Hoy por:
Jorge
Pignataro
En estos días la ciudad de Buenos Aires se ha convertido en un centro de importante atracción cultural. Sucede que desde el pasado jueves, y hasta el 10 de mayo, están abiertas las puertas de la Feria del Libro en su 36º edición. Son muchas las personas, desde diferentes puntos de América, y según hemos sabido también desde Salto, que han viajado o viajarán para ser parte del evento. Exposición, venta y presentaciones de libros, conferencias, recitales poéticos, son algunas de las propuestas. Este año se ha tomado como lema “Festejar con libros 200 años de historia”, de manera de enmarcar las actividades en los festejos por los dos siglos de la gesta independentista de aquel país. Según han manifestado los organizadores, cada año la Feria convoca a un promedio de un millón de visitantes. Es tradicional que en cada edición se elijan algunos autores para ser homenajeados, es decir que sus nombres y obras sean una suerte de elemento común en todas las actividades, en este caso los recordados son cinco: José Hernández, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Julio Cortázar y María Elena Walsh. Alrededor de cincuenta son los escritores extranjeros que estarán llegando a la capital argentina para realizar exposiciones, entre ellos se destacan: Fernando Vallejo (colombiano), Antonio Gamoneda, Enrique Vila Matas, Rosa Montero (españoles), John Katzenbach (estadounidense), Alessandro Baricco (italiano), Yutaka Hosono (japonés).
¿Y EN SALTO?
Como “sana envidia” podría definirse lo que cualquier salteño que guste de los libros debe sentir hacia Buenos Aires ante tan importante evento. Salto tuvo su última Feria del Libro entre el 22 y el 29 de agosto de 2006. En aquella oportunidad, se desarrolló en las instalaciones del Mercado 18 de Julio y contó con algunas destacadas figuras visitantes como el entonces Director de la Biblioteca Nacional Dr. Tomás de Mattos. Por supuesto que, por carencias tanto en el espacio físico como en el nivel de las propuestas, estuvo muy lejos de alcanzar dimensiones como las que hoy tiene la Feria bonaerense, y es natural que así sea en tanto no puede compararse una ciudad con otra en cuanto a infraestructura con que se cuenta para este tipo de actividades, o a capacidad económica para una inversión de esa naturaleza. Pero igualmente creemos que fue un error no haber reeditado el evento: la superación quizás hubiera llegado en la continuidad. Después de 2006, los salteños esperaron otra edición, que lamentablemente nunca se concretó. Salto merece, sin mayor dilatación en el tiempo, contar con una Feria de Libro de nivel.




