Temporal en el interior de Salto dejó aislados a funcionarios de BPS y reavivó reclamos por caminería rural

“El interior profundo vive situaciones extremas cada vez que los arroyos se desbordan”

Las intensas lluvias registradas en las últimas horas en distintas zonas rurales de Salto volvieron a dejar al descubierto la fragilidad de la caminería y de los accesos en el interior profundo del departamento.

La situación quedó reflejada en el episodio vivido por tres funcionarios del BPS y dos efectivos policiales que, en el marco de una recorrida por la zona de Paso Cementerio hacia Pueblo Quintana, quedaron aislados durante varias horas entre cursos de agua crecidos.

La referente de las mujeres rurales de Salto, Marita González, explicó que este tipo de situaciones son frecuentes cuando las precipitaciones provocan el desborde de arroyos, cañadas y sangradores, especialmente en zonas donde los caminos ya presentan deterioro previo.

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“Es una situación que muchas veces se da en el interior profundo, cuando las lluvias desbordan los arroyos y la gente queda aislada entre dos cursos de agua importantes. Aun quienes conocemos la zona podemos quedar desorientados o atrapados”, señaló.

Según relató, durante la jornada del temporal comenzaron a circular en la Red Comunitaria fotografías y avisos sobre el crecimiento de los arroyos Tapado y Arerunguá, incluso antes de que comenzaran las lluvias más intensas.

“Imaginate cómo están hoy. Somos una zona bendecida con abundante agua y cualquier lluvia intensa provoca desbordes enormes”, sostuvo.

Interior movilizado por ayuda a funcionarios varados

La situación que involucró a los funcionarios del BPS y al personal policial movilizó rápidamente a vecinos, productores y la Red Comunitaria de la zona, que comenzaron a coordinar alternativas para asistirlos. Sin embargo, el nivel del agua impedía cualquier cruce seguro.

“Quedaron varados entre dos cauces y la salida se les complicó muchísimo. Desde un establecimiento rural tuvieron que asistirlos para que pudieran acceder a otro camino y regresar hacia la ruta”, indicó.

Durante varias horas se manejaron distintas posibilidades de evacuación, aunque la prioridad fue evitar que intentaran atravesar zonas anegadas.

“Cuando compartieron la ubicación, mi sugerencia fue que no se largaran. Porque para atravesar un campo y llegar a un casco de estancia hay que conocer muchísimo. Si no sabés, puede ser peor. Lo ideal es buscar un punto alto y esperar ayuda”, explicó.

González insistió en que muchas veces desde la ciudad no se dimensiona la complejidad de vivir en áreas rurales aisladas, donde una creciente puede cortar completamente la comunicación y dejar incomunicadas a familias enteras.

Reclamo por caminería

“Cuando nosotros reclamamos por caminos, pasos o puentes, capaz que desde la ciudad no se entiende. Pero esos son puntos de acceso, de salida, de llegada de la producción, de traslado de un enfermo o simplemente de comunicación con el resto del departamento”, expresó.

En ese sentido, recordó situaciones dramáticas ocurridas en años anteriores a causa de las crecientes. Entre ellas, mencionó el caso de una familia que quedó aislada luego de la muerte de un adolescente, sin posibilidad de que llegaran rápidamente Policía, Fiscalía o personal médico.

“Los padres estaban de un lado y el cuerpo del muchacho del otro. Fue una situación espantosa”, recordó.

También advirtió sobre los riesgos de intentar atravesar cursos de agua aparentemente inofensivos. “Muchas familias se han arriesgado a cruzar y el agua se las llevó. Muchas veces parece un paso chico, pero con el volumen de lluvia se transforma en algo muy peligroso”, afirmó.

La dirigente rural señaló además que existen puntos críticos que desde hace años requieren intervenciones urgentes. Uno de ellos es el puente ubicado en Paso Potrero de Arerunguá, cuya estructura presenta serios daños.

“Ese puente está rajado desde hace muchísimos años. El agua ha socavado los accesos y ya no es solamente el riesgo de cruzar el puente, sino también el riesgo antes de llegar. El material se ha ido y en cualquier momento puede hundirse”, alertó.

Por allí circulan frecuencias de ómnibus rurales y vehículos de productores y vecinos de la zona. González sostuvo que el problema ya no admite soluciones parciales. “No alcanza con emparchar. Hay que hacer una obra definitiva. Es un problema que lleva más de 20 años y se sigue postergando”, manifestó.

Las lluvias acumuladas en algunas localidades superaron los 100 milímetros y provocaron nuevamente el deterioro de caminos que habían sido reparados recientemente.

“Los caminos quedan lavados, con piedra de punta, destruidos. Y los que todavía no habían sido intervenidos quedan peor. La degradación es imponente”, concluyó.

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