Gonzalo Leal fue de esas personas que dejan huella sin proponérselo. Padre, médico, amigo, político y, por sobre todo, un soñador incansable. Un hombre que eligió siempre ir un poco más allá, incluso cuando el agua estaba fría o el horizonte parecía lejano. Se fue nadando, fiel a su manera de vivir: con coraje, convicción y libertad.
Para Salto, el Dr. Gonzalo Leal representó mucho más que un profesional de la salud. Fue compromiso silencioso, vocación auténtica y cercanía humana. De esos médicos que miran a los ojos, que escuchan y que entienden que curar también es acompañar. Su paso dejó enseñanza, ejemplo y una forma de ejercer la profesión con ética y profunda sensibilidad social.
También dejó una marca clara en la vida política de Salto y del Partido Colorado, donde impulsó y llevó en alto el Movimiento Naranja, con participación activa, ideas claras y una visión moderna, humanista y comprometida. Gonzalo entendía la política como una herramienta de servicio, no de privilegio, siempre con la gente en el centro y sin estridencias.
Esa misma mirada social la volcó con hechos desde el Club de Leones, promoviendo acciones solidarias, tendiendo puentes y generando compromiso comunitario. Su actitud solidaria no fue discurso: fue práctica cotidiana, presencia y acción.
Hoy una familia y muchos amigos lo seguimos recordando, pero también lo recuerda Salto, porque personas como el Chino no se van del todo. Quedan en los gestos, en la memoria colectiva y en esa capacidad de soñar y animarse, que tanta falta hace.
Grande, Chino. Gracias Amigo!!!




