Plan Departamental de Arte en el reino del revés

Plan Departamental de Arte: una nueva hoja de ruta para Salto

El sector artístico y cultural de Salto atraviesa un momento de transición profunda. Durante décadas, la producción local ha navegado entre el voluntarismo y la intermitencia, supeditada muchas veces a la escasa voluntad del poder público o a la eterna resiliencia de los artistas. 

La realidad económica, marcada por una crisis que afecta tanto a los comercios de la calle Uruguay como al consumo general en la ciudad, nos obliga a repensar las estructuras que sostienen nuestro oficio y construir una economía artística que sea técnica, audaz y, sobre todo, profesional.

En este contexto, surge el Plan Departamental de Arte (PDA).

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Salto el reino del revés

Bien sabemos que en Salto todo está subvertido, en este departamento los jerarcas municipales son los que tienen los derechos y los ciudadanos tenemos las obligaciones. En cultura el que trabaja no cobra y el que cobra no trabaja, el que es técnico es visto como un problema y el que ignora es efectivizado. El que sabe sabe y el que no sabe es capataz.

Por eso, no es de sorprender que una política pública tenga que surgir de una persona física que no cobra un sueldo para eso, mientras que en la esfera del gobierno municipal, donde sí hay presupuesto, no pasa naranja. 

Este artículo es el primero de una serie de entregas donde exploraré en detalle el PDA, una idea que pretende transformar a Salto en un polo de desarrollo creativo. Un conjunto de dispositivos estratégicos diseñado por un artista y motivado por el amor al arte. 

A continuación, presento las bases de esta propuesta que busca posicionar a nuestra ciudad en el mapa de las industrias creativas globales.

El paradigma del artista genial y pobre

Uno de los mayores obstáculos para el desarrollo cultural en Salto es el relato histórico que asocia la genialidad artística con la carencia material, la idea de que un artista, para ser auténtico, debe aceptar la precariedad como parte de su destino

Este enfoque perverso traslada la responsabilidad, que por ley le corresponde al poder público, al individuo. El problema no es el talento ni la voluntad de los artistas —tal vez el problema sea la falta de talento y de voluntad de los jerarcas—, sino un sistema que los ha empujado históricamente a la informalidad por la ausencia de políticas públicas que generen y protejan el trabajo artístico.

Esta construcción cultural es dañina, tanto para la salud mental de los creadores, como para la sostenibilidad del sector.  El PDA se planta frente a esto con una premisa clara: el arte es trabajo y salario. 

La idea es establecer un antecedente de confianza donde el pago digno y la formalización de las relaciones laborales no dependan de la «buena voluntad» de turno, sino de una gestión técnica rigurosa. Que las y los artistas cuenten con las herramientas institucionales necesarias para ejercer sus derechos y obligaciones como cualquier otro trabajador, generando un valor económico que hoy la ciudad está desperdiciando.

Dispositivos económicos estratégicos

Para que un plan de esta magnitud sea viable, debe apoyarse en dispositivos económicos que ya tengan un asidero en la realidad y en la legislación. El PDA propone utilizar elementos con fuerte arraigo patrimonial y logístico para abrir puertas institucionales.

El tango, por ejemplo, es un bien cultural protegido por ley. Al trabajar sobre el patrimonio, el plan adquiere argumentos sólidos ante las instituciones públicas, transformando el arte en una herramienta de gestión política y económica.

Por otro lado, la canción de autoría representa el eslabón más ágil para iniciar esta reconstrucción, porque permite una movilidad y una versatilidad que las grandes bandas a veces dificultan. 

El PDA ya comenzó a articular una red de cantautores en Salto, enfocada en generar una base de confianza mutua y circuitos íntimos técnicamente impecables que demuestren que el arte local puede ser un producto de excelencia.

Al establecer pagos profesionales por actuaciones de tiempo controlado y calidad garantizada, también está educando al mercado y al poder público, dos actores de gran impacto tanto por su poder económico como por su desconocimiento en relación al tema. 

Salto hacia la UNESCO

La visión del Plan Departamental de Arte es de carácter fundacional, un horizonte de entre siete/ocho años para trabajar en el fortalecimiento del producto artístico local con un objetivo mayor: que Salto sea reconocida como Ciudad Creativa dentro de la red de la UNESCO.

Esto no es un título decorativo, sino una acreditación de que la ciudad posee una estructura, una red de gestores y una producción cultural capaz de sostenerse y dialogar con el mundo.

Para llegar a esa meta, debemos ser capaces de diagnosticar por qué hoy Salto desaprovecha su posición geográfica estratégica. Estamos a 500 kilómetros de Montevideo, somos una ciudad puente y tenemos un potencial turístico inmenso, pero carecemos de pensadores públicos, técnicos en gestión y de un ordenamiento que conecte estas redes.

La creación de circuitos artísticos estables y la formación de gestores que piensen a gran escala son pasos obligatorios para que esta visión de «Salto Creativa» deje de ser un anhelo y se convierta en una realidad.

La economía como vínculo y oportunidad

El sector comercial y el sector artístico están en el mismo barco: ambos necesitan que la gente circule y confíe en lo que la ciudad produce.

El plan propone un diálogo frecuente entre artistas y comerciantes para generar confianza comercial sobre la economía del arte. Mediante sistemas de publicidad cruzada, descuentos para el público que asiste a eventos culturales y la dinamización de espacios ociosos, busca demostrar que la cultura puede reactivar el territorio.

Pero debe ser un camino de ida y vuelta, no únicamente presionar al artista para que sepa más de comercio, sino también que el sector comercial se preocupe y esfuerce por entender de arte.  

Estética de la gestión y formación técnica: el camino hacia la excelencia

Finalmente, el PDA sostiene que el arte no debe limitarse al escenario. Debe existir lo que denominamos una «estética de la gestión». Esto significa aplicar la técnica, el orden y la belleza a la forma en que organizamos nuestras instituciones y proyectos.

La falta de perfil administrativo ha sido el mayor enemigo de la credibilidad artística en nuestra región. Por ello, el plan pone un énfasis total en la transparencia y en el uso de herramientas modernas de recaudación y auditoría.

En los próximos artículos, detallaremos cómo cada uno de estos conceptos se traduce en acciones concretas. Te invito a que sepas más del tema siguiendo esta serie de entregas.

Estamos solos, estamos abandonados, pero estamos juntos. ¡Viva el Arte! ¡Salario digno para las y los artistas!

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