Patricia Barrios: una vida dedicada a enseñar historia y construir futuro

Docente y directora, Patricia Barrios repasa su historia, la vocación por enseñar y los desafíos actuales de la educación tras más de 30 años de trayectoria.

La historia de vida de Patricia Barrios es, en muchos sentidos, el reflejo de una vocación que se fue construyendo desde la sensibilidad, la curiosidad y el compromiso con su tiempo. Su recorrido personal y profesional está atravesado por experiencias que comenzaron en una infancia marcada por el contexto histórico del país, donde, aun sin comprender del todo lo que ocurría, percibía señales, gestos y dinámicas que despertaban preguntas. Esas primeras inquietudes, sumadas a vivencias escolares significativas —tanto positivas como desafiantes—, fueron moldeando una mirada crítica y una profunda necesidad de entender el pasado para interpretar el presente.

A lo largo de los años, ese interés inicial se transformó en una elección de vida: la docencia. Entre influencias de profesores que dejaron huella, decisiones tomadas casi en un instante y un camino académico que exigió esfuerzo y perseverancia, Patricia fue consolidando su identidad como profesora de Historia. Su relato pone en evidencia no solo el amor por la disciplina, sino también el valor de la educación como herramienta de transformación, tanto para quienes enseñan como para quienes aprenden.

- espacio publicitario -SOL - Calidez en compañía

Con más de tres décadas de trayectoria, su experiencia en el aula refleja el dinamismo, la complejidad y la riqueza del vínculo educativo. Para ella, cada clase es distinta, cada grupo representa un nuevo desafío y cada estudiante deja una marca. A su vez, su rol como directora le permitió ampliar la mirada hacia la gestión institucional, enfrentando retos significativos como el inicio de su dirección en plena pandemia, una etapa que exigió liderazgo, trabajo en equipo y capacidad de adaptación.

En esta entrevista, Patricia Barrios comparte no solo su recorrido profesional, sino también una visión honesta sobre los desafíos actuales de la docencia, el valor de la vocación y la importancia de sostener el compromiso con la educación en contextos cambiantes. Su historia invita a reflexionar sobre el rol de los educadores en la sociedad y sobre la necesidad de seguir apostando a una enseñanza que forme, acompañe y deje huella.

Por tal motivo, la protagonista de la historia de vida de hoy es Patricia Barrios.

¿Qué recuerdos de tu infancia o adolescencia que creés que marcaron tu vocación por la historia y por la educación?

«Por un lado bastante crítica fui desde chiquita, tengo en cuenta mi edad. Yo la niñez y entrando a la adolescencia pasé bajo la dictadura y después los primeros años de democracia. Esas cosas a mí, si bien en casa no se hablaba, como en la mayoría de las casas de trabajadores no se hablaba, yo sentía situaciones raras que no las podía explicar, pero que después, pasando el tiempo, tenían una conexión. Y en la escuela también, en la escuela yo vivía ciertas cosas que eran normales pero que me parecía que eran demasiado raras, como por ejemplo que la directora de ese momento de la escuela que yo iba, la escuela de mi barrio, la escuela número nueve, nos dijera en cada recreo para finalizar: talones juntos, puntas de pie separados, tomen distancia ya. Me acuerdo bien de eso, incluso se los digo siempre a mis estudiantes cuando estudiamos regímenes totalitarios o la dictadura cívico-militar en nuestro país. Esas cositas a mí siempre me cuestionaban, me ponían mucho a pensar y creo que por ahí empezó mi curiosidad por saber algo más de historia. Y cuando empezamos en el año 84, que se vivían otras situaciones, o con el plebiscito, yo escuchaba a los adultos y esas formas de hablar, ya sea en la capilla del barrio, a mí me daban curiosidad, que después fui a profundizarlo más en la lectura y en el estudio más riguroso, y que tenía la relación de lo vivido con esa mirada de niña y a su vez con lo que yo estaba empezando a estudiar. Por ahí empezó mi gusto y de la escuela también te queda lo que no hay que hacer y lo que sí. Me quedaron marcadas algunas maestras divinas y otras acciones que quedaron en la memoria que no voy a relatar, de lo que no se debería de hacer, y esas cosas también me marcaban. Yo siento que era media rara como niña para pensar en esas cosas».

«Rescato a la maestra Gladis como una referente, como una maestra muy cercana a los estudiantes, a los niños de quinto, amorosa y que enseñaba mucho, pero sin embargo de otras maestras no tengo ese mismo recuerdo».

Fuiste creciendo, ¿y cuál fue el momento clave donde dijiste: sí, me voy a dedicar a la docencia?

«Yo quería ser profesora de literatura y ahí la responsable de eso, primero el profesor José Sotto, cuando yo estaba cursando tercero en el liceo número tres, como que me abrió la cabeza cuando entró el primer día a clase. Y después yo estuve con una profesora llamada Elba, que me empezó esa intriga, esas comparaciones que hacíamos de diferentes textos y de la Biblia analizarlo y asociarlo con la Ilíada, la Odisea. Eso fue que me explotó y yo decía: yo quiero ser profesora de literatura. Y le dije a ella y me decía: vas a tener que leer este libro, y me mostraba unos libros enormes y yo como que sí puedo, sí puedo con eso. Pero también me gustaba mucho la historia y tenía con la llamada Tolita Gladis Tripodi, y me gustaba mucho la historia, y estudiaba y tenía cuadernos de mi amiga y comadre hasta ahora, Fátima, que me había pasado, porque era la época que teníamos que hacer resúmenes, y me gustaba muchísimo la historia. Y cuando me fui a inscribir al Instituto de Formación Docente y estaba Juan Claudio y me dijo: ¿en qué te vas a inscribir? Yo iba en el ómnibus pensando en literatura y ahí en ese momento dije historia, y ahí quedó historia y arranqué el profesorado, que no fue sencillo para nosotros teniendo en cuenta que hacíamos el tronco común con las compañeras maestras que iban a ser maestras y de las otras orientaciones de profesorado, pero las específicas las teníamos que dar en Montevideo en condiciones libres. Teníamos un programa como el programa que tienen los profesores y ahí armábamos todos nuestros temas, los armábamos, los estudiábamos con los materiales que teníamos, que a veces no eran los mejores, siempre agradeciendo a colegas que ya se habían recibido antes, que ellos siempre nos daban una mano con los materiales, que ellos ya eran profesores jóvenes y nos prestaban a nosotros esos materiales, y ahí estudiábamos y a dar el examen a Montevideo y así fuimos logrando avanzar».

¿Alguna experiencia que te haya dejado la docencia?

«La docencia a mí… yo te explico lo siguiente: yo he pasado situaciones complejas, como todo el mundo ha pasado, no voy a hablar de ese aspecto, pero yo siento que cuando entro a clase todo eso triste que me puede estar pasando se alivia. Reconozco que cuando estoy mal, mal, no voy por respeto hacia ellos. Cuando yo estoy muy mal anímicamente, emocionalmente, digo: no, hoy no es un día para ir por respeto a ellos. Les digo a veces el motivo: emocionalmente no estoy para estar frente a una clase».

«Soy docente, hice el profesorado, ningún día es igual a otro, no es rutinario, no es como capaz me voy a la oficina y hago todos los días lo mismo. La docencia todos los días tiene algo distinto: el día que te trabajan maravilloso, el día que no te trabajan nada, el día que habló alguien que nunca habló, el día que se equivocó el que sabe de todo, el día que nos enseñaron algo porque ellos nos enseñan y mucho, por eso es un va y viene constante y no es rutinario. La docencia a mí me ha dejado muchísimo, la volvería a elegir la docencia a pesar de muchas cosas, la volvería a elegir».

«Voy por la calle y me saludan y a veces digo quién es, porque ya están con barba, ya está una señora grande, y fueron mis alumnos. En mayo voy a cumplir 32 años de profesión y han pasado muchos. Ahora hay un compañero, un chico que está trabajando acá en el colegio arreglando los baños, y me dice: usted fue mi profesora, dice, ¿no se acuerda de mí? Y no, ya está grande, tenía 14 años cuando fue mi alumno, es gratificante esto».

Sos docente, pero también sos directora, habrá sido un gran desafío.

«Soy directora del Liceo Inmaculada Concepción desde el 2020, dos días antes que estallara la pandemia. Sí, un gran desafío en ese momento porque Lourdes, que había estado mucho tiempo, decidió dar un paso al costado ahí y me dijo para serlo. Lo tomé como un desafío, yo adoro el colegio, mi primer hijo tiene 25 años, se formó, se educó acá, entonces como que uno empieza a querer el colegio como madre. También después yo empecé a trabajar y me gustaba el clima y todo. Tomé ese desafío, pero no pensé que iba a ser tanto. Dos días después, fue un miércoles que Lourdes me había dicho y el viernes tenemos la noticia del primer caso de COVID y estábamos en la virtualidad, y yo con todo eso. Por suerte sí tuve un gran equipo de docentes que me acompañaron, que siempre estoy más que agradecida a ese grupo de compañeros que estuvieron ahí al pie del cañón con todo, y éramos, si bien yo figuraba y podía firmar un documento como directora o encargada de dirección en ese momento, éramos todos y somos todos. Y las familias apoyaron porque es bien complicado una institución, supongo que todas, una institución privada que están acostumbrados y ven la cara visible de una persona cambiar. Yo no tenía tanta visibilidad antes, era una profe, y pasar de profe a ser directora cuesta, pero sin embargo la familia acompañó, estuvo presente allí. Hicimos cosas maravillosas en tiempo de pandemia, nos acoplamos a todo lo que nos decían en ese momento las autoridades, pero se hicieron cosas re lindas».

«En el 2021 no perdimos días de clase porque empezamos con la virtualidad y los chiquilines desde 7:30 de la mañana tenían todas las clases con la virtualidad y todos los profesores estuvieron allí presentes, no perdieron nada».

Para culminar la nota, aquellos estudiantes que están cursando lo que es el profesorado de historia, ¿qué les podés decir?

«No es sencillo, la docencia ha cambiado mucho en el sentido de que antes éramos reconocidos, valorados, hoy lamentablemente estamos viviendo situaciones bien complejas de descrédito de la docencia. Por ejemplo, ese discurso que se está diciendo de que tienen 3 meses de vacaciones: primero es una mentira, no hay 3 meses de vacaciones, los docentes trabajamos hasta diciembre inclusive, en febrero también arrancamos, arrancamos con los acompañamientos, con exámenes o pruebas como se pueda decir ahora, pero se está trabajando y mucho. Trabajamos muchas horas, porque una cosa es asistir a la institución donde nosotros damos clases o estamos en la gestión, pero otra cosa es el trabajo que tenemos en casa, que es desde la planificación, y capaz alguno no planifica o no planificamos a veces, pero la mayoría planifica las clases, no va, como se decía antiguamente, a payar, no improvisa. La corrección lleva tiempo, el estar actualizado lleva mucho tiempo, tenemos muchos desafíos».

«Hagan lo que realmente les gusta».

«Si tienen la vocación de ser docente, hay que serlo, es lindísimo, es duro conseguir horas, lamentablemente es así, tenemos chiquilines que se reciben y se van al sur, que tienen mayor ámbito de trabajo».

«No hay suficientes horas en nuestro departamento para todos y los que nos queremos jubilar no podemos porque el sueldo no nos alcanzaría, es así».

«Hay que hacer lo que a uno le gusta».

Enlace para compartir: https://elpueblodigital.uy/5ije