Periodismo

“La grabadora oye pero no escucha, graba pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y al fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral”

Gabriel García Márquez

- espacio publicitario -SOL - Calidez en compañía

Pasó este fin de semana, el sábado 23 en concreto, un día más de celebración por el Día del Periodista. Dice la Historia que el 23 de octubre de 1815, José Artigas envió un oficio al Cabildo de Montevideo apoyando la publicación de Mateo Vida, llamada “Prospecto Oriental”, a la que calificó como una “herramienta fundamental” y exhortando a los cabildantes a promover la libertad de prensa en el territorio nacional. Esto motivó a los legisladores para el establecimiento del “Día del Periodista” el 23 de octubre de cada año por Ley 16.154. A partir de la publicación en el Diario Oficial, el 3 de diciembre de 1990, referida a la promulgación de la Ley 16.154, se efectivizó el Día del Periodista en Uruguay, que se celebra el 23 de octubre de cada año.

Pero hoy nos interesa hablar del hoy, del presente. Es este presente un tiempo en el que suele decirse: “¡Qué difícil es ser periodista!”. Yo no. No soy de los que dice que actualmente es difícil o muy difícil es ser periodista. Por varios motivos. Ante todo, porque seguramente nada es fácil, ¿acaso lo es ser maestro?, ¿ser enfermero o policía?, ¿recolectar basura? Y así todo… Todo tiene sus cuestiones buenas y malas, lindas y feas, difíciles y no tanto. Capaz el periodista está un poco más expuesto públicamente, es cierto, pero de ahí a decir “qué difícil” casi adoptando un papel de víctima no, de ninguna manera. Porque además, justamente es lo que creemos que no deberíamos hacer: victimizarnos tras el escudo de lo difícil que es, para justificar algunas cosas.

Claro que hay dificultades, como en todo, como acabamos de escribir. Y si hablo de dificultades en torno a la tarea periodística, hay por lo menos dos o tres que sobresalen. Una, la que siempre se menciona: la competencia que se tiene de quienes hasta “juegan a ser periodistas” en las redes sociales (hay tantos medios hoy en día: Facebook, Instagram, Twitter…) y muchos manejan información, cual periodistas, con una imprudencia que asusta, quizás sin ser del todo conscientes del daño que se puede causar. Pero la gente no es tonta, en general se da cuenta quién informa, quién desinforma, quién comete errores involuntariamente (que todos lo hacemos, porque nadie es perfecto) y quiénes se “equivocan” (así, entre comillas) con evidente mala intención. Otra dificultad, y esta sí que es un tema complejo, es que cada vez más, la gente quiere que el periodista diga lo que quiere escuchar que diga, ¿se entiende? Si el periodista dice lo que yo quiero que diga es bueno, es buenísimo, ¡qué periodista que es!; en cambio si dice otra cosa que no es mi opinión (y sobre todo en temas políticos pasa muchísimo), entonces poco menos que hay que hundirlo: “es un vendido”, “está comprado”, “está para hacer los mandados”, etc. etc.

Le voy a dar un ejemplo para que usted vea, estimado lector, cómo cambia de opinión la gente respecto a un periodista. A veces me encuentro con gente que me dice: “Comentá en el diario o en la radio que fulano roba descaradamente en tal lugar, que mengano es un corrupto bárbaro…”. Y entonces yo le digo: “¿Y por qué no vas por el diario y hacemos una nota?, hacemos una nota donde decís esto que me estás contando, le agregamos una foto tuya como entrevistado y listo”. La respuesta suele ser: “Ahhh nooo, yo no quiero aparecer para nada, sos vos el periodista, tenés que decirlo vos”. Sin embargo, otras veces, de repente esa misma persona, cuando no está de acuerdo con una opinión, puede que nos diga: “¿Y qué sabés vos de tal cosa?, ¿te creés periodista vos que sos como yo nomás, solo que tenés un micrófono adelante o la página de un diario?”.

¿En qué quedamos entonces? ¿Cómo es el asunto? ¿Si me sirve es periodista, si no me sirve no es periodista sino solo alguien que tiene un micrófono delante o una página donde escribir?

Otro ejemplo le doy. Hay muchísimas personas que cuando escuchan o leen la opinión de un periodista y están de acuerdo con ella (otra vez, en temas políticos es donde más se ve) alaban a ese periodista, lo elogian y dicen cosas tales como “así debe ser un periodista, decir lo que es, expresar la verdad, le duela a quien le duela”. En cambio, cuando la opinión no es coincidente con la del oyente o lector, los comentarios son: “qué mal periodista, cómo va a opinar así alguien que tiene que ser objetivo”. Como si la objetividad siempre fuese buena, como si ser honesto no fuera más importante que (pretender) ser objetivo.

“¡Qué va a ser periodista aquel, si no tiene título!”, dicen algunos. No nos parece un argumento válido como descalificación. No debe haber oficio que requiera más una conjunción entre lecturas y “mostrador”, que el periodismo. Esa conjunción es más necesaria, creo, que el título de periodista. Por supuesto que valoro el título, ¿cómo no hacerlo? Pero quienes nos criamos escuchando y leyendo a personas como Enrique Fermín Soler, como Óscar Francisco Garaventa, como José Roque Alfieri, como el “Flaco” Etchevers o Alberto Rodríguez, Hugo Rolón o Carlos Ardaix…y tantos otros que no tienen ni tenían “título de periodista” alguno, ¿podemos permitir que se diga que no son o no fueron periodistas?

En fin, quiero tomarme la licencia de decir algo de mí, a riesgo de que pueda parecer egocéntrico. Hago periodismo desde hace 20 años. Empecé tímidamente en 2001 con algunas colaboraciones esporádicas en la página de Cultura de Diario EL PUEBLO. Inmenso y eterno agradecimiento al profesor José Luis Guarino que me lo permitió, así como a Leonardo Garet, que en aquel momento me dijo: “te gusta escribir, ¿qué mejor fragua que el periodismo”. Y así seguí, y aquí estoy. También en Radio Libertadores, desde el año 2008. Desde 2015 con “Peces de Colores” los sábado y desde abril de este año también con “El Faro” de lunes a viernes.

Por este camino han pasado muchas cosas. Más allá de inconvenientes naturales que nunca faltan, puedo decir que todo ha sido una bella cosecha, absolutamente todo. Lo más importante es que “hacer periodismo”, como se dice habitualmente, a mí me hace muy feliz. Y eso basta. Las dificultades, son parte del oficio, de todos los oficios. Coincido con el título de un viejo artículo que escribió García Márquez: “Periodismo: el mejor oficio del mundo”. Como además, ser agradecido es una de las claves para vivir en paz y ser felices, y desde hace algún tiempo decidí sólo preocuparme y ocuparme por ser feliz, aprovecho este espacio para agradecer a todos quienes vienen haciendo realidad esa cosecha de buenos frutos: a mi familia, porque siempre está; a los innumerables entrevistados que en este tiempo pasaron ante mí; a los (aún más innumerables) consecuentes o circunstanciales lectores y oyentes; a los compañeros de EL PUEBLO y de Libertadores que me han permitido siempre actuar con la más absoluta libertad y confianza, a los directores Adriana Martínez, Enrique y Marcelo di Giácomo, a todos.

Lo más importante es reiterar que el periodismo me hace muy feliz, que si este periodismo puede ayudar en algo a alguien mejor aún, y por supuesto, decir nuevamente gracias.

Contratapa por Jorge Pignataro

Enlace para compartir: https://elpueblodigital.uy/kfx3