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domingo, febrero 22, 2026

SIN ORDEN NO HAY OBRAS QUE DUREN

Columnas De Opinión

Columna sobre el plan de obras en Salto y la importancia de ordenar las cuentas públicas antes de ejecutar, garantizando obras sostenibles y responsabilidad.

Dr. Enzo Molina

Edil Dr. Enzo Molina

Presidente de la Junta Departamental de Salto
Periodo 2025-2026
Bancada CORE
Partido Nacional

Quiero decir algunas cosas con claridad sobre el momento que estamos viviendo en Salto.
El intendente Carlos Albisu anunció un plan de obras importante, ambicioso, de esos que generan expectativa. Y está bien que así sea. Salto necesita avanzar en infraestructura vial, en iluminación, en espacios públicos, en deporte, en turismo y en caminería rural.

Estamos hablando de 20 kilómetros de pavimentación, veredas y bicisendas; más de 8.000 focos nuevos con recambio de cableado en unas 1.500 cuadras; la recuperación del Estadio Bernasconi; mejoras en Plaza Artigas, Costanera y Muelle Negro; inversión fuerte en el interior; culminación de Apolón y Ramón Vinci con nueva calzada y rotonda en Batlle Berres; y además impulso a la inversión privada para fortalecer el turismo y generar desarrollo.

Ahora bien: una cosa es anunciar y otra es ejecutar. Y entre una y otra hay algo fundamental: ordenar las cuentas. Nuestra obligación es cuidar el dinero de los salteños. No vamos a rifar el presupuesto por ansiedad ni por presión. No se gobierna al grito ni por la manija del momento. Se gobierna con responsabilidad, con planificación y con equilibrio.

Primero se ordena lo presupuestal. Primero se asegura el respaldo financiero real. Primero se garantiza que lo que se arranque se pueda terminar y sostener en el tiempo. Después, sí, se acelera la ejecución y se ponen las máquinas a trabajar.

A veces eso no luce tanto. No da titulares rimbombantes. Pero es lo correcto y es lo que corresponde cuando se administra dinero público.

La Junta tiene un rol claro: legislar, controlar y acompañar. No estamos para poner palos en la rueda, pero tampoco para firmar cheques en blanco. Cada peso que se compromete es plata de la gente, y esa confianza no se traiciona.

La responsabilidad y el compromiso con los salteños es total. Son ellos nuestros mandantes. No los dirigentes, no las redes, no la presión coyuntural. Los vecinos que pagan sus impuestos y esperan que actuemos con seriedad.

Claro que hay ansiedad. El vecino que espera el asfalto en su barrio quiere verlo ya. El productor necesita caminos en condiciones. El comerciante quiere más movimiento. Y dentro del gobierno también hay ganas de que las máquinas salgan cuanto antes, porque sabemos que las obras generan trabajo y dinamizan la economía.

Pero la ansiedad no puede reemplazar la planificación. Si hacemos las cosas bien desde el principio, el ritmo de obras será sostenido, continuo y real, no una ráfaga que se apaga a mitad de camino.

Salto necesita transformación, sí. Pero necesita, sobre todo, firmeza, orden y responsabilidad en la gestión.

Las obras van a salir. Y cuando salgan, van a tener detrás algo que para mí es irrenunciable: respaldo financiero, transparencia en la ejecución y compromiso absoluto con cada salteño.

Porque no se trata solamente de construir rápido, sino de construir bien. Una calle mal ejecutada se rompe en poco tiempo, una obra sin previsión termina costando el doble y un proyecto sin respaldo financiero se convierte en promesa vacía. Por eso insistimos tanto en el orden: no es una postura política ni una excusa técnica, es una forma de respeto hacia la ciudadanía. Cada obra tiene que tener principio, desarrollo y finalización garantizada.

También hay que decirlo con claridad: cuando las cuentas no están claras, el precio lo paga la gente. Lo paga el vecino cuando se paraliza una obra, lo paga el comerciante cuando no se cumple un cronograma, lo paga el barrio cuando queda a mitad de camino. Esa experiencia ya se ha visto demasiadas veces y no puede repetirse. La responsabilidad obliga a aprender del pasado para no volver a cometer los mismos errores.

Ordenar no significa detenerse. Significa marcar prioridades, establecer etapas y definir objetivos posibles. A veces el mejor avance es el que se hace paso a paso, pero con seguridad. No sirve inaugurar mucho en poco tiempo si después no hay recursos para mantener lo que se hizo. Las ciudades se construyen con visión de largo plazo, no con medidas apuradas para salir del paso.

El desafío también es explicar esto con honestidad. Porque es más fácil prometer velocidad que explicar procesos. Sin embargo, la madurez de una comunidad se mide cuando entiende que la buena administración requiere tiempos, controles y planificación. La confianza se construye diciendo la verdad, aun cuando esa verdad no sea la más atractiva en lo inmediato.

Quienes tenemos responsabilidades públicas sabemos que la obra visible genera reconocimiento. Pero la verdadera transformación empieza antes, cuando se hacen los números, cuando se definen prioridades y cuando se decide avanzar solo en aquello que se puede sostener. Esa es la diferencia entre una gestión que busca impacto rápido y otra que busca resultados que perduren.

Además, cuando hay orden, también hay previsibilidad. Y la previsibilidad permite que las empresas se preparen, que los trabajadores tengan continuidad y que los vecinos sepan qué esperar. Una ciudad que planifica bien transmite confianza, y la confianza también es motor de desarrollo.

Por eso la discusión no debería ser obras sí u obras no. La discusión real es cómo garantizar que las obras duren, que tengan calidad y que respondan a las verdaderas necesidades de la gente. Y ahí el orden vuelve a aparecer como condición esencial.

Habrá momentos de crítica y de reclamo, porque es natural que cada barrio quiera ver avances cuanto antes. Pero gobernar implica tomar decisiones que miren más allá del corto plazo. La responsabilidad muchas veces es silenciosa, pero sus resultados se ven con el tiempo.

Salto puede y debe crecer. Tiene potencial, tiene recursos humanos y tiene una comunidad que quiere avanzar. Lo que no puede permitirse es repetir errores de improvisación. Por eso insistimos: primero el orden, luego la ejecución. Primero la base sólida, luego el crecimiento sostenido.

Cuando las máquinas salgan y las obras avancen, lo harán con la certeza de que detrás hay planificación, respaldo y compromiso real. Y eso, aunque no siempre se vea en la foto, es lo que garantiza que el esfuerzo de todos los salteños se transforme en mejoras concretas y duraderas.

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