La propuesta de declarar plazas y parques de Salto como zonas libres de humo y alcohol abre un debate sobre salud, convivencia y libertad individual.
La Reinvención del Espacio Público en Salto

La propuesta del Gobierno Departamental de Salto para declarar determinadas plazas, parques y espacios recreativos como zonas libres de humo y alcohol ha instalado un debate de profunda relevancia en la agenda local. Esta iniciativa, como detalla el Informe – Introducción, se inserta dentro de la robusta tradición uruguaya de control del tabaquismo iniciada bajo la presidencia del Dr. Tabaré Vázquez, cuando se prohibió el consumo en espacios cerrados. El desafío en Salto traslada este paradigma al exterior, abriendo interrogantes sobre el poder de las decisiones colectivas para moldear hábitos, promover el bienestar general y construir una sociedad consciente de la responsabilidad compartida en el cuidado de la salud pública.
Desnormalización del Consumo y Protección de la Infancia
El impacto de limitar el cigarrillo y el alcohol en las áreas comunes de la ciudad trasciende con creces el plano de la salud médica o biológica individual. Desde una perspectiva analítica profunda, la Lic. Daniela Todoroff explica que el verdadero valor de estas medidas radica en su capacidad para modificar el mensaje implícito que recibe la sociedad: al disminuir drásticamente la visibilidad del hábito en los entornos que recorremos día a día, se rompe de forma paulatina la asociación social histórica que existe entre los momentos de ocio, el esparcimiento y el consumo de tabaco.
Esta intervención simbólica resulta verdaderamente crítica cuando se analiza el comportamiento de las infancias y las adolescencias. Los menores de edad configuran su mapa conductual y de valores en gran medida mediante el aprendizaje por imitación y la observación de su entorno. Cuando el acto de fumar deja de estar expuesto ante sus ojos de forma naturalizada en los paseos públicos, pierde de inmediato su atractivo social y se debilita el impacto de los modelos adultos que, de manera inconsciente, legitiman dichas adicciones.
Esta postura es compartida y reforzada desde el plano político por el edil del Partido Colorado, el Dr. Matías Suárez, quien ha manifestado un firme respaldo a la apertura de este debate departamental. Suárez fundamenta su postura en la necesidad urgente de recuperar las plazas y los parques para el disfrute seguro de las familias, los niños y los jóvenes. En sus declaraciones, el legislador advierte que permitir la libre expresión de prácticas vinculadas al consumo de alcohol o cigarrillos en infraestructuras recreativas infantiles termina por generar una aceptación social temprana de estas sustancias. Por consiguiente, la regulación opera como una barrera preventiva esencial frente al avance de las adicciones en los sectores más vulnerables de la población salteña.
Tensión entre Libertad Individual y Bienestar Colectivo
La regulación en áreas abiertas genera lógicas rispideces en torno a los derechos individuales. Desde la psicología, la Lic. Todoroff identifica el fenómeno de «reactancia psicológica», una tendencia emocional en la que el sujeto, al sentir limitada su autonomía, puede transformar el acto de fumar en una afirmación de independencia frente al control externo. Por ello, señala que el éxito de la regla depende de su legitimidad y de cómo se comunique socialmente.
Frente a este dilema, el Encargado de los Servicios Generales de Salud e Higiene, Carlos Silva, argumenta que el Estado tiene la responsabilidad de preservar los ámbitos comunes en condiciones saludables. Silva aclara que no se busca perseguir ni criminalizar al fumador, sino delimitar espacios sensibles —como circuitos deportivos y áreas recreativas— para garantizar ambientes libres de humo, vapores y alcohol. Sostiene que la salud pública también se defiende en los hábitos urbanos y las señales culturales que damos en las plazas, una postura compartida por el Dr. Suárez, quien recuerda el amparo constitucional que legítima reglamentar libertades por razones de interés general.
Del Límite Normativo al Cuidado Comunitario y la Inclusión
Una postura crítica proviene del edil del Frente Amplio, Mario Furtado, quien comprende el reclamo vecino pero rechaza que la solución pase exclusivamente por prohibiciones estrictas o medidas represivas. Furtado advierte que una normativa basada solo en la restricción corre el riesgo de ser centralista: «se lo hace en el centro, pero no en el barrio», trasladando el problema hacia la periferia sin resolver el trasfondo. Para él, las políticas eficientes se construyen generando acuerdos, prevención educativa y escuchando a la oposición.
Esta necesidad de una mirada humana es desarrollada por la psicóloga social comunitaria Evangelina Olguín, quien pide no reducir la discusión a una lógica punitiva. Olguín resalta que, tras el aislamiento vivido en los últimos años, el encuentro físico en el espacio público es una necesidad imperiosa para sostener la salud social y emocional. Para ella, estos lugares cumplen una función educativa invaluable: «Una plaza también educa. Educa en cómo convivimos, en cómo compartimos el espacio y en qué lugar le damos al otro dentro de la comunidad», sugiriendo potenciar la convivencia mediante el arte, la cultura y los espacios participativos intergeneracionales que dinamicen el entorno.
Concientización y Consenso como Estrategia de Cambio Cultural
El diagnóstico territorial confluye en que el éxito normativo en Salto dependerá de tejer consensos. El edil del Partido Nacional, Jonnathan Aramburo (fumador que respalda la medida), afirma que el proyecto es un cambio de paradigma alineado al Ministerio de Salud Pública. Indica que la primera herramienta debe ser la concientización y la señalización clara. Aunque reconoce que ante incumplimientos de la ley se aplicarán multas mediante la ley de faltas, el fin último es el cambio cultural. Como concluye el Informe – Introducción, la experiencia uruguaya demuestra que normas inicialmente resistidas —como el casco o el cinturón de seguridad— terminan naturalizándose cuando el ciudadano asimila que la aparente limitación inicial se convierte en una práctica valorada para el cuidado colectivo.
Prohibición de fumar en espacios públicos: cómo las normas pueden cambiar conductas y transformar la convivencia social
La propuesta impulsada por el Gobierno Departamental de Salto para prohibir el consumo de tabaco en plazas, parques y otros espacios públicos, ha generado un intenso debate ciudadano. La iniciativa, que se enmarca en la larga tradición de Uruguay en materia de control del tabaquismo, no solo busca proteger la salud de las personas frente al humo de segunda mano, sino, también, promover cambios culturales profundos en la forma en que la sociedad se relaciona con el cigarrillo.
El proyecto pone sobre la mesa una pregunta de enorme interés para la psicología y las ciencias sociales: ¿hasta qué punto una norma jurídica puede modificar hábitos arraigados durante décadas y contribuir a construir nuevas formas de convivencia?
UN CAMBIO CULTURAL QUE YA COMENZÓ HACE AÑOS
Durante buena parte del siglo XX, fumar fue una práctica ampliamente aceptada. En oficinas públicas, restaurantes, hospitales, centros educativos y hasta en medios de transporte, el cigarrillo formaba parte del paisaje cotidiano. En muchos ámbitos, incluso se asociaba con ideas de prestigio, sofisticación o independencia.
Esa realidad comenzó a cambiar de manera drástica cuando Uruguay adoptó una de las políticas antitabaco más avanzadas del mundo. Bajo la presidencia de Tabaré Vázquez, médico oncólogo de profesión, el país prohibió fumar en espacios cerrados de uso público y estableció fuertes restricciones a la publicidad y comercialización de productos de tabaco.
En su momento, algunos sectores pronosticaron que las medidas serían imposibles de aplicar y generarían rechazo masivo. Sin embargo, con el paso del tiempo, la sociedad incorporó esas reglas con naturalidad. Hoy resulta difícil imaginar que alguna vez se fumara dentro de un hospital, un ómnibus o un restaurante.
LA INFLUENCIA DE LAS NORMAS EN EL COMPORTAMIENTO HUMANO
Desde la psicología social, las normas cumplen una función decisiva en la organización de la conducta colectiva. No solo establecen qué está permitido y qué está prohibido, sino que también envían mensajes sobre aquello que la sociedad considera deseable o perjudicial.
Cuando una conducta comienza a ser restringida, muchas personas revisan sus hábitos y sus percepciones. Lo que antes parecía normal puede pasar a considerarse inconveniente o socialmente inaceptable.
Este fenómeno puede observarse en múltiples ejemplos: el uso obligatorio del cinturón de seguridad, la prohibición de conducir bajo efectos del alcohol, la obligación de utilizar casco en motocicletas, la restricción de fumar en lugares cerrados, las campañas para reducir el uso de bolsas plásticas.
En todos estos casos, las normas no solo impusieron obligaciones, sino que ayudaron a modificar costumbres profundamente arraigadas.
EL EFECTO SOBRE NIÑOS Y ADOLESCENTES
Uno de los principales objetivos de este tipo de políticas es proteger a las nuevas generaciones. Los niños y adolescentes aprenden observando la conducta de los adultos. Cuando fumar deja de ser una práctica visible y habitual en espacios de recreación, disminuye la posibilidad de que se perciba como algo natural o socialmente atractivo.
Una plaza libre de humo transmite un mensaje claro: el espacio público es un lugar de encuentro, recreación y cuidado colectivo.
La experiencia internacional muestra que reducir la exposición social al tabaco contribuye a desalentar el inicio del consumo en edades tempranas. Esto resulta especialmente relevante en un contexto en el que la prevención es considerada la herramienta más eficaz para combatir las adicciones.
LIBERTAD INDIVIDUAL Y RESPONSABILIDAD COLECTIVA
Las restricciones al tabaquismo suelen abrir una discusión entre dos valores fundamentales: la libertad individual y el derecho de la comunidad a gozar de ambientes saludables.
Desde la psicología, esta tensión es habitual. Las personas pueden percibir ciertas limitaciones como una intromisión en sus decisiones personales. No obstante, cuando comprenden que la norma busca proteger a terceros y favorecer el bienestar general, la resistencia inicial tiende a disminuir.
Algo similar ocurrió con las leyes de tránsito. Hoy la mayoría acepta como natural que no se pueda conducir a alta velocidad en zonas urbanas o manejar sin cinturón, aunque en su momento esas reglas también fueron cuestionadas.
LA IMPORTANCIA DEL EJEMPLO Y DEL CONSENSO SOCIAL
Las normas son más eficaces cuando van acompañadas de educación, campañas de concientización y liderazgo institucional. Si la ciudadanía entiende los motivos de la medida y percibe que responde a un interés legítimo, es más probable que la incorpore voluntariamente.
El ejemplo de los adultos y de las autoridades también cumple un rol clave. Las conductas saludables tienden a consolidarse cuando son visibles y consistentes en toda la comunidad.
SALTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE NUEVOS HÁBITOS
En el caso de Salto, la iniciativa puede representar un paso importante hacia la consolidación de espacios públicos más saludables. Plazas, costanera, parques y complejos termales son ámbitos de intensa vida social y turística, frecuentados por familias y visitantes.
La eventual aprobación de la normativa podría reforzar una cultura de mayor respeto por el entorno y por la salud de quienes comparten esos lugares.
MÁS QUE UNA PROHIBICIÓN
Para la psicología social, este tipo de medidas no debe entenderse únicamente como una restricción. También constituye una señal cultural acerca de los valores que una comunidad decide priorizar.
Cuando una sociedad establece que determinados espacios deben estar libres de humo, está afirmando que la salud, la convivencia y la protección de los más vulnerables merecen una tutela especial.
La experiencia uruguaya demuestra que las normas, cuando cuentan con respaldo social y fundamentos sólidos, pueden modificar conductas y generar transformaciones profundas. Lo que en un comienzo parece una limitación puede convertirse, con el tiempo, en una práctica aceptada y valorada por la mayoría.
La discusión en Salto, por lo tanto, trasciende la regulación del tabaco. Invita a reflexionar sobre el poder de las decisiones colectivas para moldear hábitos, promover bienestar y construir una sociedad más consciente de la responsabilidad compartida en el cuidado de la salud pública.
Carlos Silva:
«No se trata de imponer, sino de cuidar»

El Encargado de los Servicios Generales de Salud e Higiene del Gobierno de Salto, Carlos Silva, se refirió a la propuesta que busca declarar determinadas plazas y espacios públicos como “zonas libres de humo y alcohol”, destacando que se trata de una iniciativa alineada con las políticas nacionales de salud pública y orientada a proteger los espacios de convivencia ciudadana.
En ese sentido, Silva expresó que “la propuesta de declarar determinadas plazas y espacios públicos de Salto como ‘zonas libres de humo y alcohol’ constituye una medida moderna, responsable y profundamente alineada con las políticas de salud pública que Uruguay ha impulsado durante muchos años a nivel nacional e internacional”.
Desde el área de Salud, Higiene y Ambiente, el jerarca remarcó que el objetivo principal no es sancionar conductas individuales, sino garantizar ámbitos saludables para toda la comunidad, especialmente para niños y familias que utilizan esos espacios a diario.
“Desde el Departamento de Salud, Higiene y Ambiente estamos convencidos que esta iniciativa no busca perseguir ni señalar a nadie, sino proteger espacios de convivencia que son utilizados diariamente por niños, adolescentes, adultos mayores y familias enteras. Las plazas son espacios de recreación, deporte, encuentro y desarrollo social. Y justamente por eso, el Estado tiene la responsabilidad de preservarlos en condiciones saludables”.
Silva recordó además el proceso que vivió Uruguay con las políticas antitabaco impulsadas a nivel nacional, señalando que en su momento también existieron cuestionamientos, aunque con el paso del tiempo fueron ampliamente aceptadas por la sociedad.
“Uruguay fue reconocido mundialmente por sus políticas antitabaco. Aquellas decisiones que en su momento también fueron cuestionadas por algunos sectores, hoy son vistas como avances indiscutibles en la defensa de la salud de la población. Nadie discute actualmente que fue correcto proteger a las personas del humo en lugares cerrados, en espacios laborales o gastronómicos. Este proyecto va en la misma línea: seguir ampliando entornos saludables, especialmente en lugares donde conviven menores de edad”.
Limitaciones a las libertades individuales
En relación a las críticas que señalan posibles limitaciones a las libertades individuales, el encargado de Salud e Higiene sostuvo que el debate es legítimo, aunque consideró necesario contemplar el interés general y el derecho colectivo a la salud.
“Quienes hablan de una supuesta ‘falta de libertad’ plantean una discusión válida, pero parcial. Porque en toda sociedad democrática las libertades individuales conviven con límites razonables vinculados al interés general y al derecho de terceros. La libertad de una persona no puede significar la afectación de la salud o del bienestar de otra. Y eso es justamente lo que el proyecto contempla y fundamenta claramente desde el punto de vista constitucional y sanitario”.
Asimismo, aclaró que la propuesta no implica una prohibición generalizada, sino la regulación específica de determinados espacios considerados sensibles por la presencia permanente de menores y actividades recreativas.
“Aquí no se está prohibiendo fumar en toda la ciudad, ni se está ‘criminalizando’ conductas individuales. Lo que se hace es delimitar determinados espacios públicos altamente sensibles, plazas con presencia constante de niños, circuitos recreativos y áreas deportivas para garantizar que quienes concurren puedan hacerlo en un ambiente libre de humo, vapores tóxicos y consumo de alcohol o sustancias psicoactivas”.
Silva aseguró además que la iniciativa ha tenido una importante aceptación por parte de la ciudadanía y valoró el respaldo social que viene generando la propuesta.
“La enorme aceptación que esta medida ha tenido en gran parte de la ciudadanía demuestra que existe una sociedad que quiere recuperar el valor de los espacios públicos como lugares de convivencia sana y segura. Y eso es algo positivo”.
Finalmente, el responsable de Salud, Higiene y Ambiente insistió en que la medida apunta a construir una convivencia más saludable y fortalecer el concepto de salud pública desde todos los ámbitos de la vida cotidiana.
“Como responsables del área de Salud, Higiene y Ambiente creemos que esta iniciativa va en el camino correcto. No se trata de imponer, sino de cuidar. No se trata de restringir libertades, sino de equilibrarlas con el derecho colectivo a vivir en ambientes más saludables, más limpios y más amigables para las futuras generaciones”.
Con una reflexión final Carlos Silva sostuvo que “las sociedades avanzan cuando entienden que la salud pública no se defiende solamente en hospitales o policlínicas. También se defiende en las plazas, en los hábitos cotidianos, en la convivencia y en las señales culturales que damos como comunidad. Y este proyecto apunta exactamente a eso”.
Jonnathan Aramburo:
“Todo ciudadano tiene el derecho legítimo de poder utilizar un espacio que es de todos»

El edil del Partido Nacional Jonnathan Aramburo manifestó su respaldo al proyecto impulsado por la Intendencia de Salto para declarar determinados espacios públicos como zonas libres de humo, alcohol y consumo de sustancias.
El curul consideró que la propuesta representa “un cambio de paradigma” en la forma en que la sociedad utiliza y concibe los espacios comunes, destacando además que la iniciativa se encuentra alineada con las recomendaciones del Ministerio de Salud Pública.
“A priori nuestra opinión va a ser afirmativa en respaldarlo, en todo lo que tiene que ver con preservar la salud, promover hábitos saludables y proteger especialmente a niños, niñas, adolescentes y adultos mayores en el uso de espacios que son legítimos y propios”, expresó.
El edil recordó que en Uruguay ya existieron procesos similares de transformación cultural vinculados al tabaquismo y a la salud pública.
“Me remonto al primer gobierno del doctor Tabaré Vázquez, donde yo estaba en la escuela y tenía un maestro que fumaba en clase. Para nosotros como estudiantes era algo normal, naturalizado dentro de las instituciones públicas”, comentó, agregando que en aquel entonces determinadas prácticas eran aceptadas socialmente y hoy resultan impensables.
“La pandemia también cambió hábitos”
Aramburo vinculó el actual proyecto con otros momentos históricos en los que la sociedad debió modificar conductas cotidianas en beneficio colectivo. “Nos venimos más acá a lo que fue el gobierno del doctor Lacalle Pou y la pandemia, donde tuvo que haber un cambio en el estilo de vida de la gente. Creo que en retrospectiva fue favorable porque preservamos la vida evitando contagios en un momento de total incertidumbre”, afirmó. “Este proyecto hoy, que es un hito a nivel nacional porque se lo está discutiendo en distintas intendencias, viene a dar un cambio de paradigma o un cambio cultural en hábitos que entendemos tienen que normalizarse como saludables”, sostuvo.
Asimismo, enfatizó que la propuesta no surge únicamente de una decisión política departamental. “No es una iniciativa exclusiva del intendente y del gobierno de Salto, sino que toma recomendaciones brindadas por el Programa Nacional de Control de Tabaco del Ministerio de Salud Pública, que respalda este tipo de iniciativas”, explicó.
Plazas y espacios recreativos
Actualmente, el proyecto contempla inicialmente algunos puntos específicos de la ciudad, entre ellos Plaza Artigas, Plaza Treinta y Tres, Plaza Flores y Plaza Roosevelt. Sin embargo, Aramburo explicó que la normativa permitirá ampliar la medida a otros ámbitos públicos.
“Este proyecto le da potestad al gobierno de ampliarlo a instituciones deportivas, lugares con juegos infantiles, áreas recreativas y otros espacios donde se entiende necesario preservar ámbitos saludables”, indicó.
El edil aclaró que el apoyo de la coalición oficialista no responde exclusivamente a una cuestión partidaria. “No lo vamos a apoyar por el mero hecho de que venga de un gobierno nuestro. Lo vamos a apoyar en base a estos argumentos vinculados a la salud y a la convivencia”, afirmó.
“Yo soy fumador y entiendo que es un hábito malo. En mi auto no me gusta fumar, en mi casa tampoco, y en oficinas públicas uno ya sabe que tiene que retirarse determinados metros para poder hacerlo. No estamos sentando un antecedente nuevo”, expresó.
“No se trata de prohibir”
El edil añadió que, si bien no necesariamente el consumo de alcohol o sustancias deriva en hechos violentos, existen antecedentes que muestran una relación frecuente entre determinadas situaciones conflictivas y el consumo. “No digo que sea una condición sine qua non, pero muchas situaciones de violencia están regidas por alguna sustancia”, sostuvo.
A su entender, la prioridad debe estar puesta en garantizar el derecho colectivo al disfrute de los espacios públicos en condiciones adecuadas. “Todo ciudadano tiene el derecho legítimo de poder utilizar un espacio que es de todos”, remarcó.
Consultado sobre cómo se aplicará la normativa, Aramburo indicó que la primera herramienta será la concientización y la señalización visible en cada espacio comprendido por la medida.
No obstante, reconoció que, en caso de incumplimientos reiterados, podrían aplicarse sanciones previstas en la normativa vigente. “Los apercibimientos serán a través de multas aplicando la ley de faltas, aunque lo que tratamos acá no es sancionar sino generar un cambio cultural”, afirmó.
“El interés general acá es garantizar que todas las personas tengan el mismo derecho a disfrutar de un espacio público. Sin limitar al que quiera fumar o consumir alcohol, pero respetando también el derecho del otro que no tiene por qué ser fumador pasivo ni verse involucrado en situaciones de violencia”, concluyó.
Dr. Matías Suárez – Edil CORE
Respaldo el debate sobre plazas libres de humo en Salto

El debate sobre la creación de espacios públicos libres de humo en la ciudad de Salto comenzó a instalarse con fuerza en el ámbito político y social. La iniciativa impulsada desde la órbita departamental busca regular el consumo de tabaco y otras sustancias en determinadas plazas y espacios de recreación, generando opiniones divididas entre quienes consideran que se trata de una medida sanitaria positiva y quienes entienden que podría implicar restricciones a libertades individuales.
En ese contexto, el edil del Partido Colorado, Dr. Matías Suárez, se manifestó favorable a discutir el proyecto y destacó la necesidad de “recuperar los espacios públicos” para las familias, los niños y los jóvenes. Sus declaraciones apuntaron especialmente a la preocupación existente por las adicciones, el consumo de alcohol y sustancias en lugares de esparcimiento y la necesidad de encontrar mecanismos que permitan mejorar la convivencia social.
Según expresó, el tema deberá ser estudiado en profundidad dentro de la Junta Departamental, aunque sostuvo que el espíritu de la propuesta “es positivo para Salto”.
“RECUPERAR LA SANA COSTUMBRE”
Durante la entrevista, Suárez señaló que la situación social vinculada a las adicciones preocupa especialmente y que el proyecto intenta aportar herramientas desde el ámbito departamental.
“Yo creo que hoy en día Salto está viviendo temas complejos con las adicciones, temas complejos con la bebida”, afirmó el edil, agregando que la intención sería “volver a recuperar” espacios tradicionales como Plaza Artigas, Plaza Treinta y Tres y Plaza Flores para el disfrute familiar.
En ese sentido, sostuvo que muchas familias han dejado de concurrir a determinados lugares públicos debido a situaciones vinculadas al consumo de sustancias y al ambiente que allí se genera.
“Si se puede aportar el granito de arena en lo departamental, recuperando la sana costumbre, el ejercicio físico, el esparcimiento y tener una zona donde los jóvenes y los niños puedan esparcirse, me parece positivo”, expresó.
El curul también aclaró que el proyecto no busca prohibir totalmente el consumo de tabaco, sino regularlo en determinados espacios especialmente destinados a la convivencia familiar y recreativa.
LIBERTAD INDIVIDUAL Y DERECHO A LA SALUD
Uno de los puntos centrales del debate gira en torno a la tensión entre libertad individual y protección sanitaria. Consultado sobre si la iniciativa podría interpretarse como una limitación excesiva de derechos, Suárez argumentó que todos los derechos pueden ser reglamentados por razones de interés general.
“Todos los derechos pueden ser limitados por razón de interés general. El único derecho que no se puede limitar es el derecho a la vida”, sostuvo el edil.
A partir de allí, indicó que el derecho a la salud de niños, adolescentes y demás personas que concurren a esos espacios también debe ser contemplado.
“Estamos hablando de niños, adolescentes, personas mayores de edad que tienen derecho a la salud reconocido constitucionalmente”, expresó, señalando además que el proyecto pretende generar ámbitos donde determinadas conductas no sean naturalizadas frente a menores.
Para Suárez, permitir el consumo de cigarrillos o alcohol en espacios recreativos frecuentados por niños termina generando una aceptación social temprana de determinadas prácticas.
DEBATE POLÍTICO Y BÚSQUEDA DE CONSENSOS
El edil explicó además que el proyecto todavía no ingresó de lleno en la discusión política interna de las bancadas y que el análisis recién comenzará en comisión.
Según detalló, la iniciativa fue derivada a la Comisión de Legislación de la Junta Departamental y allí se intentará alcanzar consensos entre los distintos sectores políticos.
“Va a llevar su tiempo de discusión en comisión”, afirmó, recordando que ya ha ocurrido en otros temas que proyectos remitidos inicialmente con una determinada redacción terminaron siendo modificados tras el trabajo conjunto de los ediles.
Asimismo, reconoció que existen posiciones distintas dentro del sistema político y que algunos representantes del Frente Amplio ya han expresado reparos públicamente respecto a la propuesta.
Sin embargo, el dirigente colorado consideró que el tratamiento parlamentario permitirá profundizar el análisis y construir una solución equilibrada para el departamento.
“Este tema va a tener bastante relevancia y va a tener a los ediles trabajando bastante en ello para que salga una buena cosa para Salto”, concluyó.
Mario Furtado – Edil Frente Amplio
Diálogo y prevención ante debate por espacios libres de humo en Salto

El debate sobre la creación de espacios públicos libres de humo en el departamento de Salto continúa generando distintas posturas políticas y sociales. Desde el Frente Amplio, el edil Mario Furtado manifestó que si bien existe comprensión hacia el reclamo de vecinos y la necesidad de generar ambientes más saludables, no comparte que la solución pase exclusivamente por la prohibición o medidas de carácter represivo.
En diálogo con Diario El Pueblo, el curul frenteamplista sostuvo que la discusión debe abordarse desde una mirada integral, con énfasis en la prevención, el trabajo comunitario y la construcción de consensos políticos y sociales.
NO ESTAMOS DE ACUERDO CON LAS PROHIBICIONES
“Entendemos que son necesarios los espacios libres, pero no estamos de acuerdo con las prohibiciones. Se deben crear espacios de trabajo entre la Intendencia y los ediles con el fin de poder escuchar a la oposición y construir. Para nosotros la represión no es la salida”, expresó Furtado.
El edil agregó que el Frente Amplio comprende la preocupación de muchos vecinos por la convivencia en espacios públicos, aunque entiende que una normativa basada únicamente en prohibiciones podría resultar insuficiente o incluso desigual en su aplicación.
“Entendemos a los vecinos y por eso no aceptamos que se prohíba, porque se lo hace en el centro, pero no en el barrio. En el barrio no se puede prohibir, hay que prevenir”, afirmó.
“LA PREVENCIÓN DEBE ESTAR EN EL CENTRO”
Consultado acerca de los fundamentos de la postura frenteamplista respecto a los espacios públicos libres de humo, Furtado señaló que el tema de las adicciones y el consumo de sustancias debe enfrentarse mediante políticas públicas sostenidas, campañas educativas y acciones de concientización, especialmente dirigidas a niños y adolescentes.
En ese sentido, remarcó que la discusión no debería limitarse al tabaco, sino ampliarse a una problemática social más profunda vinculada al consumo y la salud pública.
“Creemos que acá se puede llegar a acuerdos para poder trabajar sobre las adicciones y las sustancias”, indicó.
Para el edil, cualquier iniciativa que busque mejorar la convivencia en plazas, parques y espacios recreativos debe incluir instancias de diálogo entre oficialismo, oposición, técnicos, vecinos y organizaciones sociales, evitando caer en medidas que puedan ser interpretadas como meramente sancionatorias.
LIBERTADES INDIVIDUALES Y CONVIVENCIA
Uno de los aspectos centrales del debate refiere al equilibrio entre la protección de la salud colectiva y las libertades individuales. Sobre este punto, Furtado reconoció que existen ciudadanos que apoyan medidas más estrictas para reducir la exposición al humo de tabaco en lugares públicos, aunque insistió en que las soluciones deben contemplar la realidad social de todos los sectores.
A su entender, aplicar restricciones únicamente en determinadas zonas de la ciudad podría generar inequidades y trasladar el problema hacia otros ámbitos sin resolver el trasfondo de la situación.
El edil frenteamplista considera que las políticas públicas más efectivas son aquellas que logran generar conciencia y cambios culturales a largo plazo, especialmente entre las nuevas generaciones, promoviendo hábitos saludables desde la educación y la participación comunitaria.
UN DEBATE INSTALADO EN LA AGENDA DEPARTAMENTAL
La discusión sobre espacios públicos libres de humo se ha instalado con fuerza en distintos departamentos del país, en el marco de las políticas antitabaco impulsadas históricamente por Uruguay. Sin embargo, en Salto el intercambio político parece orientarse también hacia cómo compatibilizar las políticas de salud con estrategias de inclusión social y prevención de adicciones.
Desde la óptica de Mario Furtado, el desafío pasa por encontrar mecanismos de consenso que permitan mejorar la convivencia en los espacios públicos sin recurrir exclusivamente a la prohibición.
“Hay que prevenir y generar acuerdos”, resumió el edil, marcando la postura del Frente Amplio en un debate que promete continuar abierto en el ámbito departamental.
Lic. Daniela Todoroff – Psicóloga
“Cuando fumar deja de estar presente en espacios compartidos el mensaje implícito cambia”

En medio del debate generado por la propuesta de crear espacios públicos libres de humo en Salto, la mirada de la psicología adquiere especial relevancia para comprender cómo este tipo de medidas pueden influir en los hábitos, las conductas y la convivencia social. Más allá de los aspectos sanitarios y normativos, especialistas advierten que las reglas impulsadas desde el ámbito público también tienen un fuerte impacto cultural y emocional en la sociedad.
La Psicóloga Daniela Todoroff analizó el alcance social de este tipo de iniciativas, reflexionando sobre la relación entre las prohibiciones, la construcción de hábitos saludables y la manera en que las comunidades incorporan nuevas pautas de convivencia. Asimismo, abordó cómo estas medidas pueden repercutir en la percepción del tabaquismo, especialmente entre niños y adolescentes, y en el delicado equilibrio entre libertad individual y bienestar colectivo.
¿Qué impacto psicológico y social puede tener en la convivencia cotidiana la prohibición de fumar en plazas y espacios públicos, como plantea el proyecto impulsado en Salto?
En realidad si realizamos un análisis profundo de la situación, podemos considerar que su impacto dependerá de cómo se implemente el proyecto, del contexto cultural y de la percepción de legitimidad de la norma.
Si lo vemos a nivel Psicológico podemos abrir un gran abanico de posibilidades, ya que puede generar mayor sensación de bienestar y seguridad. Muchas personas experimentan alivio al no estar expuestas al humo ajeno, especialmente familias con niños, personas asmáticas o sensibles al olor del tabaco. Esto puede aumentar la percepción de que el espacio público es más saludable y agradable.
Reducción de la normalización del consumo; el “ver” menos personas fumando en lugares cotidianos disminuye la asociación social entre ocio y cigarrillo.
Algunos fumadores pueden sentir que la medida los excluye o los convierte en “mal vistos” socialmente. Cuando las restricciones son muy amplias, pueden generar reacciones defensivas, irritación o percepción de pérdida de libertad individual. La interrupción de rutinas automáticas tiene un efecto conductual importante.
A nivel social se vería como una transformación del uso del espacio público; las plazas pueden volverse más orientadas a actividades familiares, recreativas o deportivas. Esto cambia las dinámicas de permanencia y socialización, el refuerzo de normas colectivas de salud.
La convivencia incorpora nuevas expectativas sociales: cuidar el aire compartido, respetar límites y priorizar la salud comunitaria. Con el tiempo, estas normas suelen naturalizarse, como ocurrió con la prohibición de fumar en interiores.
Un aspecto interesante las políticas antitabaco no solo buscan reducir enfermedades; también modifican símbolos sociales.
Fumar pasa de ser una conducta integrada en la vida cotidiana a una práctica más privada y menos visible. Ese cambio cultural puede influir profundamente en cómo las personas entienden la convivencia, el autocuidado y los límites entre libertad individual y bienestar colectivo.
Desde la perspectiva de la salud mental y comunitaria, ¿cree que este tipo de medidas ayudan a generar hábitos más saludables y nuevas conductas sociales, especialmente en niños y adolescentes?
Durante la infancia y la adolescencia, gran parte de las conductas se aprenden por observación e imitación. Cuando fumar deja de ser algo visible y cotidiano en plazas, parques o encuentros sociales; disminuye la percepción de que fumar es “normal” o socialmente esperado; se reduce la asociación entre diversión, pertenencia grupal y cigarrillo; baja el impacto de modelos adultos que legitiman el hábito.
Ese cambio cultural tiene un impacto fuerte en generaciones jóvenes, porque las normas sociales influyen mucho más que los discursos teóricos. Lo que una sociedad permite, limita o protege comunica valores colectivos
Desde la salud mental, los entornos tienen influencia directa sobre las conductas. Los ambientes que facilitan prácticas saludables tienden a reducir estímulos asociados a consumos adictivos; promover actividades recreativas más compatibles con el bienestar; generar espacios percibidos como más seguros y amigables para familias y jóvenes.
Muchas transformaciones sociales funcionan así: primero parecen restrictivas y luego se vuelven parte de la normalidad cotidiana. Pasó con el cinturón de seguridad, el alcohol al volante o fumar en interiores. En generaciones nuevas, la conducta menos visible suele perder atractivo social con el tiempo.
Por eso, más que “prohibir”, estas medidas suelen entenderse como herramientas para rediseñar el entorno social de manera que las opciones saludables sean más fáciles, visibles y compartidas.
¿Cómo puede influir una normativa de “espacios libres de humo” en la percepción social del tabaquismo y en la relación entre fumadores y no fumadores dentro de la sociedad?
Cuando fumar deja de estar presente en espacios compartidos el mensaje implícito cambia; el tabaquismo deja de verse como una práctica social neutra o habitual; aumenta la idea de que el humo afecta a terceros y no es solo una decisión individual; se fortalece la asociación entre fumar y riesgo para la salud.
Con el tiempo, esto puede producir una “desnormalización” del consumo: fumar pasa de ser algo integrado en la vida cotidiana a una conducta más privada y menos visible socialmente.
Si realizamos una comparación de relación entre fumadores y no fumadores se destaca que disminuyen conflictos por exposición involuntaria al humo; aumentan la sensación de respeto hacia quienes no desean fumar; crean reglas claras que evitan negociaciones constantes entre personas.
En muchos casos, la existencia de una norma reduce tensiones porque deja de depender de pedidos individuales ¿podes no fumar acá? y pasa a ser una regla compartida.
Si la normativa se aplica de forma rígida o con discursos condenatorios, puede aparecer polarización entre “fumadores” y “no fumadores”, generando resentimiento social.
El desafío social suele ser encontrar equilibrio entre: la libertad individual, el derecho a la salud, y la convivencia en espacios comunes.
Las políticas más efectivas suelen ser aquellas que: protegen a terceros, ofrecen información y apoyo a fumadores, y promueven cambios culturales graduales en lugar de confrontaciones sociales.
En definitiva, los “espacios libres de humo” no solo regulan dónde se fuma: también transforman cómo una sociedad interpreta el cuidado, la responsabilidad compartida y la convivencia cotidiana.
Algunos sectores consideran que estas restricciones representan una protección colectiva, mientras otros las ven como una limitación a las libertades individuales. Desde la psicología social, ¿Cómo se explica esa tensión entre derechos individuales y bienestar común?
La libertad como parte de la identidad para muchas personas, especialmente en culturas donde se valora mucho la autonomía, cualquier restricción puede percibirse como una amenaza simbólica a la libertad personal.
La psicología llama a esto reactancia psicológica: cuando alguien siente que su capacidad de elegir está siendo limitada, aparece una tendencia emocional a resistirse, incluso aunque la norma tenga beneficios objetivos.
En ese contexto, fumar puede dejar de ser solo un hábito y transformarse en una afirmación de independencia; una defensa frente al control externo; o una reacción contra normas percibidas como invasivas.
Por eso algunas personas rechazan restricciones aun reconociendo los riesgos del tabaco.
Desde esta perspectiva, la libertad individual no es absoluta, porque las acciones personales pueden afectar a otros. El humo en espacios públicos es interpretado justamente como una conducta con impacto social y no únicamente privado.
La percepción de legitimidad es clave. Una misma norma puede generar cooperación o rechazo según cómo se comunique socialmente.
Algo interesante es que muchas normas inicialmente resistidas terminan naturalizándose. Cuando una sociedad incorpora nuevas reglas de convivencia, las percepciones cambian gradualmente.
Con el tiempo: disminuye la sensación de pérdida de libertad; aumentan nuevas costumbres sociales; y lo que antes parecía restrictivo pasa a verse como parte normal del cuidado colectivo.
Las sociedades democráticas negocian constantemente ese equilibrio. El éxito de una normativa no depende solo de la ley en sí, sino también de su capacidad para generar consenso, sentido de justicia y responsabilidad compartida sin convertir las diferencias en enfrentamientos sociales.
Psicóloga social Evangelina Olguín
Ciudades que abracen: el valor humano y comunitario de los espacios públicos

Espacios públicos y convivencia comunitaria
La psicóloga social comunitaria Evangelina Olguín reflexiona sobre la importancia de las plazas y espacios comunes como herramientas de integración, salud y construcción colectiva.
Evangelina Olguín plantea la necesidad de pensar los espacios públicos desde una mirada humana y comunitaria que promueva el encuentro y la pertenencia social.
El encuentro como necesidad colectiva
Las plazas, parques y espacios públicos forman parte de la vida cotidiana de cualquier ciudad. Allí conviven generaciones, circulan expresiones culturales y se construyen vínculos que muchas veces sostienen la vida comunitaria. Para la psicóloga social comunitaria Evangelina Olguín, estos lugares representan mucho más que un espacio físico: son escenarios donde las personas encuentran pertenencia, escucha y formas de expresión colectiva.
Olguín trabaja diariamente en distintos ámbitos grupales y comunitarios de la ciudad, desde contextos de encierro en la Unidad N° 20 del INR hasta talleres de teatro, espacios educativos y propuestas vinculadas al arte y la participación social. Desde esa experiencia sostiene que existe una necesidad cada vez más visible de generar lugares donde las personas puedan encontrarse y sentirse parte de algo común.
“Las personas necesitamos espacios donde encontrarnos, expresarnos, circular y sentir que formamos parte de algo colectivo”, afirma.
Más allá de las normas
En medio de debates sobre el uso de los espacios públicos y las formas de convivencia urbana, la profesional propone ampliar la discusión y no reducirla únicamente a una lógica normativa o restrictiva.
Según explica, pensar las plazas solamente desde la regulación de conductas puede dejar de lado aspectos fundamentales relacionados con la salud social y emocional de las comunidades.
“Las plazas y los espacios comunes no son solamente lugares físicos. Son espacios donde conviven generaciones distintas, donde circula la cultura, el arte, los vínculos y también las diferencias”, expresa.
Desde su mirada, después de los procesos de aislamiento vividos en los últimos años, quedó en evidencia cuánto necesita la sociedad del encuentro con otros para sostener el bienestar cotidiano.
La posibilidad de compartir espacios comunes, conversar, participar y sentirse habilitado a existir colectivamente también forma parte de la construcción de salud integral.
El espacio público como herramienta de cuidado
Olguín entiende que las políticas públicas vinculadas al cuidado y la convivencia deberían orientarse hacia la promoción del encuentro y la participación ciudadana.
En ese sentido, considera fundamental generar propuestas comunitarias que fortalezcan la integración social y permitan que diferentes sectores de la población encuentren un lugar dentro de la vida urbana.
“El arte, la cultura, las actividades intergeneracionales y los espacios participativos pueden ser herramientas muy potentes para construir convivencia, pertenencia y cuidado compartido”, sostiene.
La psicóloga remarca además que las plazas cumplen una función educativa y simbólica dentro de las comunidades. La manera en que una sociedad utiliza y organiza sus espacios comunes también refleja cómo se vincula con la diversidad y con quienes habitan la ciudad.
“Una plaza también educa. Educa en cómo convivimos, en cómo compartimos el espacio y en qué lugar le damos al otro dentro de la comunidad”, señala.
Construir ciudades más humanas
Para Olguín, cuando determinados grupos comienzan a sentirse desplazados o excluidos de los espacios públicos, surge una pregunta de fondo sobre el modelo de ciudad que se está construyendo.
Lejos de posicionarse desde la confrontación, plantea la necesidad de aportar una mirada basada en el trabajo cotidiano con personas y comunidades diversas.
Ya sea en contextos educativos, en grupalidades, en espacios artísticos o en ámbitos de encierro, asegura que existe una necesidad que se repite constantemente: sentirse escuchado, habilitado y parte de un entramado colectivo.
“Creo que ahí hay una forma profunda de cuidado colectivo y de construcción de salud”, reflexiona.
Finalmente, sostiene que el gran desafío actual quizás no pase solamente por regular conductas, sino también por generar condiciones más humanas para convivir y fortalecer el sentido de comunidad dentro de las ciudades.






