Teresita Ghizzoni, primera decana de Enfermería del interior, reivindica la formación, la equidad y el humanismo como pilares de la profesión.

Desde el interior al decanato: el camino de una mujer que transformó la enfermería
Primera decana de Enfermería del interior, Ghizzoni reivindica formación, equidad y humanismo en la profesión.
El 12 de mayo, Día Mundial de la Enfermería, encuentra a Teresita Ghizzoni en un lugar histórico: es la primera decana de la Facultad de Enfermería que desarrolla su vida académica y profesional en el interior del país. Su historia no solo refleja una trayectoria individual, sino también un cambio de paradigma en la universidad pública.
“Esta fecha representa el legado de Florence Nightingale, quien marcó el inicio de la enfermería moderna, no solo desde lo técnico, sino desde la investigación y el humanismo”, señala Ghizzoni. Para la decana, ese espíritu sigue vigente: formar profesionales con conocimiento, pero también con sensibilidad hacia las personas.
Desde ese lugar, plantea uno de los principales desafíos actuales: aumentar la cantidad de licenciados en enfermería y mejorar la calidad de la atención. “Necesitamos más profesionales en todos los ámbitos, pero también mejor formación. La carrera no termina al egresar; comienza ahí un camino de especialización, posgrados y desarrollo continuo”, sostiene.
Pero su recorrido personal es inseparable de su origen. Nacida y formada desde el interior, Ghizzoni recuerda que su vocación apareció en la infancia. “Jugaba con muñecas, les daba inyecciones, pedía un brazalete de la Cruz Roja. Había algo ahí que ya marcaba el camino”, cuenta.
Sin embargo, el camino no fue lineal. Estudió en Montevideo en tiempos de dictadura, en un contexto complejo tanto académico como económico. “No eran años fáciles. Para mi familia implicaba un esfuerzo enorme sostenerme. Pero aun así seguí adelante”, relata.
Se recibió en 1983 y comenzó a trabajar en Salto, primero como honoraria y luego en cuidados intensivos, donde desarrolló gran parte de su carrera asistencial. Paralelamente, inició su carrera docente, creciendo por concurso hasta alcanzar los máximos grados académicos.
Hoy, su llegada al decanato tiene un significado que trasciende lo personal. “Es un hito. Muchas personas del interior se formaron, pero terminaron radicándose en Montevideo. En mi caso, decidí quedarme, construir desde acá. Y eso demuestra que también desde el interior se puede llegar”, afirma.
Ser decana desde el interior también implica un compromiso social y simbólico. “Muchas veces el interior es visto como periférico dentro del sistema universitario, pero nuestra presencia demuestra que la excelencia no depende de la ubicación geográfica. Podemos formar profesionales de primer nivel sin necesidad de mudarse a Montevideo”, reflexiona Ghizzoni.
Además, destaca la dimensión de género de su trayectoria. “Como mujer, atravesé barreras y estereotipos que históricamente condicionaron la carrera de muchas profesionales. Mi camino muestra que ser mujer del interior no limita, sino que fortalece: la perseverancia y la vocación pueden transformar estructuras y abrir espacios de liderazgo”, afirma.
Ghizzoni también subraya la importancia de la equidad en el acceso a la educación y la profesionalización de la enfermería. “Desde la Facultad trabajamos para que estudiantes de todo el país, independientemente de su lugar de origen, tengan las mismas oportunidades de formación, acceso a posgrados y desarrollo profesional. Queremos que puedan contribuir a mejorar la calidad del cuidado donde más se necesita”, concluye.
Para Ghizzoni, su rol interpela además la perseverancia y la vocación. “No siempre es un camino recto. Yo misma tuve que recursar, enfrentar obstáculos. Pero cuando hay vocación y compromiso, se puede. La clave es no abandonar y mantener el deseo de crecer en una enfermería humana y de calidad”, asegura.
Finalmente, destaca que la enfermería del futuro debe sostener dos pilares fundamentales: conocimiento y humanidad. “Podemos incorporar tecnología, avanzar en investigación, pero nunca perder el vínculo humano con quien necesita cuidado. Esa es la esencia de nuestra profesión”, concluye.
En su figura, el interior deja de ser periferia para convertirse en motor de transformación. Su historia es, en definitiva, la prueba de que el talento, la constancia y la vocación pueden abrir camino, incluso donde antes parecía más difícil llegar.




