“Crónicas de antaño” regresa para encantar

A medio siglo de su desaparición física, la ciudad de Salto reivindica la figura de Arturo Aníbal Gagliardi, cronista esencial de la memoria local. Sus textos volverán a cobrar vida en un escenario cargado de historia, el emblemático Gran Hotel Concordia.

Salto homenajea a Arturo Aníbal Gagliardi a 50 años de su desaparición física

El próximo homenaje en el Gran Hotel Concordia celebrará la vigencia de un cronista que dibujó la identidad de su pueblo con palabras y trazos. Salto se prepara para una cita con su propia historia.

Arturo Anibal Gagliardi Almeida nació en Belen el 11 de octubre de 1923 y fallecio en Salto el 24 de abril de 1976.

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Este 2026 no es un año cualquiera para la cultura local, se cumple medio siglo de la desaparición física de Arturo Aníbal Gagliardi, el hombre que dedicó su vida a rescatar del olvido los rostros, las anécdotas y las calles del “Salto de ayer”.

Como parte de este aniversario, se ha anunciado la presentación de sus crónicas en el Gran Hotel Concordia, un espacio que respira la misma nostalgia y señorío que Gagliardi plasmó en sus textos. La obra del autor, lejos de quedar detenida en el tiempo, ha cobrado una renovada vigencia como documento antropológico y emocional de una ciudad en constante transformación, pero que reconoce en Gagliardi a uno de sus narradores más lúcidos.

UN LEGADO DE TINTAS Y LÁPIZ

Gagliardi fue mucho más que un escritor. Bajo el seudónimo de “Latín”, sus caricaturas retrataron con agudeza la psicología de una sociedad en crecimiento. Como docente de dibujo, además, formó generaciones de salteños en la sensibilidad estética.

Sin embargo, fueron sus “Crónicas de Antaño” las que lo consagraron como guardián de la memoria local. Su estilo —cálido, preciso y profundamente humano— permitió que personajes populares, antiguos gremios y escenas cotidianas no se perdieran en la bruma del tiempo.

Hoy, sus escritos continúan siendo fuente de consulta para historiadores, estudiantes y lectores interesados en comprender las raíces del “Salto Oriental”.

UNA CITA CON LA HISTORIA

La elección del Hotel Concordia no es casual. Como el hotel más antiguo del país y Monumento Histórico Nacional, el edificio ofrece el marco ideal para honrar a un hombre que supo mirar su ciudad con sensibilidad artística y vocación documental. El evento, impulsado por su familia y gestores culturales, no solo busca rendir homenaje al profesor y al artista, sino también acercar su obra a nuevas generaciones, en un gesto de continuidad cultural.

Me detengo un instante aquí para agradecer a Celia, hija de Arturo, quien me proporcionó fotos y datos, a Henie Gallino por el contacto y aportes.

CELIA NOS CUENTA

“Mi hermano y yo crecimos en libertad, rodeados de libros de literatura, poesía, filosofía, historia, etc, lo que permitió hermosos debates en la sobremesa y en las tertulias de tarde noche.

Mi padre escribió cuatro libros sobre Salto. Ellos fueron: “En el viejo Salto”, “Transcurrir de Salto”, “Crónicas de Antaño” y “Guía de la Evolución Cultural de Salto”. A través de una prosa ágil y comprometida, reconstruye los procesos que dieron forma a la ciudad, desde sus orígenes coloniales, sin soslayar los naturales conflictos sociales.

OTROS DE SUS LIBROS FUE “VIAJE AL PAÍS DEL MURO”

A raíz de que él fue uno de los fundadores de la Institución HUMBOLT HAUS, (de origen alemán), vinculado al instituto Goethe. En reconocimiento a su capacidad de trabajo, sus dotes intelectuales y fino espíritu de artista, se lo invitó a recorrer la República Federal Alemana en 1965.

La experiencia personal del autor, durante su estancia en la Alemania dividida por el muro de Berlín, fue un testimonio que se convierte en un relato vivido, de la Alemania dividida por fronteras artificiales, con tensiones y esperanzas (porque nada puede ni debe dividir a un pueblo).

La presentación de este Libro “Crónicas de Antaño” será coincidente con el comienzo del invierno, el 23 de junio, Día de San Juan, donde fiel a la tradición, lanzaremos a la hoguera, nuestros pedidos escritos en las Cédulas de San Juan, para luego degustar el rico vino de la familia MORI MAGLIO.

DATOS FAMILIARES BRINDADO POR CELIA

Otros recuerdo de Celia sobre su padre, un hombre cuya vida estuvo profundamente ligada a la educación, la cultura y el impulso intelectual de Salto en décadas donde enseñar también significaba construir ciudadanía. Y un aspecto familiar que nos apunta: “Mis padres se casaron el 31 de enero de 1948”, cuenta al evocar la unión entre Arturo Aníbal Gagliardi e Higinia Pose Pecoche, dos figuras que desde distintos ámbitos dedicaron su vida al servicio público y social. De aquel matrimonio nacieron Milton, luego médico psiquiatra, y la propia Celia, maestra, profesora de Derecho y Ciencias Sociales y educadora de adultos y extraedad.

La historia familiar parece atravesada por una idea casi antigua —y hoy profundamente necesaria— de vocación. Mientras Higinia Pose desarrollaba una destacada carrera en la lucha antituberculosa, llegando a desempeñarse como Inspectora Nacional, Arturo Aníbal se movía entre aulas, oficinas y proyectos culturales con la naturalidad de quien entendía que educar no era solamente enseñar materias, sino abrir mundos.

Profesor de Dibujo, gerente del Centro Comercial e Industrial de Salto, director del Liceo Nocturno y del Liceo de Bella Unión, además de Secretario General de Educación Secundaria, Gagliardi formó parte de una generación de educadores que veía en la enseñanza una herramienta de transformación social.

Pero quizás uno de sus mayores legados haya sido la creación del Instituto Ariel, el primer preparatorio privado de Salto. Funcionaba en calle Uruguay esquina Soca, sobre la tradicional tienda París-Londres, y allí se mezclaban conocimientos prácticos, idiomas y actividades culturales en una propuesta educativa sorprendentemente moderna para la época.

“Se daba inglés, clases de máquina y taquigrafía”, recuerda Celia. La taquigrafía —esa escritura veloz utilizada para registrar sesiones y discursos— era entonces una herramienta indispensable para el mundo administrativo y político.

Sin embargo, el Instituto Ariel era mucho más que un centro de estudios. Bajo la conducción de Arturo Gagliardi y su socio Niber Arrigoni, funcionario y cajero del Banco República, el lugar se convirtió en un verdadero foco cultural salteño. Allí funcionó un cine club, una biblioteca, talleres de filatelia y hasta clases de bailes españoles.

Hoy puede parecer extraño que un instituto educativo reuniera cine, estampillas, literatura y danza bajo un mismo techo. Pero había en aquella visión una intuición profundamente humanista, la cultura no debía fragmentarse. Aprender inglés podía convivir perfectamente con descubrir a un poeta o escuchar música clásica.

Por aquellas aulas también pasaron docentes recordados por generaciones de estudiantes, como Brandon y Villar, además de profesoras de inglés de apellido Taffernaberry, una de las cuales, recuerda Celia, terminó radicándose en Estados Unidos.

La actividad cultural impulsada por Gagliardi trascendía incluso al Instituto Ariel. Según relata su hija, fue él quien llevó músicos del SODRE a la Sociedad Humboldt, cuando esta funcionaba en calle Invernizzi entre Uruguay y Brasil. Antes había funcionado en una antigua casa ubicada en Soca entre Brasil y Uruguay, propiedad del doctor Simonet.

En aquellos espacios se realizaban además presentaciones de libros, encuentros poéticos y exposiciones de arte. Celia recuerda especialmente actividades vinculadas a la poeta Marosa di Giorgio y muestras del artista Milans Martínez, en una época donde Salto respiraba una intensa vida cultural muchas veces olvidada por los relatos oficiales.

EN EL VIEJO SALTO (FRAGMENTO DEL LIBRO)

“Los pueblos, las ciudades, tienen su alma y su fisonomía física al igual que los hombres. Tienen su pasado, su presente y tendrán una señal en los tiempos o pasan desapercibidas; y a veces hasta desaparecen de la faz de la tierra, sin dejar rastros, o los dejan para descubrirse después de siglos.

Nuestro Salto tiene el privilegio de estar dejando constantemente rastros de su vida, ha tenido la virtud de haber crecido y vivido intensamente, de habernos dejado sus hijos del ayer una sólida base de cultura, de progreso, de intenso vivir que, a quienes transitamos en este presente – futuro para aquellos que ya se fueron – nos cabe la responsabilidad grande de mantener llenos los cálices de la actividad que nos guarda de caer en el olvido o dormir sobre los atributos de pasadas glorias.

Salto no nació por uno de esos azares como de los que han nacido tantos pueblos. No fueron apareciendo ranchos a lo largo de un camino. Su nacimiento se debió a un propósito preestablecido, por interés geográfico o militar, pero decidido sí por quienes regían nuestros destinos en el siglo 18. Un rincón ancho y manso río, a veces embravecido por las turbulentas aguas de una crecida.

Un arrullo de cascadas que hacían más limpias sus aguas; el encuadre entre el Sauzal y el Ceibal, y los montes cimarrones del Este, ubicaron a Salto dentro de un paisaje acuchillado, que a la vista, desde el atalaya del Cerro se encuentran siempre con distintos y hermosos aspectos cada mañana.

Las luchas por la emancipación y luego las fratricidas, encontraron siempre a Salto en el cruce de los caminos. Primeros los indios – empujados cada vez más al Norte por la civilización – acosaban a Salto con sus malones, luego Artigas en viaje al Ayuí dejó sus huellas con sabor a patria; más tarde la Guerra Grande trajo dolor y miedo ante el paso de las fuerzas de Rosas y finalmente los últimos brillos de los turbulentos caudillos blancos y colorados, hicieron cambiar de mano nuestra villa muchas veces.

Incontables aconteceres bélicos sucedieron a Salto durante el siglo pasado (XIX), hasta que tantas decisiones logradas por la fuerza, se acabaron con el año cuatro (1904). Sin embargo, ni el ruido de las armas ni el olor a pólvora cercana, hizo cambiar la elaboración del espíritu civilista de Salto, que jamás, en aquellos bravos tiempos, antepuso la espada al crescendo espiritual, al empuje cultural de sus hijos, al destino de un pueblo industrioso, que si bien participaba de las tremendas contiendas políticas no perdió de vista nunca el deseo de progresar con el trabajo y sobre todo con el cultivo del intelecto”.

EL ORGULLO DE SER SALTEÑO

Sin dudas que apenas abrimos la puerta del mundo literario de Arturo Aníbal Gagliardi. Un mundo que atrapa, que transporta y nos contacta con nuestro ayer, con nuestra historia, y nos da alas para volar por esos cielos que hicieron tan particular a Salto y que nos hacen sentir tan orgulloso de nuestro terruño.

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