La 59ª edición en Paysandú volvió a convocar miles de visitantes, consolidándose como motor económico y cultural, con espectáculos, gastronomía, artesanía y propuestas para toda la familia.

La 59ª Semana de la Cerveza de Paysandú, celebrada del 28 de marzo al 5 de abril de 2026, volvió a transformarse en un fenómeno sociocultural y económico que va mucho más allá del predio ferial. Más de medio siglo después de su nacimiento, la fiesta es una marca identitaria: el diputado Walter Verri recuerda que solo quienes nacieron en Paysandú comprenden su importancia y que, pese a la profesionalización de la organización, el desafío es conservar la tradición sin dejar de innovar.
Las cifras evidencian su impacto. El director de turismo, Diego Torres, relató que las 3.000 camas disponibles se reservaron veinte días antes y que visitantes desbordaron hacia Salto y Colón. El diputado Fermín Fariña calcula que unas 200 000 personas —casi el doble de la población local— asistieron a la fiesta, generando un “derrame” en alojamiento, gastronomía, transporte y comercio. La Semana es una máquina económica que activa sectores formales e informales y, según la dirigencia, sus efectos se sienten todo el año.
Gastronomía, experiencias y consumo
El recorrido por el predio es un banquete sensorial. Stands como Choco Fruits —con su fuente de chocolate de ocho niveles— y Crepes Truck, veterano del evento, ofrecieron postres y snacks que sedujeron a familias y estudiantes. Visitantes comentaron que el secreto del éxito no está solo en la música, sino en compartir con amigos frente al río y en la diversidad de sabores y actividades.
No faltaron puestos de recuerdos: en uno de ellos se vendían jarras conmemorativas de los 100 años de Aníbal Zampallo y vasos con motivos locales, junto a juegos simples para niños. Otro ofrecía cócteles con y sin alcohol; allí preparaban limonadas con frutillas usando fruta fresca, cañitas ecológicas y la misma presentación que un trago tradicional para demostrar que se puede disfrutar sin riesgos.
Artesanos y creatividad en vivo
El sector artesanal aportó identidad. María Alvez exhibió ponchos y pashminas tejidos con lana hilada y teñida por ella y su hijo; cada pieza es única y la lana es apreciada por su capacidad térmica.
El escultor argentino Pablo David Mar, en tanto, convertía metales nuevos y reciclados en un águila ante la mirada del público; contó que protege sus obras con laca y que dejó la odontología para dedicarse al arte pese a las dificultades económicas. Su demostración convirtió el proceso creativo en parte del espectáculo.
Música y espectáculos para todos los públicos
La música fue la columna vertebral. La grilla combinó artistas nacionales e internacionales: Los Tekis trajeron su carnaval andino y reivindicaron la figura del “diablo” del norte argentino; Márama repasó su trayectoria desde fenómeno juvenil hasta banda madura y recordó con emoción su paso por Viña del Mar.
El colectivo Un Poco de Ruido revitalizó la cumbia y rindió homenaje a íconos como Leo Mattioli, Rodrigo Bueno y Los Palmeras. Socio Fundador, Luana, Chacho Ramos, Ángela Leiva, Cruzando el Charco, Ciro y los Persas, freestylers y Cazzu llenaron el anfiteatro de rock y trap; mientras que Paulo Londra encendió el sábado y Guerreras del K-Pop cerraron la fiesta familiar, según el programa oficial.
Deporte, cultura y participación
La agenda incluyó actividades deportivas y recreativas. El “8K de los Barrios” convocó a corredores; el concurso “Rey del Chopp” premió a quienes bebieron rápido y sin derramar; la carrera de mozos probó la habilidad de camareros con bandejas; y la regata Meseta de Artigas – Paysandú desafió a los remeros pese al mal tiempo.
En el predio también hubo artes marciales, boxeo y teatro. La entrenadora Natalia Fraga organizó exhibiciones con academias locales para acercar el boxeo a la comunidad; resaltó que los aspirantes pasan un año de entrenamiento recreativo y que el deporte fomenta disciplina y trabajo en equipo. El Ministerio de Asuntos Simbólicos presentó “teatro en movimiento”, donde actores improvisaban e interactuaban con el público, lo que requirió más de treinta funciones.





Turismo y proyección regional
La Semana se integró con el paisaje del litoral. Muchos visitantes aprovecharon para recorrer las termas de Guaviyú y Almirón, la Meseta de Artigas y Purificación.
El diputado Juan Gorosterrazú señaló que el festival activa un ecosistema productivo y llamó a fortalecer al turismo como pilar de desarrollo mediante mejores rutas, como modernizar la Ruta 4 para reducir tiempos desde Brasil y el norte, y atraer inversiones en hoteles, parques industriales y proyectos agroecológicos.
Tradición, desafíos y futuro
No todo es brillo: la presión sobre la infraestructura urbana, los precios de servicios y la convivencia entre comercios formales e informales generan tensiones. Sin embargo, autoridades y vecinos concuerdan en que la hospitalidad sanducera y la capacidad de adaptación son parte del encanto.
Fariña advierte que la sostenibilidad de la fiesta pasa por innovar continuamente para que las nuevas generaciones la sientan propia. La edición 2026 demostró que tradición e innovación pueden convivir.
Comunidad y economía social
La feria también albergó cooperativas solidarias comprometidas con la economía social. Manos Artesanas, integrada por mujeres de Rivera, presentó textiles, cerámica, macramé y bisutería hechos con materiales reciclados. Señalaron que buscan mostrar identidad y sustentabilidad, diversificando la oferta artesanal del norte y planean abrir un local estable en la terminal de su ciudad.
El carácter integrador de la Semana se percibía en rincones improvisados: grupos de amigos se reunían para charlar, jugar tateti o simplemente “hacer rueda” mientras probaban comidas y bebidas. Pese al crecimiento y la llegada de nuevas generaciones, muchos coincidieron en que la esencia sigue intacta: una fiesta donde convergen familias, jóvenes, amantes de la música y la buena comida.
Una experiencia que trasciende el evento
Cuando se apagan las luces del anfiteatro y desaparece el último acorde, queda la certeza de que la Semana de la Cerveza es mucho más que un festival. Es un espejo donde se reflejan la identidad y la resiliencia de Paysandú, un motor que empuja la economía regional y una invitación a recorrer una tierra donde la tradición convive con la modernidad. Para entender su esencia hay que vivirla con los cinco sentidos y ser parte de la comunidad que la hace posible.






















