CINE & MATE

Morir en la Luna (Off-topic)

Me permito analizar el tiroteo en Teotihuacán: un «sacrificio» violento en la Pirámide de la Luna que evoca la sombra de Columbine y el misticismo local.

Un joven regordete con una camisa a cuadros accede a la zona arqueológica cargando una mochila negra. Asciende, junto con decenas de visitantes, las escaleras de La Pirámide de la Luna. Cuando llega al primer descanso, se aparta, pone su mochila en el suelo, se agacha para buscar algo dentro de la mochila. Cuando se levanta, tiene un arma en su mano y empieza a disparar.

Esta podría ser la primer secuencia de un thriller policiaco y serviría muy bien como gancho para interesar al público a seguirlo viendo. Lástima que no sea ficción. Ocurrió el pasado lunes 20 de abril en uno de los lugares más improbables de México, la zona arqueológica de Teotihuacán y frente a donde nace irónicamente, la principal calle de la ciudad antigua y la más famosa, La Calzada de los Muertos. 

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Estamos malamente acostumbrados a los “active shooters” en EUA, que cada tanto aparecen en universidades y colegios, disparando a mansalva para causar el mayor daño posible y en México, a los asesinatos selectivos de los cárteles, que irrumpen con frecuencia en restaurantes, bares o fiestas para ajusticiar enemigos o parientes de los mismos. Pero un tirador solitario en la zona arqueológica más mística de todas las que tenemos en México, eso sí no la teníamos. Y si sumamos que ese mismo día, el 20 de abril, ocurrió la masacre de Columbine, 27 años atrás y que ese día también es el cumpleaños de Adolf Hitler, las cosas se vuelven más retorcidas.

La Masacre de Columbine no sólo se considera un paradigma de las matanzas sin sentido en los EUA sino que sirvió para abrir un debate sobre la portación de armas que no llegó a ninguna parte y sirvió también para inspirar de forma escalofriante otros sucesos similares. Columbine es el caballo negro de los mass shootings. Disculpen, no quiero usar la palabra que anda de moda en nuestras escuelas. 

Es cierto que no es la primera vez que hay muertes violentas en zonas arqueológicas mexicanas. En una época de mi vida, en donde estaba en contacto con ese mundo, algunos arqueólogos me contaban como llegaban algunos turistas gringos a la zona arqueológica de Palenque, en la zona maya y se internaban en la selva para ahorcarse. No fueron casos aislados, incluso se volvió moda. Es que no es lo mismo ahorcarte en tu casa u oficina anodina que en una selva Maya, hay niveles. Pero lo del tiroteo en Teotihuacán sorprende por todos lados. Primero porque se habló mucho de los controles de seguridad pero la verdad es que tratándose de un lugar místico, en donde una buena parte de los visitantes van a recibir energía positiva, entre otras cosas, cuesta trabajo creer que alguien quiera sembrar el mal en medio de tanta “buena vibra”. Desde luego nunca hay que decir que nunca ocurriría. Lo segundo, es el lugar específico donde ocurrió, La Pirámide de la Luna, un lugar expuesto donde no hay forma de esconderse, donde todos te miran y saben quién eres y lo que estas haciendo. Además de lo peligroso de la escalera. Si te salvabas de un tiro, no escaparías a una caída en la escalera empinada y con escalones angostos. Me ha tocado ver a gente sangrando de rodillas y codos, después de tropezar y rodar varios escalones.

Los testimonios mencionan que el hombre amenazaba a sus rehenes gritándoles que los iba a “sacrificar”. Ningún matón contemporáneo diría algo así por más ilustrado que quisiera parecer. Usaba un lenguaje acorde con el lugar y con las civilizaciones antiguas. Él eligió el lugar por una razón y quizá ya sabía como iba a terminar, era como construir su propio sacrificio y hacerlo vía streaming. Tampoco quería padecer el suplicio en solitario, quería llevarse en ese viaje a quien pudiera, conseguir la visibilidad de los celulares y mandar un mensaje a esos, a quién él necesitaba llegar. El hombre no tenía nada contra la turista canadiense que asesinó ni con nadie de los que estaban ahí, su enemigo estaba en otro lado, como dijeron algunos que saben de psicología, estaba dentro de su propia cabeza.

Si esto hubiera ocurrido en otro país, es posible que la emergencia se hubiera solucionado con un francotirador pero resulta que muchos de los que trabajan como vigilantes en la zona son vecinos, son personas de la comunidad, a los que el INAH, la institución encargada de las zonas arqueológicas, les permite participar de los beneficios del flujo de turistas. Algunos son contratados como empleados en diversas tareas, incluyendo vigilancia y otros, tienen concesiones y permisos en la parte comercial. Muchos se conocen entre ellos porque son vecinos de los pueblos más cercanos. Ni por acá les hubiera pasado en la cabeza que alguien pudiera hacer algo así y menos, poder evitarlo. Si vieron los videos, estoy seguro que se preguntaron lo mismo que yo ¿por qué nadie hace nada? Pues eso, es que nadie sabía qué hacer. Fue el peor día para estar en La Pirámide de la Luna.  

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