La educación en Salto enfrenta caída de matrícula por baja natalidad, mientras mejora la asistencia. Persisten altos niveles de ausentismo y dificultades en la continuidad hacia Secundaria.

El departamento de Salto atraviesa un escenario educativo marcado por la caída demográfica y una fuerte apuesta por la revinculación escolar. Según los datos del último Monitor Educativo de la ANEP, la matrícula en educación pública registra un descenso sostenido desde el año 2020. Este fenómeno no se explica por un traslado de alumnos al sector privado, sino por la baja tasa de natalidad que afecta a todo el país.
A pesar de contar con menos niños en las aulas, las autoridades destacan un dato esperanzador: los alumnos faltan menos. En el último año, se observó una mejora significativa en los promedios de asistencia, tanto en los jardines de infantes como en las escuelas comunes del departamento.
El impacto de la baja natalidad en las aulas
La tendencia a la baja en la cantidad de alumnos inscriptos se ha vuelto una constante en el último quinquenio. Entre 2020 y 2025, el sistema público en Salto y el resto del país perdió más de 37.000 estudiantes. Esta reducción es del 10,9% en el período mencionado, lo que obliga a las instituciones a reorganizar sus recursos.
Las cifras oficiales indican que la educación inicial comenzó su descenso en 2021, mientras que en primaria la caída se hizo sentir con más fuerza a partir de 2023. Actualmente, el 81,5% de los niños salteños asisten a la escuela pública, manteniendo la histórica confianza de las familias en el sistema estatal frente al 18,5% que opta por el sector privado.
La batalla contra el ausentismo escolar
Uno de los mayores desafíos para el cuerpo docente es el ausentismo crónico, definido como la asistencia a menos del 90% de las clases. Si bien los números siguen siendo motivo de preocupación por los elevados índices que transmiten un claro panorama sobre la baja asistencia a clases, el año 2025 cerró con los valores más bajos de los últimos cinco años. En primaria, el ausentismo bajó del 64,7% al 54,4%, una mejora que se atribuye a un seguimiento más cercano de cada caso.
En la educación inicial, el reto es mayor, ya que el ausentismo todavía ronda el 72,5%. No obstante, el promedio de días asistidos subió a 144,8 días, superando los registros de años anteriores.
Repetición y equidad en el departamento
Al analizar el rendimiento académico, la repetición muestra matices según el contexto sociocultural de cada centro educativo. En los barrios de mayor vulnerabilidad, los indicadores de rezago suelen ser más altos, especialmente en los primeros grados. El programa de jornada extendida y las escuelas de tiempo completo han sido claves para mitigar estas diferencias en nuestro departamento.
El informe revela que un tercio de los alumnos de educación inicial ya accede a modalidades de tiempo extendido. Esta oferta busca no solo mejorar los aprendizajes en lengua y matemáticas, sino también brindar una alimentación adecuada y un entorno seguro durante más horas al día.
El futuro de la escuela pública salteña
Los expertos coinciden en que el sistema debe adaptarse a una nueva realidad de escuelas con menos niños. Esta situación, lejos de ser vista solo como un problema, representa una oportunidad para trabajar en grupos más reducidos y brindar una atención personalizada. La meta para el próximo ciclo es consolidar la asistencia regular como la base fundamental para cualquier aprendizaje pedagógico.
La directora general de primaria, Gabriela Salsamendi, enfatizó la necesidad de seguir pensando en la escuela que los uruguayos merecen. Para Salto, el desafío pasa por mantener la infraestructura escolar y fortalecer el rol de los maestros como referentes comunitarios en un contexto de cambios demográficos profundos.
El desafío de Secundaria: trayectorias que marcan el destino
Mientras la educación primaria logra niveles de egreso casi universales, el pasaje a la Educación Media se convierte en un «embudo» que pone a prueba la continuidad de los jóvenes en el sistema. El último informe del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEEd) revela que, si bien la gran mayoría de los niños saltan de la escuela al liceo o a la UTU, apenas el 40% logra alcanzar el último año de la educación media obligatoria seis años después.
Este fenómeno, conocido como desvinculación, no es un evento repentino. Es el resultado de un proceso acumulativo de factores donde la repetición y el contexto socioeconómico juegan un papel determinante en el éxito o fracaso del estudiante.
Las cuatro caras de la trayectoria estudiantil
Para entender por qué algunos jóvenes abandonan y otros se gradúan, el INEEd ha identificado cuatro tipos de trayectorias que marcan el camino desde la escuela hasta el final de la educación básica. La gran mayoría, un 76,2%, transita por una «secuencia óptima», avanzando un grado por año sin mayores tropiezos.
Sin embargo, el resto de los estudiantes se divide en grupos de riesgo: un 10,3% que repite una vez en los últimos años del ciclo, un 6,1% con repeticiones múltiples, y un 7,4% que sufre lo que los expertos llaman «rezago en tránsito». Este último grupo es particularmente vulnerable, ya que sus dificultades comienzan apenas pisan el liceo, repitiendo el primer año (séptimo grado) una o más veces.
La calificación del docente: ¿más que una nota?
Un hallazgo disruptivo del informe es que el mejor predictor de si un alumno terminará el bachillerato no es necesariamente su puntaje en pruebas estandarizadas como Aristas, sino la calificación que le otorga su profesor en clase. Mientras que las pruebas Aristas miden conocimientos objetivos en lectura y matemática, la nota del docente incluye la participación, el esfuerzo y el comportamiento.
“La calificación del curso es la que determina, en definitiva, la repetición o el pasaje de grado”, señala el estudio, resaltando que existe una tensión constante entre el simple hecho de transitar por el sistema y aprender realmente los contenidos. Los datos muestran que quienes obtienen calificaciones bajas en el último año de la educación básica tienen una probabilidad significativamente mayor de abandonar los estudios en los años siguientes.
Puntos críticos: el salto al vacío en Secundaria
El informe identifica momentos «bisagra» donde el sistema pierde a la mayoría de sus alumnos. El punto más crítico es el pasaje de séptimo a octavo grado (de primero a segundo año en la estructura anterior), donde el porcentaje de estudiantes que cursan sin rezago cae drásticamente un 18%. Para muchos adolescentes, este primer escalón de la educación media se vuelve insuperable, marcando el inicio de una cadena de frustraciones que termina en el abandono.
Además, el INEEd advierte que la extraedad (tener más años de los previstos para el grado) es el principal problema para la continuidad educativa. Un niño que sale de la escuela con rezago tiene muchísimas menos chances de completar el ciclo secundario que un compañero que egresa con la edad teórica.
El rol de la tecnología y la asistencia
En la era pospandemia, el uso de plataformas como CREA (Ceibal) empezó a ser una variable relevante para medir el compromiso del alumno. Aunque no es el factor principal, se observa que los estudiantes con un vínculo activo con estas herramientas suelen tener trayectorias más estables.
Por otro lado, la asistencia irregular sigue siendo la señal de alarma más temprana. El informe propone que una asistencia inferior al 70% debe considerarse un riesgo crítico. Los docentes y adscriptos subrayan la necesidad de tener acceso a la escolaridad completa y la historia personal de cada alumno para poder intervenir a tiempo y evitar que el joven se pierda definitivamente del sistema.
Fuentes:
Monitor Educativo
https://www.anep.edu.uy/monitor/servlet/datosdeinspeccion?36
Trayectorias educativas y desempeños de los estudiantes uruguayos: una mirada longitudinal 2013-2024




