Universitario sabe donde está, la influencia ofrece garantía

Jonathan: el capataz rojo

Con la de Cerro Largo.
Con la de Liverpool

Jonathan Jorge. El que llegó desde Bella Unión. El jugador. El volante.El principio de la regularidad que no le falta. Cabría preguntarse, ¿cuándo se doblega y cuándo no aporta la resonancia de nivel de producción? Pero con Jonathan Jorge no solo es este presente. Surge el ayer. Cuando nació su trayectoria en el fútbol. «Inicie mi carrera en Liverpool de Montevideo, haciéndolo en juveniles e integrando selecciones uruguayas sub  15 y sub 20. Con 16 años debuté en la Primera de Liverpool en el profesionalismo. Después me fui a Peñarol, hasta que llegaría el tiempo de pasar a Cerro Largo». Ese momento para el actual volante de Universitario no deja de ser tan puntual como recomendable en la memoria, desde el momento que «jugué la copa  Libertadores con Cerro Largo. Cuando terminó el ciclo en Cerro Largo, me sumo a Central Español a jugar por el ascenso a la «A»

Con la de Peñarol.

No siempre se tiene en claro el valor de una trayectoria, como la de este Jonathan Jorge de la vigencia. No por nada es de las piezas vitales de Universitario otra vez, el de la encendida pretensión. Y sobre todo en  tiempo de palpitaciones, cuando los ajustes se van consolidando y desde el medio campo, es de los que no deja de trascender. Y trascendiendo. Este mismo Jonhatan que se sumó a San Eugenio en la Divisional «B», para ascender a la «A», cuando al club lo tuteló Lisandro Rossi. Un apunte para tener en cuenta: cuando alistó en Liverpool, fue Campeón Uruguayo en Tercera y Cuarta División, más la sub 16. Era hora de pasarle revista al trayecto de Jonathan Jorge. El de Bella Unión. El que lució en el fútbol rentado. El que revistaba en el Cerro Largo copero. Y este de la «U». El capataz del mediocampo rojo. Y lo es.

Con la de Central Español.

El resurgir desde las boleterías: Con la venta de más de mil entradas, la «B» hace negocio

La quinta fecha de la primera rueda no fue una jornada más para la Divisional B. El número final es contundente: 1.097 entradas vendidas, una cifra que oxigena las arcas de la divisional y confirma que el hincha está acompañando el quehacer de los 12 equipos. Uno más y otros menos. Pero la respuesta es válida. 

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EN CADA CASO
La distribución de la concurrencia dejó en claro dónde estaba el foco de atención de la jornada:
Escenario | Entradas Vendidas | Recaudación | Impacto |
Cancha de Saladero | 524 | $ 104.200 | El «epicentro» de la fecha. |
Parque Carlos Ambrosoni | 311 | $ 58.500 | Concurrencia sólida y tradicional. |
Cancha de Tigre | 272 | $ 52.400 | Público fiel a pesar de la rotación. |
TOTALES | 1.097 | $ 215.100 | Promedio de $ 196 por entrada. |

EL IMÁN DE LA FECHA
No es casualidad que casi el 48% de la recaudación total se haya generado en la cancha de Saladero. El choque entre el local y Progreso era, en los papeles, un partido con sabor a primera división.Ambos clubes poseen una de las parcialidades más seguidoras del medio.
El duelo no solo prometía puntos, sino medir fuerzas entre dos candidatos directos al ascenso. Cuando el espectáculo es atractivo, la gente responde en la boletería. Dicho y hecho.
LO SALUDABLE DE LA CIFRA
Superar las mil entradas en la divisional de ascenso es un hito relevante por dos razones:
1. Sustentabilidad: Con una recaudación total de $ 215.100, se cubren con mayor soltura los costos de planillaje, seguridad y jueces, permitiendo que a los clubes les quede un remanente más digno.
2. Presión Positiva: Un estadio con gente jerarquiza el torneo. El jugador se siente más motivado y el entorno se vuelve más profesional.


Análisis de proyección

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