Productores, técnicos y autoridades analizaron el impacto de la garrapata bovina, la resistencia y el uso de hemovacunas.

Simposio internacional sobre garrapata reunió en Salto a referentes del agro regional
En el marco de los 125 años de la Asociación Agropecuaria de Salto y del 109.º Congreso Anual de la Federación Rural, se desarrolló en el Hipódromo de Salto un simposio internacional sobre garrapata, con participación de autoridades, técnicos, productores y representantes de Uruguay, Argentina y Brasil.
La instancia fue presentada como un espacio de intercambio regional frente a una problemática que afecta directamente a la ganadería. En la apertura participaron Luis Manfredi, Rafael Normey, Jorge Andrés Rodríguez y el doctor Carlos Fuegge.
Desde la organización se destacó la importancia de realizar el encuentro en Salto, por su ubicación estratégica dentro del eje agropecuario regional y por el peso que la ganadería tiene en el departamento. También se subrayó que el simposio buscó ordenar información, compartir experiencias y avanzar hacia una hoja de ruta común.
Orlando Dávila, integrante de la organización, explicó que la idea surgió a partir de la Federación de Asociaciones Rurales del Mercosur, ante la preocupación por la resistencia, los residuos en carne y el avance de la problemática.
Mire la las dos jornadas del simposio en los siguientes enlaces:
Una problemática productiva, sanitaria y económica
Uno de los ejes técnicos de la jornada estuvo a cargo del doctor Pablo Parodi, especialista en parasitología y enfermedades transmitidas por vectores. Durante su exposición, explicó que la garrapata común del bovino, Rhipicephalus microplus, acompaña a la ganadería uruguaya desde hace más de un siglo.
Parodi señaló que la garrapata no solo genera pérdidas por menor producción de carne y leche, sino también por los costos de tratamiento, las campañas oficiales, los problemas de comercialización de haciendas, la transmisión de enfermedades y los riesgos vinculados a residuos químicos en carne, leche y ambiente.
El especialista explicó que el problema debe analizarse en varios planos. Remarcó que apenas una pequeña parte de la población se encuentra sobre el bovino, mientras que la mayor proporción permanece en las pasturas. Ese dato obliga a pensar estrategias más amplias que el simple uso de productos químicos.
Control integrado y resistencia
Durante el simposio se insistió en que no existe una receta única para combatir la garrapata. La estrategia debe definirse predio a predio, con planificación, seguimiento técnico y participación del veterinario corresponsable. Parodi explicó que el control integrado debe considerar el ciclo biológico del parásito, la situación epidemiológica del establecimiento, el perfil de resistencia, la categoría animal, la raza, el estado nutricional y las posibilidades reales de manejo.
Uno de los puntos de mayor preocupación fue la resistencia a los acaricidas. Se presentó información generada a partir de estudios de laboratorio sobre poblaciones de garrapata en distintas zonas del país, con énfasis en poblaciones multirresistentes, principalmente en el Norte. El técnico sostuvo que cada molécula química genera presión de selección, por lo que las nuevas herramientas deben utilizarse con responsabilidad para prolongar su vida útil.
Hemovacuna contra la tristeza parasitaria
En el segundo día del simposio, el doctor Emiliano Rivas, integrante del Laboratorio Regional Noreste Dilave Paysandú, expuso sobre la hemovacuna Dilave, desde su producción hasta su uso en el predio.
Rivas explicó que la hemovacuna es la principal herramienta disponible para mitigar y prevenir el complejo de tristeza parasitaria bovina, enfermedad que genera importantes pérdidas por mortandad de animales. Según señaló, la tristeza parasitaria provoca anualmente la muerte de unas 26.000 a 27.000 cabezas de ganado, con pérdidas estimadas en 15,3 millones de dólares, incluidas dentro del impacto global atribuido a la garrapata y las enfermedades asociadas.
La tristeza parasitaria bovina fue definida como un complejo febril y anemizante causado por babesiosis y anaplasmosis. En el caso de las babesias, la transmisión está asociada a la garrapata común del ganado. En la anaplasmosis, además de la garrapata, también pueden intervenir vectores mecánicos, como tábanos, mosca del establo y prácticas de manejo con agujas o maniobras sanitarias.
El expositor detalló que los signos clínicos incluyen depresión, fiebre alta, animales apartados del rodeo, búsqueda de sombra o aguadas, ictericia, anemia y, en casos de babesiosis, hemoglobinuria, conocida en el campo como orina color Coca-Cola.
Uso, planificación y cobertura
Rivas explicó que en Uruguay existen dos presentaciones de hemovacuna: la refrigerada de Dilave, producida a escala desde 1980, y la vacuna congelada, disponible durante todo el año a través del circuito veterinario.
La vacuna está dirigida principalmente a terneros de entre 4 y 9 meses de edad. Se recomienda aplicarla en animales clínicamente sanos, correctamente desparasitados, sin alta carga de garrapata y evitando maniobras que generen estrés, como destetes, transportes o encierres prolongados en simultáneo con la inmunización.
El técnico remarcó que se trata de una vacuna viva atenuada, por lo que requiere planificación, frío, manejo cuidadoso y supervisión veterinaria. También explicó que no se recomienda aplicarla en hembras preñadas ni junto con otros biológicos, ni utilizar piroplasmicidas antes o después de la vacunación.
Durante la presentación se informó que en 2025 Dilave produjo 298.820 dosis de hemovacuna, casi el doble que en 2024. Sumadas las vacunas refrigeradas y congeladas, se mencionó que Uruguay llegó a unas 500.000 dosis comercializadas. Aun así, los técnicos señalaron que todavía queda camino por recorrer: si se considera el número de terneros expuestos en zonas de control y zonas endémicas, la cobertura ronda el 28%.
Costos y pérdidas
Otro de los aportes del segundo día estuvo a cargo del doctor Carlos Yrigoyen, quien presentó datos y ejemplos de predios del Norte del país para mostrar el impacto económico de la garrapata.
El veterinario advirtió que la problemática no se limita al costo del producto garrapaticida. También incluye muertes por tristeza, tratamientos preventivos, pérdida de oportunidades de venta, retornos de tropas, restricciones comerciales, menor producción de carne, leche y terneros, además del desgaste económico y familiar que sufren los productores.
Yrigoyen señaló que en años anteriores algunos predios podían presupuestar costos sanitarios vinculados a garrapata de entre 3 y 6 dólares por hectárea, pero que en situaciones recientes de alta carga parasitaria y resistencia los costos crecieron de forma muy marcada. En uno de los ejemplos presentados, se mencionaron pérdidas y gastos cercanos a los 40 dólares por hectárea.
El expositor insistió en la necesidad de realizar test de resistencia como punto de partida para un control más certero y económico. Según explicó, sin conocer el perfil de resistencia de la garrapata en cada predio, se corre el riesgo de aplicar productos que ya no funcionan, aumentando los costos y agravando el problema.
Productores y mirada regional
La transmisión en vivo también recogió testimonios de productores y participantes del encuentro. Rodrigo González, vinculado a la Asociación Agropecuaria de Salto y a la Federación Rural de Jóvenes, destacó que la garrapata dejó de ser un problema aislado para transformarse en un desafío nacional y regional.
Por su parte, el productor Fernando Lazada, del Norte del país, describió a la garrapata como un flagelo que golpea especialmente a los productores de esa zona. Señaló que el impacto económico no se mide solo en los kilos perdidos, sino también en el resultado final de los establecimientos. Además, planteó que se necesitan nuevas soluciones, ya que buena parte del problema está en el campo y no únicamente sobre el animal.
El simposio dejó planteada una preocupación común: la garrapata bovina es un problema sanitario, productivo, económico y ambiental que requiere coordinación. La participación de referentes de Uruguay, Argentina y Brasil permitió poner sobre la mesa experiencias distintas, pero atravesadas por una misma necesidad: mejorar el control, reducir pérdidas y proteger la viabilidad de los sistemas ganaderos. El desafío continúa…















