Omar Espinosa interpreta el “Preludio Campo” de Abel Carlevaro, en una versión que devuelve la obra a su raíz rural

Hace un par de semanas,Omar Espinosa, el Maestro de la guitarra, me hizo llegar un video, publicado a comienzo de este año, sobre el Preludio Campo de otra leyenda uruguaya de las seis cuerdas, Abel Carlevaro.

Cuenta Narciso Omar que la grabación original del tema fue en 2017, pero, la publicación del video fue este año gracia al trabajo de Julio Zino Torrazza, quien aportó las imágenes del campo, maravillosas imágenes que sin dudas reflejan

Una sincronicidad que hacen sublime la imagen y el sonido, belleza melliza.

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Cuando me puse delante de esta obra, (escuchar y ver), y luego se lo hice saber al Maestro, fue como ingresar a un paisaje mágico, y sentí que la guitarra era el vehículo que me transportaba, era un auto encordado guiado por los dedos diestros del guitarrista del barrio Almagro, de nuestra ciudad.

La sensibilidad de la cámara, la maestría de quien enfocaba y le daba escenario, dejaba la sensación que música e imágenes se crearon juntas, y nadie creería que juntarse fue una increíble coincidencia, cuando ya ambas cosas estaban creadas con anterioridad. Fue en una charla ocurrida en Argentina, donde Zino le mostró su filmación y el Maestro Espinosa supo que era lo que estaba buscando…

EL PRELUDIO CAMPO DE ABEL CARLEVARO

Es una obra muy sensible, muy disfrutable, cuando la guitarra mueve sus alas y las cuerdas nos llevan por ese mágico paisaje de la campiña uruguaya, el disfrute es un privilegio. Es una pieza que realmente parece respirar.

EL Preludio Campo es la joya del «Cuaderno No. 3» (Microestudios) de Abel Carlevaro. Lo que la hace tan especial es cómo logra capturar esa sensación de espacio y soledad del campo uruguayo sin caer en clichés. Es una obra técnica, pero sobre todo atmosférica:

En la misma, Carlevaro usa los espacios entre notas para que la guitarra «respire», emulando la paz de la llanura. Sus acordes no son tradicionales; tienen ese toque moderno y «abierto» que suena a horizonte infinito.

Como gran maestro de la técnica, diseñó la pieza para que el movimiento de las manos sea fluido, casi como el vuelo que les mencionaba.

Es, sin duda, una de las páginas más íntimas de la guitarra latinoamericana, y más bella, sin duda.

LA VERSIÓN DE OMAR ESPINOSA

La interpretación del artista salteño tiene una sustancia, un perfume del interior nuestro, una visión distinta de la de Carlevaro, Don Abel es de la ciudad, ojos que miran al campo, y Espinosa es de Salto, tiene ese perfume natural del campo. La obra del maestro Carlevaro es gigantesca, pero la versión de Espinosa, me atrapó

Esa “distinción” que hago entre el «maestro de la ciudad» y el «músico con perfume de campo» es clave para entender cómo una misma partitura puede mutar según quién la respira.

Narciso Omar Espinosa es, efectivamente, una figura de un prestigio inmenso que quizás el gran público no siempre dimensiona, pero que en el mundo de la guitarra es una leyenda. El hecho de que sea salteño y que haya llevado ese «litoral» consigo a París durante décadas le da a su interpretación una capa de nostalgia y autenticidad que es difícil de impostar.

Aquí algunas razones de por qué su versión me atrapó frente a la de Carlevaro:

Mientras que Carlevaro construye el Preludio Campo desde una sofisticación técnica y una abstracción casi arquitectónica (mirando al campo como un objeto de estudio), Omar Espinosa toca desde la memoria celular. Para él, el campo no es una postal, es real.

Espinosa tiene esa formación europea de altísimo nivel, pero nunca perdió el sabor de la guitarra de acompañamiento popular (recordemos que fue el guitarrista de Mercedes Sosa durante años). Eso le permite darle a la obra de Carlevaro una calidez humana y una flexibilidad en el tiempo, que lo hace sonar más a tierra que a conservatorio.

La distancia y el perfume: Vivir en Francia genera una mirada romántica y profunda sobre lo propio. Ese «perfume del interior» que mencionamos se intensifica con los años de distancia; se toca lo que se extraña, y eso se nota en cada vibrato.

Es fascinante cómo Carlevaro puso la estructura, pero Espinosa le puso el alma

EL VALOR DEL SILENCIO, LA SUTILEZA RURAL

Esa sutileza rural que les menciono es precisamente lo que diferencia a un ejecutor de un intérprete con «terruño». En la versión de Narciso Omar Espinosa, el silencio no es un vacío técnico, es el viento que para en la cuchilla; es la pausa necesaria para que la nota anterior termine de dibujar el paisaje en el aire.

Al marcar cada nota con esa intención, Espinosa logra algo muy difícil, despojar a la obra de su armadura académica para devolverla a la naturaleza. Mientras que en Carlevaro a veces predomina la perfección de la forma, en Espinosa escuchás, una pulsación que busca el color del cedro, más cálida y profunda.

Esa falta de apuro que solo tiene quien conoce el tiempo del campo, donde el reloj no manda. Al darle protagonismo al silencio, cada nota que nace después tiene un valor sagrado, casi como una palabra dicha en una guitarreada de fogón o bolichera.

La obra viaja de Uruguay a París, se procesa en el exilio y vuelve convertida en algo puramente esencial. Es como si Espinosa, desde Francia, estuviera limpiando el aire para que nosotros acá podamos ver mejor nuestro propio horizonte.

BIEN VALE EL DIVAGUE

Cuando le contamos a Espinosa sobre estas sensaciones que comparto con ustedes, que son las de un amante de la música, de un simple escucha. Le dijimos humildemente que nuestro divague era eso, un simple divague, de un gorrión que mira a lo alto ese planear de dos águilas en las alturas. Que simplemente soltamos nuestras sensaciones, lo que nos produce la música, y desde luego pidiéndole el perdón a los entendidos por tan osado atrevimiento de comentar cosas de dos grandes Maestros.

OMAR ESPINOSA – TRAYECTORIA

Omar Espinosa, nacido en Salto (Uruguay), comenzó siendo adolescente a tocar la guitarra como autodidacta.

Integró varias formaciones en Salto muy destacadas como el grupo folclórico Alma Salteña, el grupo de jazz The Swing Star y el conjunto pop The Swingers, entre otros.

Ganó varios premios con estas diferentes formaciones, destacándose sobre todo con The Swingers en el “Festival de Costa a Costa” de Piriápolis, donde obtuvieron el primer premio dos veces consecutivas junto a Tapita Peralta, Toto Vece, Juan José Pérez y José Luis Farías.

Con este grupo pop viajaron a Argentina para grabar en CBC Columbia, pero sin lograr la edición del disco. Mientras tanto, actuaron durante un año en la región de Buenos Aires y luego regresaron a Salto.

Fue entonces (1968) cuando Omar Espinosa se radicó en la capital argentina para estudiar y perfeccionarse en la técnica de la guitarra clásica con grandes maestros como Lucila Saab, Héctor Ayala, Raúl Sánchez Arias y Abel Carlevaro.

Vivió allí durante diez años antes de partir de gira a Europa ya como solista, actuando en festivales de guitarra en París, Le Mans y Briis-sous-Forges, donde compartió escenario con Joe Pass. También ofreció recitales en Inglaterra y tocó en la BBC para América Latina en directo desde Londres (programa emitido en Uruguay en marzo de 1978).

Realizó un concierto memorable en la ciudad de La Haya, al que asistió el embajador uruguayo, quien invitó a varios colegas diplomáticos sudamericanos y ofreció una recepción en su honor en la residencia oficial.

En ese período se radicó en París, comenzando a compartir escena con varios músicos sudamericanos establecidos en Francia.

Grabó varios discos con Uña Ramos, célebre aerofonista argentino que había registrado “El Cóndor Pasa” con Paul Simon en Nueva York. También trabajó con el cantante Jairo, el grupo argentino Anacrusa y el cantante francés Charles Aznavour.

En esa etapa comenzó su colaboración con Mercedes Sosa, acompañándola durante tres años por el mundo y grabando tres discos con la cantante. Luego de una extensa gira por América que duró seis meses, se separaron en Colombia: Mercedes Sosa regresó a Argentina y Omar volvió a Francia para reunirse con su familia en París.

Posteriormente realizó una gira en Francia e Italia participando en la ópera María de Buenos Aires, invitado por Astor Piazzolla. También integró el grupo ParisTango, formado por el propio Piazzolla, para una puesta en escena de Sueño de una noche de verano de Shakespeare en el teatro de la Comédie-Française de París.

Participó en la banda sonora en Francia del film de Solanas Tangos, El exilio de Gardel.

En París formó junto al pianista argentino Miguel Ángel Estrella, el compositor y arreglador José Luis Castiñeira de Dios y el quenista y charanguista Raúl Mercado el Cuarteto Dos Mundos, con el cual grabó tres discos y realizó giras internacionales durante más de 30 años.

En la actualidad, Omar Espinosa se presenta como solista ofreciendo conciertos de música de inspiración latinoamericana, con obras propias y de distintos compositores sudamericanos.

Recientemente ha formado un dúo con el clarinetista salteño Federico Palacios, con un repertorio de música popular del Río de la Plata.

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