Salto enfrenta un preocupante aumento de la violencia

La creciente sucesión de hurtos, rapiñas y amenazas preocupa a comerciantes y vecinos, pese a la mayor presencia policial en las calles.

Lentamente, la violencia en menor o mayor escala se hace presente en la ciudad de Salto

Lamentablemente, todos los días los medios de prensa llenan sus páginas policiales con diversos hechos delictivos: balaceras, rapiñas a mano armada, hurtos de motocicletas mediante amenazas con cuchillos en la zona del estadio Arnoldo Bernasconi y robos en comercios. En definitiva, nuestra ciudad ya no es la misma de antes.

Todos estos delitos, y muchos más, ocurren en la capital del país. Sin embargo, Salto tiene apenas algo más de cien mil habitantes y el incremento de los hechos delictivos resulta evidente. No se puede comparar esta realidad con la de Montevideo, que cuenta con alrededor de un millón y medio de personas.

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La situación se agravó con la llegada del invierno, cuando muchos desconocidos perpetran hurtos en comercios locales, principalmente en aquellos que venden alimentos y deben permanecer abiertos durante varias horas. Incluso extienden sus horarios para intentar vender un poco más, debido a que la situación económica es difícil.

Por suerte, tenemos una Policía eficiente y, en la actualidad, se nota una mayor presencia de efectivos policiales en las calles. Sin embargo, esa realidad no resulta ajena a lo que está ocurriendo en nuestra sociedad.

Algunas personas que viven en refugios o, fundamentalmente, en la calle deambulan durante el anochecer por pequeños comercios, principalmente almacenes. Cuando observan que el lugar está prácticamente vacío, ingresan y piden dinero. Si se les niega, insultan o amenazan a los propietarios, sustraen algún artículo y se retiran.

Quienes se animan a poner en funcionamiento un comercio, con mucho esfuerzo, están expuestos a este tipo de situaciones. Deben permanecer siempre atentos a lo que sucede a su alrededor para evitar ser víctimas de un hurto, una problemática que viene creciendo en la capital salteña.

Es decir, muchas personas trabajadoras, principalmente propietarios de locales comerciales que cumplen extensas jornadas, están expuestas a este tipo de violencia y prepotencia, que deben soportar ante la presencia de individuos marginales.

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