Ñandé: Un proyecto comunitario que crece en la tierra compartida

En la zona rural de Colonia 18 de Julio, en el departamento de Salto, comienza a tomar forma una experiencia comunitaria que propone repensar la manera de habitar el territorio. Se trata del Colectivo Ñande, una iniciativa impulsada por la vecina Rosita Echevarría que, a partir de la donación de sus propias tierras, promueve un modelo de vida basado en la cooperación, el cuidado mutuo y el respeto por la naturaleza.

El colectivo se encuentra actualmente en proceso de conformación como entidad jurídica, aunque su historia comenzó hace casi una década. Según relatan sus integrantes, Ñande nació en 2016 y desde entonces ha atravesado distintas etapas de construcción y organización, sumando personas y experiencias que fueron dando forma a la propuesta actual.

Hoy el espacio está integrado por cuatro mujeres y un varón que comparten el objetivo de desarrollar un modo de vida comunitario con proyecciones a corto, mediano y largo plazo. La iniciativa apuesta a generar una experiencia de tierra común donde el vínculo entre las personas, el cuidado personal y la protección del entorno natural ocupen un lugar central.

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El nombre elegido para el colectivo tiene un profundo significado simbólico. Ñande, palabra de origen guaraní, significa “nosotros” o “nosotras” en un sentido inclusivo que remite a lo compartido y a lo colectivo. Ese espíritu es el que guía el proyecto, que busca consolidar un espacio de convivencia basado en valores comunes y en la construcción cooperativa de un entorno sostenible.

La propuesta se desarrolla desde una mirada ecológica y habitacional que prioriza prácticas respetuosas con el ambiente. El colectivo plantea una forma alternativa de habitar el territorio, donde la tierra no se concibe únicamente como propiedad individual, sino como un espacio de encuentro, cuidado y construcción comunitaria.

En ese camino, recientemente se llevó adelante una de las primeras experiencias de trabajo colectivo en el predio. Los días 7 y 8 de marzo de 2026 se realizó una “minga» en el espacio rural del colectivo con el objetivo de limpiar un antiguo pozo de campo y reconstruir su brocal, que se encontraba deteriorado.

Una minga de trabajo es una práctica comunitaria de colaboración solidaria en la que las personas se reúnen para realizar tareas en beneficio común, intercambiando trabajo por alimento, cuidado y encuentro, y fortaleciendo los lazos comunitarios.

La actividad convocó a integrantes del grupo y también a personas vinculadas a otros espacios comunitarios y agroecológicos de la región. Entre ellas participaron miembros del colectivo agroecológico El Ombú, integrantes de huertas comunitarias, amistades del espacio y vecinos que se acercaron por primera vez para colaborar con la iniciativa.

Durante la jornada del sábado participaron ocho personas, mientras que el domingo la convocatoria alcanzó a dieciséis. La presencia de más manos permitió sostener el esfuerzo físico que demandaba la tarea y avanzar de manera significativa en la recuperación del pozo.

Más allá del trabajo concreto realizado, desde Ñande destacan el valor del proceso vivido durante esas jornadas. El encuentro permitió compartir saberes, aprender a través de la práctica y fortalecer los vínculos entre quienes participaron. La minga se convirtió así en una instancia de construcción colectiva que trascendió la tarea puntual.

Para el colectivo, la recuperación del pozo tiene además un significado especialmente importante. El acceso al agua representa una necesidad básica para comenzar a habitar el lugar de manera más plena y desarrollar las actividades proyectadas en el predio. Este primer avance, señalan, marca un paso fundamental dentro del proceso de consolidación del espacio.

La experiencia también reafirmó la importancia del trabajo comunitario. Tareas de este tipo, que requieren esfuerzo físico y organización, difícilmente podrían llevarse adelante de forma individual. En cambio, el trabajo compartido permite multiplicar capacidades y fortalecer el sentido de pertenencia al lugar.

Otro aspecto destacado de la jornada fue la lógica de intercambio que caracteriza a este tipo de prácticas. Durante ambas jornadas, el colectivo Ñande asumió la preparación de los alimentos para quienes participaron del trabajo, generando un espacio de cuidado y encuentro que acompañó el esfuerzo colectivo.

Esta dinámica forma parte de una red de colaboración más amplia entre colectivos y comunidades que desarrollan experiencias similares. El apoyo mutuo, explican desde el grupo, permite concretar avances en distintos territorios y fortalecer vínculos entre proyectos que comparten valores y objetivos.

Pensando en el futuro, el colectivo se propone continuar trabajando en la recuperación del pozo, avanzando en su profundización y mantenimiento. Al mismo tiempo, proyecta seguir organizando mingas que permitan mejorar las condiciones del espacio y consolidar la vida comunitaria.

Entre los planes también figura participar en jornadas de trabajo en otros colectivos y abrir el predio a nuevas instancias de encuentro. El objetivo es seguir tejiendo redes de cooperación que fortalezcan este tipo de iniciativas basadas en la colaboración y el cuidado del territorio.

Desde Ñande expresaron su agradecimiento a todas las personas que participaron de la minga y aportaron su tiempo y esfuerzo de manera solidaria. Para el grupo, cada paso dado reafirma la convicción de que es posible construir otras formas de convivencia, donde la tierra compartida y el trabajo colectivo se conviertan en la base de una comunidad en crecimiento.

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