Solo 20 años vivió Pablo Aguirrezábal (1892-1912), el poeta homenajeado anoche en la “Sala Escritores Salteños” de Casa Quiroga en el marco del Ciclo de cafés literarios “Homenaje a los Poetas Salteños” que vienen llevando adelante la Dirección de Cultura de la Intendencia de Salto y la Comisión Honoraria de Casa Quiroga. José Luis Guarino y Leonardo Garet fueron los oradores, ante un importante marco de público, refiriéndose con palabras conmovedoras a la vida y a la obra de Aguirrezábal.
EL MÁS POETA DE TODOS
Pablo Aguirrezábal es “rescatado” como poeta en el Tomo Nº 5 de la Colección Escritores Salteños, publicado en el año 2004.
Allí escribió Leonardo Garet: “Se conoce la extrema pobreza en que transcurrió la corta existencia de Pablo Aguirrezábal. Había nacido en Salto el 7 de junio de 1892 y falleció el 2 de agosto de 1912. Trabajaba como talabartero y en una libreta en la que anotaba los trabajos se encontraron los poemas que formarían el poemario, Con la luna. Eduardo S. Taborda, que fue como él de los fundadores del Centro Lux, lo presenta así: “de físico esmirriado, ojos claros y que apenas podía con el peso de su enorme corazón, fue el más poeta de todos. Nacido en cuna humildísima, apenas tuvo infancia, abandonó el colegio primario al cumplir los nueve años para enfrentarse con la vida como aprendiz talabartero.
Un encendido afán de cultura y superación aguijonearon su espíritu con la lectura de obras de pensadores y poetas: Kropokine y Zola, en lo social; Darío, Villaespesa y Herrera y Reissig en lo poético modelaron su alma niña y llenaron de sueños su cerebro virgen y fue la obra de estos grandes, la creadora de la personalidad limpia y serena, que hasta el fin de sus días animó la vida breve, pero noble y fecunda de Pablo Aguirrezábal.
Él se sentía enfermo, condenado a corto plazo y el deseo de vivir fue la melancólica tristeza que paseó por las calles de Salto. En el año 1910 publicó sus primeras producciones en la revista local, Vuelos, que dirigía Montiel y el Chat Noir que aparecía bajo la dirección de José Pereira Rodríguez y de Telmo Manacorda”. Y para apreciar la pequeña trayectoria de su vida literaria basta recordar que César G. Gutiérrez, en el prólogo de Con la luna indica que firmó el último de sus poemas a los veinte años, “en que en agosto de 1912 una enfermedad que lo había herido en el pecho, le cerró los ojos…”.
Solo 20 años vivió Pablo Aguirrezábal (1892-1912), el poeta homenajeado anoche en la “Sala Escritores Salteños” de Casa Quiroga en el marco del Ciclo de cafés literarios “Homenaje a los Poetas Salteños” que vienen llevando adelante la Dirección de Cultura de la Intendencia de Salto y la Comisión Honoraria de Casa Quiroga. José Luis Guarino y Leonardo Garet fueron los oradores, ante un importante marco de público, refiriéndose con palabras conmovedoras a la vida y a la obra de Aguirrezábal.
EL MÁS POETA DE TODOS
Pablo Aguirrezábal es “rescatado” como poeta en el Tomo Nº 5 de la Colección Escritores Salteños, publicado en el año 2004.
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Allí escribió Leonardo Garet: “Se conoce la extrema pobreza en que transcurrió la corta existencia de Pablo Aguirrezábal. Había nacido en Salto el 7 de junio de 1892 y falleció el 2 de agosto de 1912. Trabajaba como talabartero y en una libreta en la que anotaba los trabajos se encontraron los poemas que formarían el poemario, Con la luna. Eduardo S. Taborda, que fue como él de los fundadores del Centro Lux, lo presenta así: “de físico esmirriado, ojos claros y que apenas podía con el peso de su enorme corazón, fue el más poeta de todos. Nacido en cuna humildísima, apenas tuvo infancia, abandonó el colegio primario al cumplir los nueve años para enfrentarse con la vida como aprendiz talabartero.
Un encendido afán de cultura y superación aguijonearon su espíritu con la lectura de obras de pensadores y poetas: Kropokine y Zola, en lo social; Darío, Villaespesa y Herrera y Reissig en lo poético modelaron su alma niña y llenaron de sueños su cerebro virgen y fue la obra de estos grandes, la creadora de la personalidad limpia y serena, que hasta el fin de sus días animó la vida breve, pero noble y fecunda de Pablo Aguirrezábal.
Él se sentía enfermo, condenado a corto plazo y el deseo de vivir fue la melancólica tristeza que paseó por las calles de Salto. En el año 1910 publicó sus primeras producciones en la revista local, Vuelos, que dirigía Montiel y el Chat Noir que aparecía bajo la dirección de José Pereira Rodríguez y de Telmo Manacorda”. Y para apreciar la pequeña trayectoria de su vida literaria basta recordar que César G. Gutiérrez, en el prólogo de Con la luna indica que firmó el último de sus poemas a los veinte años, “en que en agosto de 1912 una enfermedad que lo había herido en el pecho, le cerró los ojos…”.
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