Sandra Cabrera: “Con lucha, con respeto y pensando siempre en ellos… se sale adelante”

Sandra Cabrera fue reconocida por la Junta Departamental tras una vida marcada por el trabajo, la maternidad, la educación de sus hijos y el esfuerzo constante.

Sandra Cabrera: una vida de lucha, trabajo y familia

A sus 60 años, Sandra María Cabrera Salvarrey mira hacia atrás con la tranquilidad de quien ha recorrido un largo camino sin apartarse de sus valores. Este año fue reconocida por la Junta Departamental, un momento que la sorprendió profundamente.

“No me salieron palabras, de verdad… no me salía nada, nada. Lo único que pude decir fue ‘gracias’”, recuerda, aún conmovida por ese gesto que, para ella, resume una vida entera de trabajo silencioso.

- espacio publicitario -SOL - Calidez en compañía

Madre de tres hijos, su historia de maternidad comenzó muy temprano. “A los 18 fui mamá por primera vez”, cuenta. Con el paso del tiempo, la vida le presentó desafíos importantes, entre ellos una separación que la dejó sola con sus hijos pequeños. “Cuando la más chica tenía dos años me divorcié… y ahí salí a trabajar con ellos chiquitos, los dos más chicos conmigo. Y bueno… como se podía, con lo que había, pero siempre para adelante”, relata.

Desde ese momento, el trabajo se convirtió en su principal herramienta para sostener el hogar. “Fui multi rubro, como decía mi esposo”, dice entre risas. Su recorrido laboral fue amplio y sacrificado ya que trabajó como auxiliar de servicio en el hospital, en chacras arrancando frutillas, como modista y también preparando tortas fritas. “Trabajé en lo que saliera… en el hospital, en las chacras, de modista… todo para la crianza de los gurises”, explica. Y resume su filosofía con una frase sencilla pero contundente , “con lucha se saca todo adelante, con altos y bajos, pero se sale”.

Ese esfuerzo constante tuvo siempre como motor clave a sus hijos. “Te sacan fuerza, sí… te dan fuerza para seguir por ellos y para ellos”, expresa. En medio de las dificultades, Sandra nunca perdió de vista lo que consideraba fundamental en la crianza. “Siempre digo que una mujer sola puede sacar a sus hijos adelante… se puede”, afirma con convicción. Y agrega que «el estudio es la herencia más grande que uno les puede dejar… porque mamá y papá te pueden dar cosas, pero después tenés que valerte por vos mismo”.

Esa apuesta por la educación dio sus frutos. Sus tres hijos completaron sus estudios y hoy tienen sus trabajos y sus familias formadas. “Todos hicieron escuela y liceo… y hoy están con sus trabajos, con sus parejas. Eso es lo importante”, señala con orgullo.

El acompañamiento cotidiano fue otro de los pilares de su maternidad. “Yo siempre los llevaba y los iba a buscar… desde jardín, primero, hasta sexto año, siempre estaba”, recuerda. Incluso cuando el trabajo apretaba, buscaba la forma de estar presente. “Después en el liceo costaba un poco más, por los horarios y los trabajos, pero igual uno estaba, como podía”, dice.

Hoy, además, disfruta de su rol de abuela. “Tengo dos nietos hermosos… verlos crecer es una alegría muy grande”, comparte, dejando ver una nueva etapa que también la llena de sentido.

Hace ya casi 12 años, Sandra inició otra etapa laboral que se volvió parte de su identidad su carrito de venta de panchos . La oportunidad surgió de manera inesperada. “Yo le pregunté a una vecina si no lo vendía… al principio me dijo que no, pero después me llamó, que ya no podía seguir, y ahí lo compramos”, recuerda. Al principio era pequeño, pero con el tiempo lo fue mejorando. “Era chiquito, chiquito… y de a poco lo fuimos agrandando”, cuenta.

Desde entonces, el carrito ha sido parte de su rutina diaria. “Frío, calor, como venga… siempre cumpliendo, siempre trabajando”, afirma. Más que un medio de vida, se transformó en un símbolo de su constancia y su capacidad de salir adelante.

Cuando se le pregunta por su mayor orgullo, no duda en responder que “ver a mis hijos bien, verlos con su familia… eso es lo más lindo”. Recuerda especialmente que, pese a crecer en un contexto difícil, sus hijos mantuvieron el rumbo. “A pesar de que quedé sola con ellos chicos, nunca se les dio por ir por mal camino. Yo siempre traté de que siguieran una buena conducta… y gracias a Dios, eso dio sus frutos”, dice.

Su historia refleja la de tantas mujeres que, con esfuerzo y determinación, sacan adelante a sus familias. Pero también muestra el valor de una crianza basada en el respeto, la educación y el ejemplo. Hoy, con el reconocimiento recibido y el cariño de sus seres queridos, Sandra sigue firme en sus convicciones. “Con lucha, con respeto y pensando siempre en ellos… se sale adelante”.

EMI
Enlace para compartir: https://elpueblodigital.uy/8wo0