Salto aprobó su Presupuesto 2026–2030 con foco en obras e infraestructura. Inicia la etapa de ejecución con gestión responsable y prioridades definidas.

Edil Dr. Enzo Molina
Presidente de la Junta Departamental de Salto
Periodo 2025-2026
Bancada CORE
Partido Nacional
El pasado viernes 24 de abril, la Junta Departamental de Salto aprobó definitivamente el Presupuesto Quinquenal de la Intendencia para el período 2026–2030. Se trata de una decisión de enorme relevancia institucional y, sobre todo, de una señal clara hacia el futuro del departamento.
Con esta aprobación se cierra una etapa de estudio, análisis y discusión, y se abre otra: la de la ejecución, la gestión y el cumplimiento. Los presupuestos no se agotan en su votación: adquieren verdadero sentido cuando se traducen en obras, en servicios y en mejoras concretas para la vida cotidiana de la gente.
La mayoría del cuerpo acompañó este presupuesto. No es un dato menor. Refleja una voluntad política alineada con el mandato ciudadano expresado en mayo pasado, donde la Coalición Republicana recibió el respaldo para gobernar y transformar Salto. Ese mandato hoy se expresa con claridad en una herramienta concreta, con prioridades definidas y con un rumbo claro.
En la votación hubo matices dentro de la oposición. Algunos ediles del Frente Amplio decidieron no acompañar, mientras que otros sí lo hicieron. Esa diferencia también habla de la magnitud del presupuesto aprobado y de la relevancia de las decisiones que estaban en juego.
Este presupuesto no es uno más. Tiene un fuerte énfasis en la obra pública, en la recuperación de la infraestructura, en la mejora de avenidas y calles, en la puesta en valor de los espacios públicos y en el fortalecimiento de escenarios deportivos que forman parte de la identidad de los salteños. Cada una de estas líneas responde a demandas reales y a problemas que durante años han sido señalados por vecinos de distintos barrios.
También incorpora reglas fiscales y criterios de responsabilidad en la gestión. No se trata solo de invertir, sino de hacerlo con orden, previsión y sostenibilidad. Administrar bien es tan importante como ejecutar, y ese equilibrio es el que permite cumplir sin hipotecar el futuro.
Salto tiene hoy una oportunidad concreta. Una oportunidad de avanzar, de recuperar tiempo perdido y de encarar un proceso de transformación sostenido. No desde la improvisación, sino desde la planificación y la decisión política.
La aprobación definitiva de este presupuesto marca el inicio de ese camino. A partir de ahora, cada obra, cada mejora y cada intervención será la forma en que este compromiso se vuelva visible.
El desafío es claro: gestionar con seriedad, ejecutar con eficacia y cumplir. Transformar lo aprobado en resultados tangibles.
Porque el futuro no se anuncia, se construye, y este presupuesto es la herramienta para hacerlo realidad.
Es planificación convertida en acción, es compromiso transformado en obras y es la respuesta concreta a lo que durante años reclamaron los salteños.
Aquí no hay promesas: hay un camino definido, recursos asignados y una decisión política clara de avanzar. Salto tiene hoy un rumbo. Y ese rumbo empieza a hacerse realidad.







