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miércoles, agosto 27, 2025
Columnas De Opinión

¿QUE CELEBRAMOS EL 25 DE AGOSTO?

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Parece una pregunta de respuesta obvia, pero la realidad nos puede sorprender con respuestas como el liso, llano y honesto “NO SÉ”, a la evidente “DECLARATORIA DE LA INDEPENDENCIA”, pero también “LA NOCHE DE LA NOSTALGIA”, o el “DÍA DEL COMITÉ DE BASE”.

La ignorancia de nuestra propia historia por las jóvenes generaciones es algo que duele, pero no sorprende, habida cuenta del estado de crisis profunda de nuestra enseñanza desde fines del siglo pasado. 

Sobre la “Noche de la Nostalgia”, que se celebra el 24 de agosto, hay que advertir que el evento fue reconocido oficialmente por el gobierno mediante el decreto Ley 17.825, (10/09/2004), y fuertemente promocionado por sus muchos organizadores y por el Ministerio de Turismo como atracción destacada.

En lo que refiere al “Día del Comité de Base”, es una manifestación de la decisión política de la Coalición de las Izquierdas, no explicitada pero cierta, apuntando a menoscabar la celebración de las principales efemérides patrias. El antipatriótico proyecto fracasó, esencialmente porque casi han desaparecido los Comités de Base, ya que gran parte de sus militantes pasaron a ser funcionarios públicos… 

Pero es importante centrar la atención en el proceso que se inicia el 19 de abril de 1825, con el desembarco de los “33 Orientales” e inicio de la Cruzada Libertadora; que se llama así porque la Banda Oriental, (Artiguista y federal), fue invadida en 1816 por el Imperio de Portugal, un largo enfrentamiento hasta derrotar a Artigas en 1820, y se había convertido en la “Provincia Cisplatina”.

Esa conversión se produjo, luego de la derrota de Artigas, cuando el comandante de la invasión General Carlos Federico Lecor, (Barón de la Laguna), convocó en 1821 el Congreso Cisplatino, que aprobó la unión al Imperio Portugués.

Es de mucho interés leer la “Historia del Uruguay” de Isidoro de María, donde figuran hechos que nadie menciona, y que es bueno recordar, como la Conferencia del 19 de agosto de 1823, donde la Representación Plenipotenciaria de SM don Pedro I, Emperador de Brasil y el Gobierno de la República de las Provincias Unidas, ponen fin a la guerra, que en los hechos ya había cesado, y dejan consolidada la creación de la Provincia Cisplatina. 

El desembarco en la Playa de la Agraciada, el 19 de abril de 1825, fue pues una declaración de guerra y una invasión, que, aunque eran pocos, venían con un gran apoyo, (canalizado por Pedro Trápani, nacido en la Banda Oriental pero afincado y prestigioso en Buenos Aires, amigo y colaborador de Juan Antonio Lavalleja; estanciero y comerciante muy vinculado a la industria saladeril y a los intereses británicos en el Río de la Plata).

La instancia del “Abrazo del Mozón” de Juan Antonio Lavalleja y Fructuoso Rivera, (compares que pasaron peleándose y reconciliándose) fue decisiva ya que Rivera que había conservado el mando de tropas orientales en la Cisplatina, (como condición para permanecer en ella), y los éxitos militares y políticos de la cruzada se fueron sucediendo.

Un paso fundamental de la gesta iniciada el 19 de abril, fue la convocatoria de la Sala de Representantes de la Provincia Oriental, que en la fecha que nos ocupa aprueba tres leyes: 

Declaración de Independencia: “Declara írritos, nulos, disueltos y de ningún valor para siempre, todos los actos de incorporación, reconocimientos, aclamaciones y juramentos arrancados a los pueblos de la Provincia Oriental, por la violencia de la fuerza unida a la perfidia de los intrusos poderes de Portugal y el Brasil que la han tiranizado, hollado y usurpado sus inalienables derechos, y sujetándole al yugo de un absoluto despotismo desde el año de 1817 hasta el presente de 1825…”

El problema es que inmediatamente de declarar la independencia, aprueba la Cláusula de Unión: “La Honorable Sala de Representantes de la Provincia Oriental del Río de la Plata, en virtud de la soberanía ordinaria y extraordinaria que legalmente reviste, para resolver y sancionar todo cuanto tienda la felicidad de ella, declara: que su voto general, constante, solemne y decidido, es y debe ser por la unión con las demás Provincias Argentinas, a que siempre perteneció por los vínculos más sagrados que el mundo conoce.” 

Finalmente aprueba la creación del Pabellón Nacional: “Siendo una consecuencia necesaria del rango de Independencia y Libertad que ha recobrado de hecho y de derecho la Provincia Oriental, fijar el pabellón que debe señalar su Ejército y flamear en los pueblos de su territorio, le declara por tal, el que tiene admitido, compuesto de tres fajas horizontales, celeste, blanca, y punzó, por ahora…”

Me ha parecido necesario transcribir textualmente las tres normas aprobadas por la Honorable Sala de Representantes de la Provincia Oriental, porque la mayoría solo recuerda la versión escolar y sonora declarando “írritos, nulos y de ningún valor…

De su lectura surge claramente la complejidad de la situación política, donde mientras se guerreaba exitosamente con el Imperio de Brasil, (Batallas de Sarandí, Ituzaingó, y luego la conquista de las Misiones por Rivera), era vital mantener el apoyo político y económico de Buenos Aires, donde un sector importante de su dirigencia era especialmente desafecto a la causa oriental.

Pero si en la legislación, la declaración de nuestra independencia duró lo que demoró la lectura y votación de la “cláusula de unión”, la independencia era el objetivo de todos los patriotas, que debieron seguir luchando hasta el 27 de agosto de 1828, cuando el Emperador de Brasil Pedro I, abrumado por la sucesión de derrotas de los ejércitos imperiales, se avino a firmar en Rio de Janeiro la Convención Preliminar de Paz, donde el Imperio de Brasil y las Provincias Unidas del Río de la Plata, con sus representantes:

 “después de haber canjeado sus plenos poderes respectivos, que fueron hallados en buena y debida forma, convinieron en los artículos siguientes:

 Art. 1 – Su Majestad el Emperador del Brasil declara la Provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina, separada del territorio del Imperio del Brasil, para que pueda constituirse en Estado libre e independiente de toda y cualquiera Nación, bajo la forma de Gobierno que juzgare conveniente a sus intereses, necesidades y recursos. 

Art. 2 – El Gobierno de la República de las Provincias Unidas concuerda en declarar por su parte la independencia de la Provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina, y en que se constituya en Estado libre e independiente, en la forma declarada en el artículo antecedente. 

Art. 3 – Ambas Altas Partes contratantes se obligan a defender la independencia e integridad de la Provincia de Montevideo, por el tiempo y el modo que se ajustare en el Tratado definitivo de Paz.” 

Como se puede ver, (y como señalaba el historiador Guillermo Vázquez Franco), el Emperador del Brasil y los Representantes del Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata declararon la independencia de “la Provincia de Montevideo”, sin participación de esta.

La verdad histórica es que todos y cada uno de esos pasos, fueron consultados y tuvieron el acuerdo de los patriotas, que, dada su condición de militares al mando de ejércitos con participación importante de tropas y oficiales argentinos, debió mantener una gran discreción, para no debilitar la causa de la independencia oriental.

Los compadres, se reconciliaron, (una vez más) por cartas en los meses de julio y agosto de 1828, coincidiendo con la firma de la Convención Preliminar de Paz, con la vital y hábil mediación de Lord John Ponsomby.

Luis Alberto de Herrera, en su magistral “LA MISIÓN PONSOMBY”, hace justicia al diplomático inglés, que sin duda seguía la política del Primer Ministro George Canning, pero también fue un incansable promotor de la paz para todos los contendientes, y sabedor respetuoso del impulso federal e independentista de la provincia rebelde.

La historia de Lord John Ponsomby, es extraordinaria, y contarla excede por mucho la extensión de esta larga nota, pero no faltará oportunidad, vale la pena contarla.

Mientras tanto, a manera de resumen, luego de la derrota de José Artigas en 1820, luego de la invasión portuguesa de 1816 consentida por Buenos Aires, y convertida la Provincia Oriental en la Provincia Cisplatina, el 19 de abril de 1825 se inicia la cruzada libertadora de los 33 Orientales.

El 25 de agosto, la Sala de Representantes de la Florida declara la Independencia, y se inicia una sucesión de victorias militares que culmina en la brillante Campaña de la conquista de las Misiones, por Rivera, que convence definitivamente al gobierno de Buenos Aires y a Emperador del Brasil que la paz, y la independencia de la Provincia Oriental eran inevitables, y firman el 27 de agosto de 1828, la Convención Preliminar de Paz, declarando independiente a la “provincia de Montevideo”.

Dos años después, el 18 de Julio de 1830, se jura la Constitución, que consolida la institucionalidad de la República Oriental del Uruguay. Esos cinco años, de 1825 a 1830, no son solo las fechas principales sino el laborioso proceso de consolidación de nuestra nacionalidad y nacimiento como estado soberano.

Es una nota muy larga, pero pienso que vale la pena recordar con referencia a los documentos de la época, como realmente ocurrieron las cosas.

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