Acabo de terminar de leer una hermosa historia escrita por el gran Stephen King en uno de sus cuentos, “Dos cabrones con talento”, que trae su último libro, “Si te gusta la oscuridad”.
Básicamente cuenta la historia de dos grandes amigos que pasada cierta edad de su madurez, pareciera que de pronto despertase en ellos sus talentos de escritura para uno y de pintura en el otro, algo que desarrollaban en el secreto de sus vocaciones ocultas de esas que tenemos todos. ¿A quién no se le ocurrió tal vez escribir algún día esa gran novela que se volviese un best seller o un clásico universal de todos los tiempos? O, ¿a quién no se le ocurrió que los dibujos que hacía en sus libretas algún día se transformarían en ese tipo de cuadros que se venden como pan caliente por estar a la altura de los grandes artistas del pincel de todos los tiempos? Pero sin embargo, nunca pasó.
Bueno, en esta historia que nos trae el gran King nos dice, por qué no. Y ocurre. Pero aparece una periodista queriendo saber qué pasó o cómo pasó que gente común que trabajaba en un basurero terminan siendo estrellas de la literatura y de la pintura. No adelantaré el final del cuento pero, ¿por qué pensar que tiene que pasarnos algo extraordinario que lance nuestro talento a la estratósfera cuando esa fuerza interior ya está en nosotros y que lo único que deberíamos hacer es dejar que solo fluya?
Pasa por confiar en uno mismo para que a veces esos milagros ocurran, y veremos que solo nosotros podemos resolver esos misterios que no nos dejan crecer.