Triste adiós: María Angélica Pérez referente del arte, la docencia y la inclusión social

Fallecimiento de la artista María Angélica Pérez y del docente Ricardo Lagos Silva enluta a la cultura salteña, dejando un legado marcado por el arte, la enseñanza y el compromiso social que perdurará en la memoria colectiva.

La cultura salteña atraviesa horas de profundo pesar tras el fallecimiento de María Angélica Pérez Pallares, ocurrido el 16 de marzo de 2026 a los 79 años. Pintora, maestra y escritora, su vida estuvo marcada por una sensibilidad excepcional que transformó el arte en un acto de compromiso social y humano.

LA LUZ COMO LEGADO

- espacio publicitario -SOL - Calidez en compañía

La partida de María Angélica no es solo la pérdida de una artista. Es, sobre todo, la despedida de una conciencia sensible que supo unir la pedagogía, la creación estética y la militancia social en una misma forma de estar en el mundo. En una ciudad como Salto, donde la cultura se construye muchas veces desde lo cercano, su figura ocupaba un lugar tan íntimo como imprescindible.

Maestra de vocación, dejó una huella imborrable en generaciones de alumnos que recuerdan no solo su enseñanza, sino su humanidad. En el aula, como en la vida, ejercía una pedagogía del afecto, entendiendo que educar era también acompañar.

ENTRE EL SÍMBOLO Y LA EXPERIENCIA

En el campo de las artes plásticas, su obra estuvo profundamente vinculada a APLAS (Asociación de Artistas Plásticos de Salto), donde se consolidó como una referente. Sin embargo, su pintura trascendía lo formal, era una búsqueda espiritual.

Escaleras y círculos aparecían de manera recurrente en sus cuadros, no como meros recursos visuales, sino como símbolos de ascenso, de tránsito, de ciclos vitales. En cada trazo, María Angélica parecía insistir en una idea: incluso en la adversidad, es posible encontrar una forma de luz.

Esa concepción se volvió tangible en uno de sus gestos más significativos: la donación de parte de su obra a la sede de Inmujeres del MIDES en Salto. Allí, sus cuadros dejaron de ser solo arte para convertirse en compañía, en refugio simbólico para mujeres en situaciones de vulnerabilidad. Su pintura, así, se volvió presencia.

ESCRITURA Y MEMORIA

Como escritora, también supo dar testimonio. Uno de sus trabajos más significativos abordó el vínculo con su hija, María José, en una narrativa atravesada por el amor, la entrega y la tenacidad. En sus textos, la experiencia personal se transformaba en relato colectivo, ofreciendo sentido a quienes atravesaban situaciones similares.

COMPROMISO QUE TRASCIENDE

Su militancia por los derechos de las personas con discapacidad fue otro de los pilares de su vida. Integrante activa durante años de la Comisión Honoraria de la Discapacidad en Salto, convirtió su propia experiencia en una causa común. Allí donde muchos ven un límite, ella construyó una plataforma de lucha y visibilidad.

Instituciones culturales como el Museo de Bellas Artes “Gallino” (Olarreaga) y diversos colectivos artísticos han expresado su pesar, reconociendo en ella a una figura que supo transformar el arte en una herramienta de inclusión y justicia.

UNA OBRA QUE PERMANECE

Hay artistas que producen obras. Otros, más raros, producen sentido. María Angélica pertenece a esta última estirpe. Su legado no se agota en sus cuadros ni en su escritura, vive en cada gesto de empatía que supo sembrar, en cada espacio donde el arte se vuelve abrigo.

Y cuando todo es tan fugaz,  la velocidad lo devora todo, la vida de María Angélica invita a una pausa necesaria, la de recordar que el arte, cuando nace del dolor y se ofrece al otro, puede convertirse en una forma de justicia. Su ausencia duele, pero su luz —esa que tanto buscó— queda, persistente, iluminando los caminos de quienes siguen.

OTRO ARTISTA QUE SE NOS FUE, EL PINTOR Y DOCENTE RICARDO LAGOS SILVA

Cuando estábamos dando forma a la nota de María Angélica Pérez, nos enteramos de otro trago amargo para nuestra cultura, una noticia que también nos pegó fuerte, la muerte de otro gran artista de la pintura, Ricardo Lagos Silva.

Su partida deja un vacío difícil de llenar, no solo por su sensibilidad frente al caballete, sino por esa vocación docente que marcó a tantos en los talleres de Salto.

Se va un artista que supo entender el paisaje y la luz de su tierra, pero sobre todo, se va un maestro. Esa capacidad de transmitir el oficio y de formar nuevas miradas es lo que hace que su obra no se quede solo en los marcos, sino que siga viva en cada alumno que pasó por sus manos.

Es un momento de mucha reflexión para la cultura salteña; estas figuras son los pilares que sostienen la identidad de la ciudad. Sin duda, su legado seguirá conversando con el tiempo a través de sus trazos y de la memoria de quienes aprendieron a ver el mundo a través de su guía.

Hace unos meses, un día, por la mañana, llegó a mi casa y hablamos horas y horas, nos contamos todo, y me quedó la sensación que iba a salir adelante, que iba a revertir una enfermedad que comenzaba a manifestarse. Un guerrero como él estaba para dar batalla. Pasó el tiempo, de tanto en tanto le mandaba un mensaje y respondía brevemente, pero en pie de guerra, en lucha franca, y más me convencía que iba a salir adelante, hasta que de pronto…, un posteo de Yanely de Vecchi me puso ante esta amarga verdad…

Recuerdo su fino humor, su talento, un creador nato, escribía también muy bien y recuerdo también que cuando hice una nota hace unos meses para Diario El Pueblo, me mandó un mensaje de agradecimiento.

Fue profesor de dos de mis hijos, de Carlitos e Isabella, y jamás olvidaremos aquella exposición de todos sus alumnos en el Muelle Negro, él estaba tan feliz como sus alumnos, y como todos nosotros…

Se fue un gran artista y docente, se fue una gran persona, tan humano, tan solidario, y tan comprometido con su tiempo…

Enlace para compartir: https://elpueblodigital.uy/yiar