Buslón cuestiona el relato tradicional del desembarco de 1825 y plantea que fue un proceso más complejo, con mitos, intereses regionales y sin un proyecto claro de independencia.

En el marco de un nuevo aniversario del Desembarco de los Treinta y Tres Orientales, el profesor e investigador histórico José Buslón propone revisar algunos de los relatos más difundidos sobre aquel episodio considerado fundacional en la historia del país. Desde una perspectiva crítica y apoyado en investigaciones historiográficas, el docente plantea que muchos aspectos del acontecimiento han sido simplificados o incluso mitificados con el paso del tiempo.
El contexto regional previo al desembarco
Para comprender el desembarco del 19 de abril de 1825, Buslón señala que es necesario retroceder algunos años y analizar el complejo contexto regional que atravesaba el Río de la Plata. Tras la invasión napoleónica a España y la crisis de la monarquía de Fernando VII, se abrió un escenario de disputas políticas y territoriales en América. En ese marco surgieron juntas de gobierno que, aunque en un principio declaraban fidelidad a la corona, comenzaron a gestar proyectos independentistas.
En el Río de la Plata, la Revolución de Mayo dio origen a la Primera Junta de Buenos Aires, desde donde se buscó consolidar un nuevo orden político. Allí fue convocado el caudillo oriental José Gervasio Artigas, reconocido por su conocimiento del territorio y su influencia en la campaña. Sin embargo, las diferencias ideológicas pronto se hicieron evidentes. Mientras Buenos Aires promovía un modelo centralista, Artigas defendía un sistema federal que otorgara autonomía a las provincias.
Ocupación extranjera y tensiones políticas
Ese enfrentamiento político terminó favoreciendo la ocupación portuguesa del territorio oriental. Primero bajo dominio lusitano y luego brasileño, la región pasó a integrarse al Imperio del Brasil, situación que generó resistencias entre distintos sectores políticos y económicos.
Objetivos reales del movimiento de 1825
Según Buslón, el movimiento liderado por Juan Antonio Lavalleja no surgió inicialmente con el objetivo de crear un nuevo país, sino más bien con la intención de reincorporar la Provincia Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata. “Existía una nostalgia por aquella unión previa, más que un proyecto claro de fundar un Estado independiente”, explica.
Apoyos y actores involucrados
El historiador también subraya la participación de distintos actores en la planificación de la expedición. Desde Buenos Aires se brindó apoyo logístico y financiero, mientras que intereses económicos (entre ellos capitales vinculados a la ganadería y a los saladeros) veían con preocupación el control brasileño del territorio.
El mito de los “33 Orientales”
Uno de los aspectos más discutidos por Buslón es el propio nombre del episodio. La idea de que fueron exactamente 33 los protagonistas del desembarco responde, según explica, a un simbolismo asociado a la masonería, donde ese número representa el grado máximo dentro de su estructura. En la práctica, sostiene, el movimiento fue mucho más amplio y contó con la participación de hombres provenientes de distintos lugares del Río de la Plata e incluso del Brasil.
“Se habla de 33 orientales, pero en realidad hubo argentinos, paraguayos, bolivianos e incluso brasileños que terminaron integrándose a la lucha”, señala. Entre ellos, destaca el papel del llamado Batallón Pernambucano, cuyos integrantes se sumaron al levantamiento tras ser persuadidos por Josefa Oribe y su entorno político.
Construcción del relato histórico
Buslón sostiene que la historiografía tradicional simplificó el proceso y consolidó una narrativa heroica que, con el tiempo, se transformó en parte del imaginario nacional. Un ejemplo es la famosa proclama atribuida a los revolucionarios, donde originalmente se hablaba de “argentinos orientales”, expresión que posteriormente habría sido modificada para reforzar la idea de identidades separadas.
Debate sobre la independencia
En esa misma línea, el docente cuestiona también algunas interpretaciones vinculadas al proceso independentista. A su entender, la llamada Declaratoria de la Independencia de 1825 debería entenderse más bien como una declaratoria de reincorporación a las Provincias Unidas. “En ese momento el Uruguay como país todavía no existía. Recién se configurará más tarde”, afirma.
El verdadero origen del Estado uruguayo
Para Buslón, el verdadero punto de partida del Estado uruguayo debe situarse en la Convención Preliminar de Paz de 1828, acuerdo impulsado por la diplomacia británica que puso fin al conflicto entre Argentina y Brasil. Allí se estableció la creación de un nuevo Estado independiente como forma de equilibrar intereses regionales y facilitar la navegación comercial en el Río de la Plata.
El peso de las representaciones artísticas
El profesor destaca además el rol simbólico que tuvieron posteriormente ciertas representaciones artísticas en la construcción del relato nacional. Las pinturas del artista Juan Manuel Blanes, como la célebre escena del juramento de los Treinta y Tres, contribuyeron a consolidar una imagen heroica del episodio, cargada de elementos simbólicos y patrióticos.
Una historia en constante revisión
A pesar de sus cuestionamientos, Buslón no niega la importancia histórica del acontecimiento. Más bien propone revisarlo desde una mirada más crítica y contextualizada. “La historia muchas veces es un relato parcial que selecciona qué recordar y qué olvidar. Por eso es importante revisarla constantemente”, sostiene.
En ese sentido, concluye que la identidad nacional uruguaya no se construyó únicamente a partir de los episodios fundacionales del siglo XIX, sino también a través de procesos sociales posteriores, vinculados a la ampliación de derechos y a las luchas por la igualdad.
“Lo importante es comprender que la identidad de un país se construye con el tiempo. No es algo fijo ni inmutable, sino una historia que seguimos escribiendo”, concluye.




