Salto no puede seguir esperando

La crisis fronteriza golpea a Salto y reabre el reclamo por más apoyo, IMESI al 40% y una política permanente para proteger empleo e inversión.

PABLO CONSTENLA

Diputado Partido Nacional
2025-2030

La situación económica que atraviesa nuestro departamento vuelve a encender señales de alerta. No se trata de una discusión teórica ni de una disputa política más. Es una realidad que se observa todos los días al recorrer la ciudad, conversar con comerciantes, escuchar a quienes buscan trabajo o hablar con familias que ven cómo cada vez cuesta más sostener una actividad económica.

Salto ha demostrado históricamente una enorme capacidad de trabajo y resiliencia. Pero también es cierto que existen circunstancias que exceden el esfuerzo individual y que requieren respuestas desde el Estado. Hoy estamos frente a una de ellas.

La creciente diferencia de precios con Argentina vuelve a golpear con fuerza a nuestra economía. Miles de uruguayos cruzan la frontera buscando productos y servicios más baratos, generando un impacto directo sobre el comercio local, especialmente sobre las pequeñas y medianas empresas que constituyen una parte fundamental del tejido económico de nuestro departamento.

Las consecuencias están a la vista. Menos ventas, menor actividad, inversiones que se postergan y una preocupación creciente por el empleo. Quienes recorremos permanentemente el departamento escuchamos el mismo planteo una y otra vez: la sensación de que Salto enfrenta problemas específicos sin encontrar respuestas acordes a su realidad.

En ese contexto, la reducción del descuento del IMESI aplicada por el Gobierno resulta difícil de comprender. Cuando la brecha de precios con Argentina vuelve a ampliarse y la competitividad de nuestra frontera se deteriora, lo razonable sería fortalecer las herramientas de apoyo existentes y no debilitarlas.

Desde nuestro lugar hemos planteado claramente que el descuento del IMESI debería volver al 40% y mantenerse de forma permanente. No sujeto a revisiones periódicas, ni a modificaciones constantes que generan incertidumbre en comerciantes, empresarios y consumidores. La frontera necesita previsibilidad. Quienes invierten, generan empleo y sostienen la actividad económica necesitan saber cuáles serán las reglas de juego.

Sabemos perfectamente que el descuento del IMESI no resuelve por sí solo los problemas estructurales de Salto. Nadie puede sostener seriamente algo así. Pero sí constituye un paliativo importante para amortiguar los efectos de las asimetrías fronterizas y defender la actividad económica local mientras se avanza en soluciones de fondo.

Y justamente allí está el principal desafío. Salto sigue necesitando una verdadera política de frontera. No parches transitorios ni medidas coyunturales que cambian según las circunstancias. Necesitamos una Ley de Frontera que reconozca las particularidades de los departamentos que conviven diariamente con estas asimetrías y que establezca instrumentos permanentes para promover la inversión, proteger el empleo y fortalecer la competitividad.

Al mismo tiempo, debemos impulsar una agenda de desarrollo que aproveche las enormes fortalezas de nuestro departamento. La logística, el turismo, la producción agropecuaria, la citricultura, los servicios y la educación superior son áreas con un potencial enorme que requieren planificación, inversión y acompañamiento.

Salto tiene recursos, capacidad emprendedora y una ubicación estratégica privilegiada. Lo que muchas veces ha faltado es una mirada nacional que comprenda la magnitud de los desafíos que enfrentamos y actúe en consecuencia.

Como representante de los salteños seguiré insistiendo en estos planteos, porque detrás de cada comercio que cierra, de cada inversión que no llega y de cada puesto de trabajo que se pierde, hay personas concretas, familias concretas y proyectos de vida concretos.

La frontera no puede seguir siendo observada únicamente cuando el problema ya es evidente. Es momento de asumir que Salto necesita medidas urgentes, decisiones firmes y una estrategia de largo plazo. Porque cuando se protege el trabajo, la producción y la inversión en el interior del país, no se está ayudando solamente a un departamento: se está fortaleciendo al Uruguay entero.

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