El delito de dañar o destruir señales de tránsito

onfesamos que somos de los que sentimos una profunda pena cuando vemos algunos muros de la ciudad – incluso a veces de instituciones educativas, otras simplemente de fincas particulares- recién pintados los que son “enchastrados” con leyendas y a veces los denominados “graffitis”,  realizados en lugares donde no están autorizados y sin la menor intención de respetar los derechos de los demás.
Recordamos que antes bastaba con una pequeña leyenda de “prohibido fijar carteles”, para que estos muros fueran respetados. Hoy una leyenda de este tipo casi seguramente que invitaría a los malentretenidos a enchastrarlas antes que a las demás paredes.
Pero lo peor de esto no es el tema estético, de por sí condenable en cualquier parte, sino que lo peor son las muestras que hallamos en varios puntos de la ciudad y especialmente en las carreteras, cuando se enchastran y destruyen las señales de tránsito tan importantes y a veces hasta diríamos imprescindibles para quienes llegan por primera vez o luego de mucho tiempo a la ciudad.
Destruir o cambiar el sentido de la indicación de las señales de tránsito es un delito y los “graciosos” que toman esto como una diversión deberían tenerlo claro.
Es más, en algún momento habrá que vigilar especialmente este aspecto,  porque en el entorno de la ciudad y especialmente en  el tramo de la ruta hasta Termas del Daymán nos encontramos con varios carteles totalmente  destruidos o blanco de daños que los vuelven totalmente inútiles. Esto cuando no son robados, porque tenemos entendido que muchas veces estos carteles “desaparecen” ocasionando encima de todo un daño económico a la comunidad.
Estas acciones se inscriben dentro de la misma temática que nos ha ocupado muchas veces en estas columnas. Existe una falta de respeto total hacia los derechos de los demás y en especial hacia los bienes comunitarios, hecho que seguramente está indicando que existen otros factores que están incidiendo en dicha conducta.
Este tema no se agota en la educación que obviamente debe ser sustancial, sino que además quienes realizan las acciones tienen un innegable deseo de hacer daño, habría que buscar respuestas en el campo de la psicología, porque resulta realmente muy llamativo  que alguien se “divierta”, tratando de causar daño a otro, con su acción a una comunidad de la que probablemente se sienta excluido.
Ya no se trata de los adolescentes que como “diversión”, enchastran el muro del vecino o del colegio, con leyendas que consideran  divertidas.
Esto, tal como lo establece la ley  es un delito y quien realiza estas acciones puede terminar encarcelado. En fechas como las de estos días, las consecuencias de estas acciones pueden llegar a ser fatídicas.
Confesamos que somos de los que sentimos una profunda pena cuando vemos algunos muros de la ciudad – incluso a veces de instituciones educativas, otras simplemente de fincas particulares- recién pintados los que son “enchastrados” con leyendas y a veces los denominados “graffitis”,  realizados en lugares donde no están autorizados y sin la menor intención de respetar los derechos de los demás. 25 3 13 025
Recordamos que antes bastaba con una pequeña leyenda de “prohibido fijar carteles”, para que estos muros fueran respetados. Hoy una leyenda de este tipo casi seguramente que invitaría a los malentretenidos a enchastrarlas antes que a las demás paredes.
Pero lo peor de esto no es el tema estético, de por sí condenable en cualquier parte, sino que lo peor son las muestras que hallamos en varios puntos de la ciudad y especialmente en las carreteras, cuando se enchastran y destruyen las señales de tránsito tan importantes y a veces hasta diríamos imprescindibles para quienes llegan por primera vez o luego de mucho tiempo a la ciudad.
Destruir o cambiar el sentido de la indicación de las señales de tránsito es un delito y los “graciosos” que toman esto como una diversión deberían tenerlo claro.
Es más, en algún momento habrá que vigilar especialmente este aspecto,  porque en el entorno de la ciudad y especialmente en  el tramo de la ruta hasta Termas del Daymán nos encontramos con varios carteles totalmente  destruidos o blanco de daños que los vuelven totalmente inútiles. Esto cuando no son robados, porque tenemos entendido que muchas veces estos carteles “desaparecen” ocasionando encima de todo un daño económico a la comunidad.
Estas acciones se inscriben dentro de la misma temática que nos ha ocupado muchas veces en estas columnas. Existe una falta de respeto total hacia los derechos de los demás y en especial hacia los bienes comunitarios, hecho que seguramente está indicando que existen otros factores que están incidiendo en dicha conducta.
Este tema no se agota en la educación que obviamente debe ser sustancial, sino que además quienes realizan las acciones tienen un innegable deseo de hacer daño, habría que buscar respuestas en el campo de la psicología, porque resulta realmente muy llamativo  que alguien se “divierta”, tratando de causar daño a otro, con su acción a una comunidad de la que probablemente se sienta excluido.
Ya no se trata de los adolescentes que como “diversión”, enchastran el muro del vecino o del colegio, con leyendas que consideran  divertidas.
Esto, tal como lo establece la ley  es un delito y quien realiza estas acciones puede terminar encarcelado. En fechas como las de estos días, las consecuencias de estas acciones pueden llegar a ser fatídicas.
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