Qué gran responsabilidad es la cultura, porque en ella hay más que arte, hay también religión, ciencia, memoria, tradición e historia. La CULTURA de un pueblo es un vínculo con sus ancestros y para la convivencia democrática tenemos que entender que la laicidad es aceptar todas las formas de rendirle culto a lo sagrado.
Comencemos por el principio, por el malentendido mediático reciente que generó la confusión sobre el desfile de San Benito y San Baltasar en Salto.
Fue el lunes 5/1 cuando me levanto y, como siempre, me pongo a leer el diario El Pueblo. Veo esa publicación: “el 6 de enero, día de San Benito y San Baltasar, habrá desfile en la ciudad de Salto”. Me quedé sorprendido; siendo dueño de comparsa no sabía de nada y dije: “pah, estoy perdido”. En seguida empezamos a hablar en el grupo de WhatsApp de directores y todos estábamos igual. Te escribí a vos, porque en ese momento quedamos todos shockeados; pensamos que capaz habían organizado algo y no nos habían avisado. Fue un caos.
Al otro día el diario pidió disculpas; aclararon que el desfile era en Montevideo. Yo siempre digo que los medios son fundamentales porque todos hacemos un trabajo social a través de la cultura. Hubo un problema, pero se dieron cuenta, pidieron disculpas y explicaron correctamente lo que es el 6 de enero.
Hay una cuestión territorial importante en este tema, ¿no?
Exactamente. En Salto siempre hubo candombe, pero la explosión máxima para mí fue el 2006, cuando arranca la Llamada al Puerto, que este año celebra sus 20 años. Mi mundo en el candombe empezó entre 2013 y 2014 y siempre me gustó estudiar a fondo donde me meto. Sabemos que la cuna es Barrio Sur y Palermo, con los toques madre: Cuareim, Ansina y Cordón. Los desfiles de llamadas para ellos eran los feriados: el 25 de diciembre, el 1 de enero y el 6 de enero por San Benito y San Baltasar.
Esto nace como resistencia de nuestros pueblos afro que vivían mucha represión. Nace en las Salas de Naciones. Allí se celebraba un ritual espiritual: antes de empezar, el escobero bailaba solo dentro de la sala limpiando las energías para que después empezaran a tocar y bailar homenajeando al Rey y la Reina Conga. Nosotros acá tenemos la herencia cultural más hermosa; el candombe nace en Uruguay como resistencia.
Explicame ese rol del escobero y los «pases», porque tienen un sentido que va más allá del baile.
El trabajo del escobero es limpiar la energía. Él baila y se pasa la escoba por el cuerpo continuamente. Su misión es limpiar el espacio donde la comparsa va a estar; antiguamente arrancaba desde el estandarte hasta el último tocador, barriendo las malas energías para que la comparsa pasara.
En las Salas de Naciones ocurría eso y cuando el candombe sale a la calle, el Rey y la Reina Conga pasan a ser la Mama Vieja y el Gramillero, los personajes más sabios. Cada Sala de Nación estaba representada por su origen: Benguela, Bantú, Angola… de ahí vienen las diferencias en los toques. El de Barrio Sur es cadencioso y lento; el de Ansina es agresivo, «de guerra». Como la película Besouro, la danza es resistencia y la religión siempre estuvo dentro de nuestra cultura.
Hablemos de esa conexión con lo religioso y la laicidad.
Se cree que la laicidad es negar la religión y no es así; es aceptar todas. Los orixás no nacen acá, llegan con nuestros pueblos originarios. Son los elementos: el aire, la tierra, el fuego, el agua. El agua salada es Iemanjá; el agua dulce es Oxum. Tenemos a Xangó, el dueño de la cantera —ese lugar de piedra donde se asienta la justicia y el peso de nuestra ley— y a Ogum, dueño de los caminos.
Yo no puedo creer que haya gente que toque candombe y no sienta esta historia. A mí me ha pasado entrar en trance tocando. El 6 de enero pasado fui a Montevideo con Ansina Tradición y fue un toque mágico, recargué energía. Tocar el tambor es honrar a quienes lucharon para que hoy salgamos a la calle. Yo soy africanista, practico Umbanda y Kimbanda. Soy hijo de Xangó.
El orixá te acompaña desde que nacés, solo lo despertás al entrar en religión. Soy hijo de un rey y tengo orgullo de eso. Ogum creó el tambor de hierro y Oxóssi le dio el cuero, pero Xangó fue quien los hizo danzar a todos. Las religiones son diversas, pero la fe es una sola.
Esa fe también se ve en la medicina ancestral, ¿verdad?
Todo nace de una planta, entiendo que la medicina natural está ahí. Si estás mal de la panza, un té de malva. De ahí viene la medicina de los abuelos. Mi abuela me «vencía» cuando me dolían los riñones o se me caía la paletilla, que es el susto.
Yo tengo 40 años y hasta el año pasado iba a ver a una vecina para que me venciera. Es una necesidad de extrañar a mi abuela; ella me vencía y yo sentía el alivio. Son tres días de tratamiento y te sentís re bien. Eso genera un vínculo emocional y es la fe de cada uno.
¿Cómo es la convivencia espiritual en Salto hoy?
En 2011 hubo una explosión. Antes encontrabas un templo cada tanto, hoy hay uno cada tres cuadras. En Umbanda, la línea de los Caboclos y los Pretos Velhos, la luz está prendida. En Kimbanda se usa la luz de las velas o roja. No es “lo bueno y lo malo”; la maldad la hace la persona por cualquier lado y en cualquier religión.
En mi casa, desde que me bauticé con mis primeros padres, Luis Cardozo y Juana Rodríguez y hasta el día de hoy con las manos de Mae Inés Romero, decidí que nunca voy a trabajar para el mal. Existe el karma. Si te tiro algo malo a vos, me va a volver a mí, tarde o temprano. Acá venís a buscar paz. Mi compañera, Bárbara, piensa igual. En Kimbanda soy hijo de Zé Pilintra y Rosa Caveira. No soy partidario de transmitir sesiones en vivo; mi espiritualidad es a la vieja escuela, pie en el suelo, porque la energía viene del tambor y de la tierra.
¿Qué lugar ocupa el carnaval en tu vida?
El carnaval es para que el pueblo disfrute y se olvide de los problemas. La comparsa es un cachito de libertad. Para mí el tambor es la mejor medicina. Cuando saqué Xangó Candombe, me criticaron por el nombre, pero para mí es un homenaje al Rey del Tambor. Quiero que el nombre se conozca por su historia. Estoy orgulloso de ser africanista en Salto; acá nos respetamos entre todos, seas ateo, católico, umbandista, musulmán o protestante.
Pero para ser respetados, hay que respetar. Por eso, para terminar una pequeña autocrítica: no comparto las ofrendas en la vía pública. Me hago responsable de esto que digo: no quiero que niños o ancianos se crucen con una ofrenda como una gallina, por ejemplo, tirada en la vía pública.
En mi casa, animal que se ofrenda, se come. Alimentás la identidad con el axé (sangre) pero vos también sos materia y tenés que alimentarte. Si hacemos una ofrenda afuera, es en el campo, sin dejar residuos. Se busca vivir en paz con la comunidad. Creo que esos hábitos de religión que tienen un alto poder simbólico deben ser tratados con mucha responsabilidad para no herir la sensibilidad de ninguna fe.





