Una mirada crítica al aumento del gasto público, la presión tributaria y el uso de causas sociales para justificar una mayor intervención estatal.

LA RENDICION DE CUENTAS ES EXPOLIACION DE TU CUENTA
«La Rendición de Cuentas es el ritual anual donde la democracia le brinda al político otra oportunidad para perpetrar su robo legal, en el que se legitima meterte la mano en el bolsillo”
No hay nada más predecible que un político cuando quiere meterte la mano en el bolsillo.
La verdad que el libreto es tan viejo que ya debería enseñarse en las escuelas de militancia. Esta manipulación política maquiavélica debería ser parte de los programas de adoctrinamiento en la escuela pública.
Miren cómo funciona la cosa
Primero nuestros políticos deciden aumentar el gasto público. Como no tienen dinero propio, necesitan el tuyo. Pero jamás te dirán: «Vamos a sacarte más plata para seguir agrandando el Estado». No. Eso sería demasiado honesto.
Entonces buscan dentro de los problemas sociales existentes para encontrar la excusa perfecta. Esa que te llega a tu emoción más íntima, al sentimiento más puro.
Y ahí va el político con su demagogia: te quito más plata de tu trabajo, para destinarlo a los niños con hambre. Los pobres. Los más vulnerables. Las personas en situación de calle. Siempre una causa noble. Siempre te tocan la fibra emocional, y lo hacen para manipularte, para que aquel que se oponga a tan noble propósito sea etiquetado como un insensible, egoísta, malo. Siempre el mismo recurso. Pero de lo que realmente se trata es del atropello y avaricia del político que te sigue castigando con mas gasto y mas impuestos, y todo a costa de tus propias necesidades. Eso es insensibilidad. Arrebatar el dinero ajeno a la fuerza es un acto de egoísmo inmoral.
Y eso es la rendición de cuentas: otra oportunidad del político para manotear tus ingresos, tu sudor y tu alimento, bajo consignas edulcoradas de bondad.
Pura demagogia y manipulación
¿Y qué ocurre entonces? La casta política desplaza deliberadamente el eje del debate. La discusión deja de ser cuánto más dinero te van a quitar, cuánto más van a empobrecer a tu familia, cuánto dejarás de destinar a tus propios hijos por el aumento del gasto público, cuánto crecerán el déficit y la deuda que heredarán las próximas generaciones. De pronto, el debate ya no gira en torno al costo de las decisiones políticas, sino a un supuesto dilema moral: si no apoyás la Rendición de Cuentas, entonces estás en contra de los niños que pasan hambre.
Es una falsa dicotomía
No estoy en contra de que un niño coma. Estoy en contra de que, una vez más, utilicen el sufrimiento de los más vulnerables como argumento para seguir metiéndole la mano en el bolsillo al contribuyente. Estoy a favor de mi familia, de mis hijos y del derecho de quienes trabajan a conservar el fruto de su esfuerzo.
El Estado ya administra recursos enormes. El problema no es la falta de dinero, sino la falta de eficiencia, de prioridades y de responsabilidad en su administración. Pero en lugar de reducir el despilfarro, eliminar privilegios o revisar el tamaño de la burocracia, la solución siempre termina siendo la misma: volver a buscar el dinero donde resulta más fácil encontrarlo, en el bolsillo del ciudadano que produce. Porque achicar el Estado exige coraje; seguir cobrando impuestos solo requiere poder.
Es la manipulación política en su estado más puro
Llevamos décadas escuchando exactamente el mismo libreto. Más gasto, más impuestos, más deuda, más burocracia… y, sin embargo, los mismos problemas de siempre. La pobreza persiste, la inseguridad aumenta y las promesas se reciclan año tras año como si nunca hubieran fracasado.
La pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo vamos a seguir creyendo que la solución es hacer exactamente lo mismo que lleva décadas sin funcionar?
La Rendición de Cuentas se ha convertido en el ritual anual mediante el cual el sistema político vuelve a discutir cuánto más del fruto del trabajo de los ciudadanos considera legítimo administrar. Siempre con un relato emotivo, siempre con una causa noble y siempre con la misma conclusión: el contribuyente debe seguir pagando.
Ahora que la oposición anuncia que no acompañará la Rendición de Cuentas, vuelve a activarse el viejo mecanismo. Comienza el chantaje emocional. Quien discrepa ya no cuestiona el gasto público; pasa a ser presentado como alguien que está en contra de los niños, de los pobres o de los más vulnerables.
El libreto cambia de actores, pero nunca de argumento
Ahora que la oposición anunció que no acompañará la Rendición de Cuentas, vuelve a ponerse en marcha el viejo libreto. En las redes sociales y en los medios aparecen dirigentes oficialistas presentando a quienes se oponen como insensibles que rechazan menos pobreza infantil, más seguridad o un mayor apoyo a los sectores más vulnerables. Es el mismo chantaje emocional de siempre. Demagogia en estado puro.
La Rendición de Cuentas vuelve a convertirse, para sus críticos, en el mecanismo mediante el cual el Estado pretende apropiarse de una porción aún mayor del fruto del trabajo de los ciudadanos, envuelto en causas nobles que nadie se atrevería a cuestionar. La discusión deja de ser cuánto costará ese aumento del gasto y pasa a ser quién parece más sensible frente a la opinión pública.
Si el objetivo fuera únicamente resolver los problemas sociales, cabría preguntarse por qué, después de décadas de más gasto, más impuestos y más burocracia, esos problemas siguen ahí. Tal vez el problema no sea la falta de recursos, sino la forma en que se administran.
Dinero, el Estado ya recauda mucho. Lo que falta es eficiencia, austeridad y una verdadera revisión del despilfarro, de los privilegios y de las estructuras burocráticas que consumen una parte enorme de esos recursos. Sin embargo, la solución casi siempre termina siendo la misma: volver a buscar más dinero en el bolsillo del contribuyente.
Oponerse a esta Rendición de Cuentas no implica, necesariamente, oponerse a la lucha contra la pobreza, a la seguridad o a la protección de la infancia. También puede significar cuestionar que el crecimiento permanente del gasto público sea la única respuesta que ofrece la política para enfrentar problemas que lleva décadas sin resolver.
Mientras tanto, la pobreza infantil persiste, la inseguridad continúa siendo una de las principales preocupaciones de los uruguayos y cada vez más personas viven en situación de calle. En paralelo, el ciudadano que produce, trabaja, invierte y paga impuestos dispone de una porción cada vez menor del fruto de su esfuerzo.
La Rendición de Cuentas representa una nueva oportunidad para ampliar el gasto público y, con él, la capacidad de intervención del Estado sobre la vida económica de la sociedad. El resultado es conocido: un Estado más grande y ciudadanos con menos recursos propios para decidir sobre su presente y su futuro.
No se dejen engañar. Cuando un político necesita una historia conmovedora para justificar que va a administrar más dinero ajeno, conviene preguntarse quién terminará financiando esa decisión.
La respuesta, casi siempre, es la misma. Vos.






