Con la elaboración del presupuesto como eje, el nuevo período legislativo plantea decisiones de fondo sobre desarrollo, descentralización y distribución de recursos, en un contexto que exige diálogo político y una mirada equilibrada para todo el territorio salteño.
Presupuesto y descentralización: una discusión que no puede postergarse.

Sofía Viera
Bancada CORE
Cada inicio de un nuevo año legislativo es una invitación a detenernos, mirar con honestidad dónde estamos y decidir, con responsabilidad, hacia dónde queremos ir como departamento. No se trata solo de una instancia formal dentro del calendario institucional, sino de un momento clave para reflexionar sobre el rumbo que estamos tomando y sobre las decisiones que marcarán el presente y el futuro del departamento de Salto.
Hace un par de semanas se comenzó a trabajar el presupuesto departamental, una de las herramientas más relevantes con las que cuenta el gobierno. El presupuesto trasciende largamente lo administrativo: es una definición profundamente política, institucional y humana. En él se expresan prioridades, se ordenan acciones y se plasma una determinada visión de desarrollo. Allí se decide qué se impulsa, qué se fortalece y cómo se distribuyen los recursos en un territorio diverso, con realidades distintas, pero todas igualmente importantes.
Asumir la responsabilidad del rol legislativo implica abordar este proceso con seriedad, compromiso y una clara vocación de diálogo. El debate presupuestal exige responsabilidad y respeto, incluso en la diferencia. La ciudadanía espera que estemos a la altura de las circunstancias, que discutamos con firmeza, pero también con madurez, poniendo siempre por delante el interés general. Los acuerdos que puedan alcanzarse con la oposición no debilitan el debate; por el contrario, lo enriquecen y otorgan mayor legitimidad a las decisiones que se toman.
En este contexto, resulta imprescindible poner sobre la mesa una discusión central: el rol de la descentralización en el desarrollo del departamento. El Departamento de Descentralización no puede pasar a ser un área dentro del Departamento General de Cercanías. Este cambio no es meramente nominal ni administrativo. Convertir un departamento en un área implica, en los hechos, una pérdida de autonomía, de capacidad de planificación y de incidencia política. Significa debilitar una de las principales herramientas que tiene un gobierno departamental para llegar al territorio de forma organizada, sostenida y efectiva.
La descentralización no es un concepto abstracto: es presencia en el territorio, es escucha activa, es articulación con municipios y actores sociales. Es garantizar que las políticas públicas no se diseñen únicamente desde el centro, sino que contemplen las particularidades de cada localidad. Quitarle jerarquía institucional a la descentralización sería retroceder en ese camino y limitar su capacidad de respuesta ante las demandas concretas de la población.
Por eso, al discutir el presupuesto, es fundamental no perder de vista el interior del departamento. Localidades como Belén, al igual que tantas otras, forman parte esencial del entramado social, productivo y cultural de Salto. El presupuesto debe reflejar esa realidad, garantizando una mirada equilibrada y justa, que contemple obras, servicios y oportunidades para todos, sin importar el lugar donde se viva.
Este nuevo período legislativo nos encuentra ante decisiones trascendentes para el rumbo del departamento y nos ofrece, una vez más, la oportunidad de demostrar que la política puede ser una verdadera herramienta de transformación cuando se ejerce con seriedad, compromiso y vocación democrática. El desafío es debatir, acordar y decidir pensando siempre en el bien común, sin perder de vista la diversidad de realidades que conviven en nuestro territorio.
Porque al final del día, nuestras diferencias terminan siendo nuestras coincidencias.








