En el complejo tablero de la política de Salto, pocos nombres han logrado sostener un discurso tan coherente y, a la vez, tan crítico hacia las entrañas de su propia fuerza política como el de Mijaíl Pastorino. Hoy, desde su rol como vicepresidente de la Mesa Política del Frente Amplio y referente indiscutido del espacio RAÍCES, Pastorino se ha convertido en una suerte de conciencia moral y pragmática que busca devolverle a la política departamental una seriedad que, según su visión, se ha ido diluyendo entre personalismos y urgencias electorales.
En una reciente y extensa entrevista para el ciclo «El Fondo de la Cuestión», Pastorino no solo analizó la coyuntura del gobierno actual de Carlos Albisu, sino que realizó una autocrítica profunda sobre el rumbo que tomó el Frente Amplio en el departamento, marcando una línea divisoria entre quienes ven a la política como una construcción social y quienes la utilizan como un trampolín de ambiciones individuales.
I. El génesis de RAÍCES: Un refugio para los principios
La pregunta que abre el debate es casi obligada: ¿Cómo conviven sectores tan aparentemente disímiles como el Movimiento de Participación Popular (MPP) y sectores de raigambre demócrata cristiana como el Partido Demócrata Cristiano (PDC) o figuras como Ramón Fonticiella? Para Pastorino, la respuesta no está en la ideología rígida, sino en la metodología ética.
RAÍCES no nació como una simple alianza electoral en 2018 (concretada formalmente en 2022), sino como un movimiento de resistencia interna. Pastorino relata con honestidad que el grupo surgió cuando el Frente Amplio, siendo gobierno departamental y nacional, empezó a mostrar contradicciones insalvables. El MPP de Salto, en un gesto poco común en la política criolla, decidió en aquel entonces no participar de la gestión de Andrés Lima: no aceptar cargos de confianza ni responsabilidades administrativas al ver que el rumbo tomado no coincidía con las bases históricas de la coalición de izquierdas.
Este «quedarse afuera» para mantener la integridad permitió la confluencia con otros sectores y militantes independientes que sentían que la orgánica del Frente Amplio estaba siendo ninguneada por el «perfilismo». Pastorino define este proceso como la aplicación real de la «unidad en la diversidad». No se trata de un eslogan para un cartel, sino de una arquitectura donde las minorías respetan a las mayorías y donde el debate interno es el único antídoto contra el autoritarismo.
II. La crítica al modelo Lima: Del «Gobierno de Salto» al «Gobierno de Andrés»
Uno de los puntos más agudos del análisis de Pastorino radica en la despersonalización de las instituciones. El dirigente recuerda con precisión el momento en que «le cayó la ficha»: cuando vio un cartel oficial en la Expo Salto que, en lugar de promocionar a la Intendencia como institución, rezaba «Gobierno de Andrés Lima».
Para Pastorino, esto no es un detalle estético, es una desviación ideológica. La política pública, según su visión, debe ser un diseño en beneficio del pueblo y no una estructura de posicionamiento personal. En la entrevista, establece una comparación técnica y ética entre el primer gobierno del Frente Amplio (2005-2010) y los dos periodos de Lima:
La era Fonticiella: Recordada por Pastorino como una etapa de «ética en la función pública» y administración seria. Cita como ejemplo el programa «Social Vivienda», donde se construían soluciones habitacionales con presupuestos propios y una planificación técnica clara.
La era Lima: Caracterizada, según sus palabras, por una construcción política «a lo conveniente». Pastorino critica la ausencia de políticas públicas de largo aliento y denuncia un «modus operandi» basado en el oportunismo y el exitismo.
El entrevistado es tajante: aunque reconoce que Lima logró una reelección con el respaldo del Frente Amplio, sostiene que ese triunfo se dio «a pesar del Frente», ya que el intendente habría gobernado de forma solitaria, ignorando la carta orgánica y la mesa política de su propio partido.
III. El Fideicomiso: ¿Obras hoy o deuda para siempre?
Al analizar el presente bajo el mando de la coalición multicolor y el intendente Carlos Albisu, Pastorino se aleja de la crítica opositora fácil para entrar en el terreno de la responsabilidad financiera. El tema central es el fideicomiso de 60 millones de dólares.
Pastorino aclara: «No somos un palo en la rueda». Reconoce la necesidad de obras de infraestructura para Salto, pero cuestiona el cómo y el cuánto. Según su análisis, el oficialismo actual cometió un error político al no vincular la discusión del fideicomiso con la del presupuesto departamental. Esta falta de transparencia y debate integral llevó a que la aprobación del endeudamiento se lograra mediante una «negociación uno a uno» con ediles, rompiendo la bancada del Frente Amplio.
El peligro de la «Calecita» Financiera
El análisis técnico que plantea Pastorino es preocupante para el ciudadano común:
- 1. Gasto inmediato, deuda futura: Se está tomando una deuda a 20 años para ejecutarla en un solo periodo. Esto significa que las próximas cuatro administraciones tendrán las manos atadas financieramente.
- 2. Duplicación de la retención: Actualmente, la Intendencia ya cede parte de sus ingresos del SUCIVE para pagar deudas anteriores. Con este nuevo fideicomiso, ese porcentaje pasará del 7% al 14%.
- 3. Incapacidad de pago: Pastorino cuestiona si existe una explicación real de cómo se va a gestionar la caja diaria cuando se duplique la cuota de la deuda, advirtiendo que Salto ha entrado en una espiral de endeudamiento que podría ser insostenible.
IV. El factor humano: Oportunismo vs. Formación
Para Pastorino, el problema de fondo de la política salteña es la crisis de valores. El «asunto político», ese mecanismo por el cual los ediles deben votar lo que su partido decide tras meses de debate, fue violado recientemente en la Junta Departamental de Salto. El dirigente no se muestra sorprendido, pero sí dolido por la falta de formación política de quienes priorizan su carrera individual sobre el proyecto colectivo.
«El oportunismo y la necesidad de trepar a los codazos para lograr un objetivo personal es peligroso», afirma con la autoridad de quien ha visto a su propia fuerza política perder el rumbo por estas prácticas. Para él, la única garantía contra estas desviaciones es una democracia interna sólida, donde se permita la opinión disidente pero se respete la síntesis final.
V. Hacia una nueva síntesis política
La entrevista deja un sabor a advertencia. Pastorino no se exime de responsabilidad por la derrota electoral del Frente Amplio; la asume como parte de un proceso colectivo, pero se niega a ser cómplice de los errores que «desviaron el rumbo».
Su mensaje final es una invitación a elevar el nivel del debate. Salto se encuentra en una encrucijada donde el endeudamiento económico y la fragmentación política amenazan con estancar el desarrollo del departamento. La propuesta de figuras como Pastorino, a través de espacios como RAÍCES, es volver a la **ética de la gestión**, a la planificación técnica por encima del eslogan electoral y a la convicción de que «sin fuerza política no hay nada».
En un panorama donde el «yo» parece ganarle al «nosotros», las palabras de Mijaíl Pastorino resuenan como un llamado a la cordura institucional. El destino de Salto, sugiere, no depende de un caudillo de turno, sino de la capacidad de sus ciudadanos y dirigentes de volver a las raíces de la honestidad y el compromiso colectivo.
El dato
Identidad: RAÍCES busca rescatar el programa histórico del Frente Amplio frente al personalismo de Andrés Lima.
Gestión: Se critica la falta de políticas de vivienda y sociales sólidas en los últimos años, comparándolas negativamente con el periodo 2005-2010.
Economía: Alerta roja sobre el nuevo fideicomiso que compromete el 14% de los ingresos del SUCIVE por las próximas dos décadas.
Ética: Reivindicación de la orgánica partidaria frente a las negociaciones individuales y el transfuguismo en la Junta Departamental.





