo que representó un 10% menos que en 2024. Aun así, el predominio de fuentes limpias se mantuvo firme. Tras la hidráulica, la generación eólica ocupó el segundo lugar con un 34%, seguida por la biomasa (14%) y la solar (4%).
La generación basada en fuentes fósiles fue marginal, alcanzando apenas el 2% del total anual, un dato que refuerza la baja huella ambiental del sistema eléctrico uruguayo. En esa línea, el factor de emisión de CO₂ del SIN se ubicó en 11,2 toneladas de CO₂ por GWh, aunque con variaciones mensuales. Los valores más altos se registraron en enero y febrero, coincidiendo con un mayor uso de combustibles fósiles para atender la demanda estival.


El reporte de la DNE también señala que el 8% de la electricidad generada durante 2025 fue exportada, en su mayoría de origen hidráulico, reafirmando el rol regional de Uruguay como proveedor de energía limpia.
En cuanto al comportamiento mensual, la generación eléctrica promedió 1.080 GWh, con abril como el mes de menor producción y agosto como el de mayor generación del año.
Desde el MIEM se aclaró que estos datos tienen carácter preliminar y que próximamente se publicarán las cifras definitivas. Tal como se indica en el informe oficial, para ampliar la información se puede consultar las estadísticas mensuales de oferta de energía eléctrica disponibles en los canales institucionales del ministerio.
La lectura de estos números vuelve a poner sobre la mesa una pregunta recurrente en el debate público: ¿por qué, con una matriz tan limpia y eficiente, los beneficios no se reflejan de forma más clara en las tarifas finales? Un interrogante que, una vez más, trasciende lo técnico y se instala en el plano político y social.






