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viernes, febrero 20, 2026

Un debe de mucho tiempo: un hogar para mujeres que sea respuesta real y urgente

Hay temas que no admiten más diagnósticos ni más promesas. Hay urgencias que no pueden seguir esperando a que un expediente avance o a que una partida presupuestal encuentre su lugar en la planilla. La creación de un hogar de breve estadía para mujeres en situación de violencia en Salto es, desde hace años, uno de esos pendientes que pesan.

La Coordinación de Género de la Intendencia, hoy integrada al área de Desarrollo Social, ha dado pasos concretos. Existen líneas de trabajo definidas, protocolos elaborados, planificación técnica y un objetivo claro: que las mujeres en riesgo cuenten con un espacio de protección y contención.

El proyecto está armado. Lo que falta es la decisión política traducida en presupuesto.

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En Uruguay, la violencia basada en género no es un fenómeno aislado ni esporádico. Las cifras que año tras año publica el Ministerio del Interior muestran la persistencia de denuncias por violencia doméstica y delitos asociados. Detrás de cada número hay una historia, un miedo, una noche sin dormir, una mujer que evalúa si quedarse o huir sin saber adónde. Y cuando la única alternativa es volver al mismo lugar donde la violencia se repite, el Estado llega tarde.

La creación de un refugio no es solo una política social más. Es una herramienta concreta de salvaguarda. Es la diferencia entre romper el círculo o perpetuarlo. No alcanza con la denuncia. No alcanza con la medida cautelar si no existe un espacio físico que garantice seguridad inmediata. La respuesta debe ser rápida, efectiva y articulada.

En ese sentido, la experiencia y el respaldo técnico del Instituto Nacional de las Mujeres han sido claves en distintos puntos del país para el funcionamiento de casas de breve estadía. Salto no puede quedar rezagado.

Pero el desafío no termina en abrir una puerta. Un hogar para mujeres en situación de violencia debe cumplir objetivos claros: protección inmediata, acompañamiento psicológico, asesoramiento legal, articulación con el sistema judicial y con los servicios de salud, y un plan de salida que permita reconstruir autonomía. No se trata de alojar: se trata de reparar, de fortalecer y de ofrecer oportunidades reales.

Cada día que pasa sin ese espacio funcionando es un día en que una mujer puede estar preguntándose si alguien la va a proteger. La expectativa generada es grande, y con razón. Cuando desde la propia Coordinación se afirma que todo está pronto y que solo resta la aprobación presupuestal, la responsabilidad se vuelve aún más evidente. Salto necesita que este proyecto deje de ser una intención y se convierta en una política pública activa. Que se cumpla. Que cumpla sus objetivos. Y que, sobre todo, responda con rapidez cuando la violencia no espera.

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