El recorte del IMESI y la suba de combustibles golpean con fuerza a Salto, encarecen el costo de vida y reavivan el reclamo político desde la frontera.

Edil Dr. Enzo Molina
Presidente de la Junta Departamental de Salto
Periodo 2025-2026
Bancada CORE
Partido Nacional
Mientras en Montevideo hablan de diálogo social, consensos y sensibilidad, en el norte seguimos recibiendo rebencazos. Porque una cosa es el discurso y otra muy distinta la realidad que viven miles de familias salteñas cada vez que van a cargar combustible. Otra vez aumentaron las naftas. Otra vez aumentó el gasoil. Y otra vez se recortó el descuento de IMESI para la frontera. Pero lo más grave no es el aumento aislado. Lo grave es el proceso completo. En menos de un año, el descuento del IMESI pasó del 40% al 15%. Veinticinco puntos menos. Mientras tanto, las naftas aumentaron un 7% y el gasoil un 14%. ¿Y cuál es el resultado real para la gente del norte? Simple: el litro de nafta terminó aumentando cerca de un 38% para los consumidores de frontera si se compara el escenario actual con el que existía cuando el beneficio era del 40%. No es percepción. No es relato. Es plata concreta saliendo del bolsillo de la gente.
Y el problema no termina en el surtidor. Porque el combustible mueve absolutamente todo. Cuando aumenta el combustible, aumenta el flete, aumenta el costo de distribución, aumenta la mercadería y termina aumentando el precio final en el almacén del barrio. Es un efecto dominó. Una ficha empuja a la otra y al final todo vale más. El comerciante paga más, la empresa paga más, el productor paga más y el trabajador termina comprando menos con la misma plata. Porque mientras suben los combustibles, los salarios no aumentan al mismo ritmo y el golpe termina cayendo siempre sobre los que menos tienen.
Cada aumento repercute en el precio de la comida, en los materiales, en los servicios y en el funcionamiento mismo de las empresas. Muchas veces se habla del combustible como si fuera un tema aislado, pero en realidad es el motor de toda la economía. Cuando el combustible sube de esta manera, sube el costo de vida entero. Y eso en departamentos de frontera como Salto pega todavía más fuerte.
Y mientras eso ocurre, ¿qué hicieron algunos dirigentes políticos del departamento? Miraron para el costado. La Junta Departamental levantó la voz y planteó un reclamo claro contra este nuevo golpe al litoral. Un reclamo lógico, necesario y respaldado por la realidad económica que vive Salto. Sin embargo, hubo quienes decidieron no acompañar. Y acá es donde aparecen las preguntas incómodas. ¿Cómo se explica que representantes electos por Salto no defiendan a Salto cuando el gobierno central toma medidas que perjudican directamente al departamento? ¿Cómo se explica que mientras comerciantes, trabajadores y estaciones de servicio ven caer su actividad, algunos prefieran cuidar al gobierno antes que cuidar a la gente? ¿Dónde quedó el famoso diálogo social cuando nadie consultó al litoral antes de tomar decisiones que afectan miles de puestos de trabajo?
Dialogar no es avisar después del golpe. Dialogar no es convocar cuando el daño ya está hecho. Dialogar implica escuchar antes. Y al norte hace tiempo que dejaron de escucharlo. El norte produce, trabaja y sostiene buena parte del movimiento económico del país, pero cuando llegan los ajustes siempre parece estar primero en la lista para pagar la cuenta. Por eso la discusión ya no es solamente económica. Es política. Lo cierto, es que cuando se castiga reiteradamente al interior y además algunos representantes locales optan por el silencio o la obsecuencia partidaria, la sensación que queda es muy clara: para ciertos sectores, el diálogo social termina exactamente donde empieza el norte del país.







