Un cantor que une dos pueblos

Dueño de una voz prodigiosa, de técnica impecable y un rango vocal que asombra en los agudos, el salteño Olivio Díaz desde Paraguay nos ofrece canciones de otro salteño, Carlos Ardaix.

Olivio Díaz Miños: «Paraguay me dio una vida, pero Salto sigue siendo el lugar al que siempre vuelvo con el corazón»

Semanas atras comenzó a sonar en redes sociales y en todas las plataformas conocidas, la voz del músico salteño Olivio Díaz. Olivio está radicado en Paraguay desde hace muchos años, y la canción, corte de difusión de su nuevo trabajo discográfico, es nada más y nada menos que «Anaconda», de Carlos «Bocha» Ardaix. Quienes estamos en el entorno de la cultura lugareña, conocemos musicalmente a Olivio desde hace años, pero, esta es la primera vez que conversamos, aunque los lectores consecuentes recordaran que muchas veces, en distintas notas lo mencionamos, sabíamos también de su excelente voz lo hemos escuado infinidad de veces, pero en este caso, en «Anaconda», Olivio alcanza la excelencia, llegando con soltura en los agudos, potenciando la emoción que la letra del tema ofrenda al «hermano paraguayo» y logrando una comunicación que mueve las fibras íntima.

Esta canción, «Anaconda» y «yo crecí cantor» que pronto saldrá a la palestra, fueron grabada hace 50 años, por aquel grupo en que se destacaban Rodolfo «Cacho» Humedes, Lina Méndez Torres y Jorge Cespedes, rodeados por músicos excepcionales, por nombrar a dos Jorge Rodríguez y Luis «Bagre» Merlo, pero, fue una obr musical que perdura en el trecuerdo. Olivio hoy trae parte de ese paso hermoso, y lo hace con la calidad de los buenos de verdad.

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De a charla con Olivio rescatamos muchisimas con bellas…

ALMA GUARANI

Hace 35 años que el cantautor salteño Olivio Díaz Miños eligió Paraguay para desarrollar su carrera artística. Sin embargo, la distancia nunca debilitó el vínculo con su tierra. Hoy, mientras prepara un disco que une el folclore uruguayo y paraguayo, repasa sus comienzos, recuerda a quienes marcaron su camino y habla del sueño que finalmente está viendo realizado.

Han pasado 35 años desde que se radicó en Paraguay. ¿Qué siente al mirar hacia atrás?

—Primero que nada quiero agradecer la oportunidad de poder llegar, a través de ustedes, a la gente de mi querido Salto. Siempre es una alegría volver, aunque sea con las palabras.

Soy cantante desde muy joven. Mis primeros pasos fueron en los años setenta y ochenta, cuando estudiaba mecánica y tornería en la UTU. Allí apareció una persona fundamental en mi vida, el profesor Antonio López. Él formó conjuntos folclóricos y me dio mi primera oportunidad. Siempre digo que fue quien me hizo descubrir que ese era mi camino. Yo tocaba el bombo legüero y cantaba.

¿Quiénes fueron los primeros que confiaron en usted como artista?

—Después de Antonio López llegó Daniel Fagúndez, que me abrió las puertas de su grupo Acuario. Fue mi primera experiencia en una orquesta y la recuerdo con muchísimo cariño.

Más tarde apareció Fórmula 1. Carlos Ardaix fue quien sugirió mi nombre cuando dejó de cantar Mingo Radezca. Carlos ya me conocía porque presentaba muchos festivales de folclore donde yo participaba con el conjunto de UTU.

También hubo un certamen que marcó un antes y un después…

—Sí. Fue un concurso donde había casi cincuenta participantes. Había que interpretar «Mi vida eres tú», de Rudy La Scala, una canción muy popular en ese momento. Fui avanzando hasta llegar a la final y terminé ganando. A partir de ahí ingresé definitivamente a Fórmula 1.

También pasé por la Orquesta Municipal, donde cantaba Nedio Cavalheiro. Él fue otro de los artistas que me enseñó muchísimo en mis comienzos.

¿Cuándo decidió que la música sería su profesión?

—Antonio López y Carlos Ardaix fueron los dos que me dijeron prácticamente lo mismo: «Lo tuyo va a ser la música». Yo estudiaba mecánica, pero soñaba con vivir del canto. Después integré el grupo Identidad y permanecí allí hasta los 26 años. Entonces tomé una decisión difícil, dejar Salto para perseguir ese sueño.

¿Cómo fue la llegada a Paraguay?

—Llegué a Asunción con mucha ilusión. Tenía familiares viviendo aquí y vine a probar suerte. Dios puso en mi camino al pianista Oscar Faella, conocido como «El Fantasista del Piano». Empecé a trabajar con él de inmediato y permanecimos juntos cinco años haciendo música de gala en hoteles, salones y fiestas.

Después integré un trío de boleros y folclore latinoamericano, más tarde un grupo tropical y finalmente emprendí mi camino como solista, hace ya unos veinticinco años.

¿Qué le dio Paraguay durante todo este tiempo?

—Me dio una vida entera. Me dio trabajo, una carrera, una esposa, un hijo, una nieta, amigos y bienestar. Estoy profundamente agradecido.

Por eso hoy siento que es el momento de devolver algo de todo ese cariño a través de la música.

Ese agradecimiento se refleja en el nuevo proyecto discográfico. ¿De qué se trata?

—Es un sueño que tuve durante muchos años. Estoy grabando un disco con mitad de repertorio uruguayo y mitad paraguayo.

Lo hago por tres razones. Primero, por la historia que une a Artigas con Paraguay. Segundo, como un verdadero intercambio cultural entre músicos de ambos países. Y tercero, porque muchas veces en Uruguay me preguntaban cuál era la música tradicional paraguaya, mientras que aquí querían saber cuál era la música uruguaya. Quise responder a esas dos preguntas con un mismo trabajo.

¿Cuál fue el primer tema elegido?

—»Anaconda», del querido Carlos «Bocha» Ardaix. Es una canción hermosa que grabamos en ritmo de polca paraguaya (galopa). Me pareció el mejor punto de partida para este proyecto porque representa muy bien ese puente entre las dos culturas.

Después vendrán «Yo crecí cantor», también de Ardaix; «Adiós mi Salto», de Víctor Lima; canciones de Alfredo Zitarrosa; «Ayer te vi», de Rubén Rada; «Candombe para Gardel», además de milongas, polcas y guaranias.

Después de tantos años viviendo en Paraguay, ¿cómo conviven esas dos identidades musicales?

—Conviven naturalmente. Nunca dejé de ser un salteño, pero Paraguay me enseñó a querer profundamente su música.

La polca, la guarania, el arpa paraguaya… todo eso pasó a formar parte de mi vida. No siento que una cultura haya reemplazado a la otra; al contrario, se complementan.

¿Hay posibilidades de reencontrarse con el público salteño?

—Sí, casi con seguridad estaré en la Expo Salto 2026. Ya tuve la oportunidad de participar hace muchos años y guardo un recuerdo maravilloso. Me gustaría volver a vivir ese momento.

¿Qué mensaje quiere dejarle a la gente de Salto?

—Les mando un abrazo enorme a todos. Siempre escucho las radios de mi ciudad para sentirme un poquito más cerca. Un saludo muy especial para quienes siguen haciendo radio cada mañana como Carlitos Ríos, entre Mate y Mate, y mantienen vivo ese vínculo con quienes estamos lejos.

Como siempre digo: muchas bendiciones para todos. Soy un salteño bien salteño, aunque la vida me haya llevado a otro país.

ESE PUENTE POR DONS CRUZAN LOS SENTIMIENTOS

La música suele decir que las distancias existen solamente en los mapas. En la historia de Olivio Díaz Miños esa afirmación cobra sentid, pues hace 35 años que vive en Paraguay, pero su voz continúa tendiendo un puente invisible hacia Salto. Ahora, con un disco que une las dos orillas de su vida, el cantor confirma que las raíces no se abandonan; simplemente aprenden a florecer en otra tierra.

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