
Un 19 de abril que quedará para siempre en el recuerdo de la Sub 18
Salto desembarcó en Soriano haciendo su propia cruzada ‘libertadora’.
Cuando llegamos al estadio Luis Köster de Mercedes, en sus alrededores ya se respiraba un auténtico clima de final. La parcialidad local, identificada con los colores de su selección, anticipaba lo que se viviría dentro del escenario mercedario.
Nuestro arribo fue por el sector destinado al público visitante. Allí, la presencia de Salto se hacía sentir: tres ómnibus de empresas salteñas habían trasladado tanto al plantel como a los hinchas. A eso se sumaban varios vehículos particulares, completando una delegación de más de 150 simpatizantes que llegaron para alentar a la selección.
El Koster remodelado y pronto para algo más que selecciones.
El estadio presenta un nivel destacado. Su tribuna principal, equipada con butacas en toda su extensión, y una iluminación renovada recientemente por la comuna local, le otorgan una jerarquía acorde a este tipo de espectáculos. La nueva luminaria brinda una calidad imponente, a la altura de un escenario de estas características en el litoral uruguayo.
Sin embargo, las cabinas de transmisión aún quedan en el debe, un aspecto que seguramente será mejorado con el paso del tiempo.
La rápida intervención del personal municipal.
Una vez finalizado el partido, llamó la atención la rápida intervención del personal de limpieza, que comenzó de inmediato a acondicionar los gabinetes higiénicos y la tribuna principal. Incluso aguardaron la salida del público visitante para completar las tareas, dejando el estadio en óptimas condiciones.
Un verdadero billar.
El campo de juego fue otro punto alto: en excelente estado, ofreció el marco ideal para una final como la que protagonizaron Salto y Mercedes.
En cuanto al marco de público, unas 2.000 personas se hicieron presentes. Si bien puede parecer una cifra moderada para una final del interior, resulta significativa tratándose de una categoría juvenil.
Autoridades; no faltaron a la cita.
También dijeron presente las autoridades de OFI, encabezadas por su presidente Sebastián Sosa, junto al salteño Walter Martínez y otros veedores y colaboradores de la organización. Por su parte, el intendente de Soriano, Guillermo Besozzi, fue el encargado de realizar la entrega de medallas una vez culminado el encuentro.
Un entrenador llamado Wilson Cardozo; sencillamente el mas ganador.
Cuando terminó el juego y se desataron los festejos tras la victoria 2 a 1 de Mercedes ante Salto —aunque en el global fue 3 a 2 en favor del conjunto salteño—, todas las miradas fueron hacia Wilson Cardozo. El entrenador fue rápidamente rodeado por sus jugadores, quienes lo colocaron en el centro de un círculo para agasajarlo, reconocerlo y hacerlo protagonista de un momento que quedará marcado en la memoria de todos.
Antes de la entrega de medallas, el plantel le dedicó el clásico “túnel”, una muestra más del respeto y el afecto hacia quien fue el conductor de este proceso. Un festejo compartido también con los hinchas salteños que llegaron hasta Mercedes y que acompañaron en cada instante.
Que Cardozo haya estado en el centro de la celebración no es casualidad. Habla de lo que transmite, de su forma de trabajar y de lo que logró inculcar en cada uno de sus futbolistas. Siempre de perfil bajo, sin estridencias, dando indicaciones con mesura y priorizando el juego colectivo por encima de cualquier protagonismo personal.
El técnico salteño marca un antes y un después. No solo por su estilo, sino también por sus logros: es el entrenador más laureado en juveniles en el fútbol del Interior y acaba de conseguir un tricampeonato histórico, algo que hasta ahora ningún otro había alcanzado en esta categoría.
Wilson Cardozo es eso: un ganador silencioso, respetado y querido. La demostración de afecto de sus jugadores y colaboradores refleja mucho más que un título; habla de un proceso sólido y de una identidad clara.
Hay puntos realmente altísimos en el nivel individual de este elenco salteño, aspectos que merecen un análisis aparte y que tendrán su espacio. Pero hoy la escena le pertenece a él. A un entrenador nacido en Belén, que rompió moldes, que desafió la historia y que alcanzó lo que nadie había logrado en el interior del país. Su obra ya no admite discusión: es, simplemente, el mejor de todos.
El final se vivió en paz, con la entrega de medallas para el vice campeón y el merecido festejo para los campeones. Porque si hay algo que quedó claro a lo largo del torneo, es que Salto fue el equipo más sólido, el más regular y el que mejor resolvió cada desafío, tanto de local como de visitante.
Un campeón legítimo, que se ganó el título en la cancha, partido a partido.




