La actual crecida del río Uruguay ha pasado a ser la más grande de los últimos 55 años, mientras que la de abril de 1959 sigue siendo la mayor que se recuerda. Ocasión en que Salto quedó sin luz, debido a que el empuje de las aguas amenazaba con inundar los equipos de la vieja usina ubicada en Rivera y Colón, motivo que llevó a interrumpir la actividad de generación energética. La ciudad quedó aislada debido a que la crecida de la cañada Doña Jacinta – el nuevo puente aún no estaba construido – interrumpía el paso desde y hacia el sur del país y también quedó sin agua, debido a que la crecida superó largamente la altura máxima a que se podía elevar los motores de bombeo en la vieja usina potabilizadora de Salto Chico.
Con todo el crecimiento de la población se puede notar en el hecho de que si bien el río Uruguay alcanzó los 18,30 metros, según el informe oficial los evacuados no alcanzaron a ser 1.500 personas (las versiones extraoficiales hablan de 2.000 evacuados).
Hoy luego de varios planes de viviendas para erradicar familias que eran asiduamente desalojadas por el agua y que
dieron lugar a la construcción de los planes de viviendas de lo que hoy se conoce como barrio Constitución (en inmediaciones de Saladero); Barrio Uruguay y Nuevo Uruguay, vecinos a barrio Artigas y barrio Andresito II, entre otros, la cifra de evacuados es mucho mayor, al punto que al superar los 16 metros se habla ya de más de 2.000 evacuados.
Felizmente con el correr de los años se han hecho varias obras que permiten enfrentar estas situaciones en mejores condiciones. La construcción de la represa de Salto Grande permite manejar con cierta anticipación las masas de agua que van a llegar y gracias a esta posibilidad muchas de las crecidas pasan desapercibidas, lo que no sería así de no existir esta posibilidad de manejo.
Al mismo tiempo la nueva red nacional de energía eléctrica asegura el suministro de energía aún en las peores circunstancias porque en ella se vuelca no sólo la producción de Salto Grande, sino también de energía solar y eólica, además del resto de las fuentes energéticas.
En materia de suministro de agua potable, la construcción de la nueva planta potabilizadora, puso el suministro lejos del alcance incluso de las mayores crecidas del río, lo que asegura el servicio aún en circunstancias como la presente.
Con toda la gravedad que presenta la actual situación, convengamos que es menor a lo que hubiera sido de no existir la represa y no haberse hecho las obras mencionadas, dado que constituye ya la segunda más grande de los últimos 55 años.
La crecida actual pone a prueba la capacidad de retención de la represa
Aún cuando no varíen demasiado las condiciones de la actual crecida el nivel alcanzado por el río constituye ya la segunda mayor marca de los últimos 55 años. Además de este aspecto, cabe señalar que el nivel del embalse de la represa de Salto Grande se halla también en una altura hasta el momento no alcanzada, dado que alcanzaba anoche los 37,14 metros, altura que no tendría precedentes hasta el momento.
Es de señalar que la altura promedio normal del embalse es de 35 metros y en ocasiones que se procede a regular la llegada de una masa de agua se lo hace llegar hasta la cota 36. De allí en mas, difícilmente se hace llegar el nivel del embalse por dos motivos. El primero porque no es aconsejable que se mantenga esta altura, pero además porque a una cota superior a los 37 metros, aguas arriba de la represa ya se anegan predios que habitualmente no son alcanzados por el agua y por lo tanto existe la posibilidad de que haya reclamos en este sentido. El informe oficial habla de más de 2.000 personas registradas como evacuadas y de acuerdo a la respuesta que está teniendo la convocatoria a registrarse a aquellas personas que aún no lo han hecho, aunque han debido abandonar sus viviendas, las autoridades de CECOED estiman que hay un número similar de desplazados, esto es personas que también han debido dejar sus hogares, saliendo por sus propios medios y alojándose en casa de familiares o amistades. En materia de agua potable no hubo inconvenientes y el servicio es normal, lo mismo que el servicio de energía eléctrica.
Se recurrió a las perforaciones y además hubo escasez de combustible
En 1959 la ciudad quedó aislada, sin luz y sin agua potable, el registro oficial de la época situó el nivel en los 18,30 metros
(En base a informe de EL PUEBLO publicado, el 13 de julio del 2014)
NNinguna de las personas que la vivió pudo olvidarla jamás. Fue la creciente más grande que recuerdan los salteños y aún quedan muchos testigos que vivieron aquel drama. Pese a que hoy por incidencia de la represa de Salto Grande un volumen de agua similar no alcanzaría el mismo nivel aguas abajo, en aquel entonces las consecuencias fueron dramáticas. Es más, hay quienes afirman que el actual aporte hídrico del río es superior a lo que fue en aquel abril de 1959.
Según algunos testimonios el río llegó a bordear los 19 metros, mientras que el registro oficial habla de 18,17 y los medios de comunicación manejaron los 18,30 metros. Aún así en un Salto cuya población era bastante menor a la de hoy hubo más de 2.000 evacuados. La ciudad quedó sin energía eléctrica, debido a que el río amenazaba inundar los talleres de la usina de UTE en calle Colón casi Rivera y sin agua, durante una semana, porque el nivel del agua en la vieja usina de OSE llegó a tapar la edificación, impidiendo que se mantuviera el bombeo para potabilizar el agua que abastecía a la ciudad. Salto estuvo también aislada del resto del país, debido a las lluvias y a la crecida del río Daymán.
En el informe ofrecido por EL PUEBLO el 13 de julio de 2014, recurrimos a la memoria de algunos testigos de la época para aportar información de algo que no conocieron los salteños que nacieron después de este año.
Fue la creciente más grande que recuerdan los salteños y aún quedan muchos testigos que vivieron aquel drama. Pese a que hoy por incidencia de la represa de Salto Grande un volumen de agua similar no alcanzaría el mismo nivel aguas abajo, en aquel entonces las consecuencias fueron dramáticas. Según algunos testimonios el río llegó a bordear los 19 metros, mientras que el registro oficial habla de 18,17. Aún así en un Salto cuya población era bastante menor a la de hoy hubo más de 2.000 evacuados. La ciudad quedó sin energía eléctrica, debido a que el río amenazaba inundar los talleres de la usina de UTE en calle Colón casi Rivera y sin agua, durante una semana, porque el nivel del agua en la vieja usina de OSE llegó a tapar la edificación, impidiendo que se mantuviera el bombeo para potabilizar el agua que abastecía a la ciudad. Salto estuvo también aislada del resto del país, debido a las lluvias y a la crecida del río Daymán.
El recuerdo de Demetrio Sancristóbal
Fue una época muy mala, duró casi un año restablecerse
En el río Uruguay es Demetrio Francisco Sancristóbal, quien permaneció durante muchos años al frente de varias lanchas y no solo vivió su infancia y adolescencia en una de ellas, sino que también navegó durante ocho años y medio en el mar y pasó 11 veces el estrecho de Magallanes; lo que lo transforma en un hombre muy conocedor de las aguas. Sancristóbal, a sus 87 años, recordó con total lucidez lo que para él fue la creciente más grande que recuerda haber vivido en Salto, “la creciente del 59”.
Ese año fue muy especial para él, porque en el año 1959 nació su hijo mayor, Francisco Omar, pero además junto a todos los salteños vivió una de las épocas más devastadoras para la región.
“Me acuerdo que nosotros veníamos con la lancha, subíamos por arriba del muelle negro, entrábamos por el arroyo Sauzal y veníamos derecho a la calle Garay que ahora se llama Albisu. En aquella época había 17 lanchas del lado argentino y 19 lanchas del lado uruguayo y ese era el único medio de comunicación directa que había, porque las carreteras no eran como son ahora y hubo un tiempo en que estuvimos aislados por tierra”, comentó Sancristóbal.
FALTA DE AGUA, COMBUSTIBLE Y HARINA
Una de las mayores dificultades fue la falta de agua potable, ya que la usina de OSE en Salto Chico quedó bajo agua. “Eran pocos los pozos de agua que habían en esa época. Nosotros sacábamos agua potable por un pozo de agua que estaba en Urreta, donde actualmente está la UTU, el pozo de ahí era uno de los más grandes de la ciudad. Me acuerdo que yo vivía en calle Belén y de ahí iba a buscar agua a ese pozo para bañar a mi hijo y para las cosas del hogar. Fue una lástima que lo hubieran tapado cuando hicieron el patio de la UTU, porque daba más de 10.000 litros por hora”, recordó Sancristóbal con nostalgia y desazón.
Otro de los problemas que debieron afrontar los salteños en esa época fue la falta de combustible. “No llegaban los camiones, había problemas con el abastecimiento de algunos productos, sobre todo con el combustible y otras cosas, los molinos por ejemplo no entregaban la cantidad de harina suficiente y en eso había escasez. Eso fue como consecuencia de que Salto estuvo aislado. Fue casi un mes y medio”, comentó.
LOS DRS. CARLOS BORTAGARAY Y LUCAS CAFFRÉ RECORRÍAN TODOS LOS REFUGIOS
En cuanto a los evacuados, recuerda que “había gente alojaba en las instituciones deportivas y sociales. El padre Scholinsky de la parroquia del Cerro tenía muchos refugiados en su parroquia. El batallón (del Cuartel), preparaba la comida para todo ese tipo de gente y había mucha más gente que regalaba ropas y remedios. Me acuerdo del Dr. Carlos Bortagaray y el Dr. Fernando Lucas Caffré quienes recorrían todos los lugares donde había gente evacuada para atenderlos. Había miedo a que aparecieran enfermedades, por eso era obligación vacunarse. Creo que el intendente en ese entonces era Paiva y había un comité que se encargaba de todo eso formado con ediles de la Junta Departamental”, dijo Sancristóbal.
Alcanzó la planta inferior del Palacio Córdoba
«En la esquina de calle Brasil frente a la Aduana el río llegó a subir un metro cuarenta y en el Palacio de la Galletita que estaba donde ahora es la Casa de Gobierno, el agua entró por el patio y llegó hasta el horno y lo destruyó todo. Ahí trabajaba mucha gente y todos quedaron sin trabajo y así muchos otros lugares de trabajo que se inundaron. Era tanto lo que había llovido que la producción se vio totalmente afectada, se echó a perder mucha producción, fue una época muy mala que duró casi un año hasta restablecerse todo. Fue muy difícil”, recordó. Sin embargo, para Sancristóbal los salteños han sabido salir adelante más allá de todas las dificultades y aseguró que “con todo lo que yo conozco que es mucho, el Uruguay es un paraíso”, dijo Sancristóbal en el informe realizado por EL PUEBLO el año anterior.
Enrique Cesio y el recuerdo de un drama inolvidable
Hubo dos mil evacuados, y la ciudad permaneció sin agua, sin luz e incomunicada por una semana
Consultamos al escribano Enrique Cesio, exdocente de historia en Secundaria, y exdirector de Diario EL PUEBLO, quien ha sido siempre una persona muy bien informada, y por tanto no estuvo ajeno a lo que sucedió en aquel abril de 1959.
“Las diferencias notorias especialmente con la del 59, consisten en que el volumen de lluvia que se acumula en los últimos años seguramente por efecto del cambio climático llevan a la cuenca del río Uruguay muchísimo más agua de la que la del 59 tuvo”, explicó. “Es decir la cantidad de metros cúbicos que pasó en el 59 es menor que el de ahora, que la del 92 y que la del 2009, por lo tanto, si no estuviera la represa de Salto Grande que efectúa esa retención y regulación, hoy con este caudal de agua tendríamos muchísimo más avance del río”. La creciente del 59 tuvo además algunas características muy importantes, “primero no hay que olvidar que Uruguay es parte de una enorme cuenca que incluye el Paraná, el Paraguay el propio Río Negro y que desembocan todos en el mismo embudo del Río de la Plata. Por lo tanto, cuando se produce una acumulación de precipitaciones en toda la cuenca, cada uno de los ríos va efectuando una especie de represa donde se produce su desagüe, en el 59 tuvimos un enero, febrero y marzo lluviosos y en abril fue muchísimo más, la cantidad de agua caída por hora fue realmente inusitada, como consecuencia, estando completos todos los ríos de la cuenca, se producía una represa natural de tal forma que la elevación de las aguas se producía mucho más rápidamente de lo que hoy es por hora o por minuto, en la mitad del mes de abril hubo una circunstancia muchísimo más trágica que la actual”.
SIN LUZ, SIN AGUA E INCOMUNICADOS
Por otra parte se cayó el puente ferroviario del Queguay, las aguas superaron el puente del Río Daymán, no había pista de hormigón, y el pantanal que era el aeropuerto de Nueva Hespérides impedía aterrizar, por el río era imposible porque no había donde atracar, “de manera que quedamos de comunicaciones aisladas”, recordó Cesio agregando que el panorama se agravó por el hecho de que la usina de agua corriente estaba en el viejo local frente al Ayuí y allí, cuando el agua llegó a los 15 metros, entró a la planta, OSE colocó unos motores encima de unas parihuelas y las fueron subiendo gradualmente a medida que crecía el nivel del agua, hasta el techo con dos operarios que estuvieron ahí hasta el 19 de abril.
En 1983 el río llegó a los 16,25, Salto estuvo 5 días sin agua y sin clases en los centros de enseñanza
La creciente de julio de 1983 constituye la que marcó el tercer mayor nivel del río Uruguay en los últimos 55 años a esta parte. Llegó a los 16,25 metros y dejó a la ciudad sin agua potable durante tres días, porque superó el nivel de 15,75 metros en que los motores de la usina potabilizadora de Salto Chico dejaba de funcionar al inundarse la sala de bombeo a un nivel que obligaba a dejar de funcionar.
Se suspendieron asimismo las clases en todos los centros de enseñanza, por tiempo indeterminado debido a los inconvenientes que originaba la crecida. Situación que se prolongó hasta el miércoles 27. Pero así como alcanzaron esta marca, las aguas rápidamente descendieron y al tercer día OSE logró reiniciar el bombeo de Salto Chico.
La falta de agua obligó a quienes ejercían el gobierno y las principales instituciones públicas del momento, a poner en funcionamiento un amplio operativo de abastecimiento de agua a la población mediante la utilización de camiones cisternas.
Diariamente se daba a conocer el cronograma, con lugar y hora en que los camiones proveían agua a la población.
En cambio no hubo inconvenientes con respecto al suministro de energía dado que ya estaba en funcionamiento la red energética de Salto Grande.
LAS MÁS GRANDES
La edición de EL PUEBLO del 26 de julio de 1983, publica un pequeño recuadro con datos aportados “Don Juan Carlos Macció, viejo conocedor del río, al cual estuvo vinculado por más de una razón, ofrece hoy la estadística de las más elevadas crecientes:
Año 1888, altura máxima 14,90 metros;
Año 1889, altura máxima 15,03 metros;
Año 1899, altura máxima 14,68 metros;
Año 1907, altura máxima 14,50 metros;
Año 1923, altura máxima 14,76 metros;
Año 1929, altura máxima 15,89 metros;
Año 1934, altura máxima 14,40 metros;
Año 1935, altura máxima 14,42 metros;
Año 1941, altura máxima 16,39 metros;
Año 1959, altura máxima 18,40 metros.
SE AGOTARON LOS TANQUES DE ALMACENAMIENTO DE AGUA
En aquella oportunidad y ante el cese del bombeo de la usina de Salto Chico, se agotó el agua almacenada en los tanques de OSE y Salto quedó completamente sin agua potable durante cinco días (desde el viernes 23 al miércoles 27 de julio) hubo que recurrir nuevamente a las perforaciones de la ciudad.
El mismo miércoles se reanudaron las clases al verificarse la rápida bajante del río. El Ing. Germán Alvarez, jefe regional de OSE en ese entonces explicó que la preparación para reanudar el bombeo de agua potable demandaría unas cuatro horas, razón por la cual en la misma madrugada del 27 de julio se encaró esta tarea. Una vez reiniciado el bombeo, el agua demoró una hora más en comenzar a fluir nuevamente por la cañerías debido a que hubo que reponer toda el agua de los tanques de almacenamiento.
INUSUAL NÚMERO DE BAÑISTAS EN DAYMÁN
EL PUEBLO en su edición del martes 26 de julio de 1983 da cuenta de un hecho curioso, era el crecido número de bañistas que en un hecho inusual concurrían a termas del Daymán a efectos de utilizar las duchas.
Esto obligó a las autoridades a extender el horario de habilitación al público. Al mismo tiempo que se registraba la notoria llegada de grupos familiares que se dirigían al lugar para aprovechar la posibilidad de una ducha.





