​Ministerio del Interior despliega acciones integrales contra el consumo problemático de drogas.

A través de la articulación estatal y la cooperación internacional en centros penitenciarios como Punta de Rieles, se busca la rehabilitación, la inclusión social y la reconstrucción de vidas, combinando la firmeza contra el crimen organizado con políticas públicas más humanas.
​El uso problemático de drogas y los contextos de alta vulnerabilidad.

​El uso problemático de drogas debe ser comprendido como un fenómeno complejo y multidimensional, ya que las trayectorias de consumo están atravesadas por múltiples factores que interactúan entre sí.

​“Desde el Ministerio del Interior observamos cotidianamente esto, lo vivimos; cómo estas situaciones van produciendo procesos de exclusión persistentes y muchas veces difíciles de revertir”, explicó la subsecretaria de la cartera, Valverde.

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​La jerarca afirmó que este fenómeno requiere intervenciones integrales, sostenidas en el tiempo y articuladas con todos los organismos del Estado.
​Un plan estratégico con mirada al futuro (2025-2035)
​Esta perspectiva está contemplada en el Plan Nacional de Seguridad Pública, elaborado en 2025 con una proyección hacia el 2035. El objetivo principal es promover una auténtica política de Estado en materia de convivencia y seguridad ciudadana.

​Ejes clave del plan:
-​Rehabilitación e inclusión: Componentes esenciales para una política de seguridad democrática y sostenible.
​-Foco en el sistema penitenciario: Uno de los escenarios más desafiantes y de ocupación diaria para las autoridades.
​-Cooperación internacional: Desarrollo de experiencias específicas en la Unidad de Punta de Rieles para abordar el consumo de sustancias en contextos de encierro.

​Estas iniciativas buscan fortalecer los dispositivos de atención y acompañamiento, contribuyendo a generar condiciones reales para la recuperación y la reinserción social de las personas privadas de libertad.

​Para finalizar, Valverde expresó que uno de los mayores desafíos de las políticas públicas contemporáneas consiste, precisamente, en crear las condiciones para que las personas puedan reencontrarse consigo mismas, con su entorno y con un propósito que le otorgue sentido a sus vidas.

​Sostuvo que promover procesos de expansión de conciencia, de reconexión con la propia dignidad y de recuperación de capacidades para proyectar un futuro es uno de los horizontes más humanizantes de las políticas de drogas del siglo XXI.

​“El desafío de las próximas décadas será seguir construyendo políticas cada vez más integrales, más innovadoras y más humanas. Políticas capaces de actuar con firmeza frente a las organizaciones criminales —como lo hacemos a diario—, pero que al mismo tiempo generen oportunidades reales para quienes buscan reconstruir su vida”, concluyó Valverde.

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