La obra “Metanoia” de Pablo Sánchez presenta a Yeyé, un curandero bailarín que encarna la transformación interior. Entre magia y memoria, invita a repensar el tiempo y la autenticidad personal.
La crónica poética de “Yeyé”, el yuyero bailarín que desafía el tiempo

En Metanoia. (Crónica de un proceso), el artista Pablo Sánchez construye un universo simbólico donde “Yeyé”, un curandero danzante del barrio Lazareto, encarna la transformación personal como acto creativo. Entre lo mágico y lo cotidiano, la obra invita a repensar el tiempo, la memoria y la autenticidad.
CRONICA DE UN PROCESO (“YEYÉ”)
Pablo Sánchez se instala en los dos planos de su personaje, el interno y el externo, y nos cuenta:
“Entre dos valles con el cielo despejado, sobre un campo con el horizonte estrellado vive un viejo sabio que sobrevive porque piensa.
En el meridiano cero en la zona central, cerca del límite y lejos del final del barrio Lazareto, nació, creció y se hizo “Dotor” “Yeyé”, el yuyero bailarín. Mezcla de brujo y curandero.
Es conocedor de múltiples maniobras mecánicas… es la mezcla de lo mejor de las sobras. Impulsor del cambio, cirujano del tiempo… a su gran creación la llamo “METANOIA”. Todos los minutos que se pierden por ahí él los puede recuperar con un bisturí. Estira los segundos para que se hagan más largos y hace trasplantes en momentos amargos.
Su frase es: “La repetición de una acción es la técnica más efectiva para la prolongación”. Pueden pasar los años pero a este ermitaño el tiempo no le hace daño, “Yeyé” es inmortal como los santos.
Sus vertebras son de árbol, por eso dura tanto, “Yeyé” nunca se olvida de nada porque tiene su memoria como congelada.
Sus recuerdos están enteros, los preserva con hielo seco ochenta grados bajo cero… “Yeyé” piensa que sus grandes ideas descubiertas siempre renuevan sus células muertas, que se hacen eternas cuando las quieren y siempre viven y nunca mueren. Un día “Yeyé” se decidió a escribir una carta con su autobiografía y ella decía más o menos así: Tuve varios oficios, el principal, como me decía mi mama, es el de “solucionador de problemas”. Cuando joven me dedique a la mecánica, a los “fierros” viejos como comentaba mi abuelo. Todo lo hacía bailando, seguramente heredado de mi abuela, “La Negra”, que como en su casa no la dejaban bailar, lo hacía igual a escondidas en la cocina, cuando estaba sola, con el delantal puesto a las apuradas.
De a poco, muy lentamente, me fui interesando por todo eso que mi abuela repetía de una tal “sabiduría ancestral”… al principio no entendía mucho pero después le fui agarrando la mano al tema.
Más adelante, se me dio por estar más cerca de la gente, de los vecinos, hasta que me topé con la medicina natural contra los dolores y todo lo que tenía que ver con “dar una mano”. Mi interés por saber cada vez más de los yuyos, pasó a ser cosa de todos los días.
Yuyo va, yuyo viene, casi sin darme cuenta, en el barrio Lazareto, me empezaron a tratar como un Dotor, imagínate mama como estaba!!… mi gurí (porque para ella siempre fui “su” gurí), es el guía!!!, el “cuidador doméstico”!!!, hasta yo me la creí!!
Poco tiempo después, por la calle me empezaron a pegar el grito: Ahí va Yeyé el yuyero bailarín!!!
Así que ahora viejo y con mis nanas a cuestas y todo, llega carnaval, me pongo “buen mozo”, junto mis cacharpas y me mando a mudar pal corso.
Con su gran creación “METANOIA” quiso impulsarnos a que nos permitamos ser, aunque sea por un instante, otros y los mismos.
“METANOIA” como: un invitar a la búsqueda de la autenticidad personal reconociendo que el apego a viejas estructuras impide proyectarse en tiempos de cambio… el objetivo es accionar desde la pregunta… es reconstruirse trascendiendo las limitaciones.
“METANOIA” Proceso Artístico 2026…
Y DE CIERTO OS DIGO…
Metanoia no es solo una creación artística: es una provocación. En la figura de “Yeyé”, ese sabio que cose segundos y preserva recuerdos, Pablo Sánchez propone una metáfora profunda sobre el cambio interior. En tiempos donde todo parece efímero, la obra sugiere que transformarse no es olvidar lo vivido, sino reinterpretarlo. Porque, al fin y al cabo, la verdadera eternidad no reside en detener el tiempo, sino en aprender a habitarlo de otra manera.
Y algo que se desprende del sueño del artista, en Pablo Sánchez vive Yeyé, lo ilumina, lo transforma y lo alimenta en lo espiritual y en cada giro, soplo de vida de Pablo, va Yeyé el el yuyero bailarín que desafía el tiempo…





