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lunes, febrero 16, 2026

Me percibo intelectual, pero sé que no sé nada

Entre cafés reciclados en cybers, tertulias culturales que derivan en debates futboleros y una intelectualidad que discute más nombres propios que ideas, esta nota se zambulle —con humor y algo de filo— en el curioso presente de los “bochos” de entrecasa. Una sátira suave, pero con pensamiento.

El intelecto de la intelectualidad, cafés, fútbol, bichitos-gente y sabihondos en lata

Si hay algo que se ha sembrado por estos lares, en abundancia casi agrícola, diría yo, son los intelectuales. Brotan como yuyos nobles, bochos, artistas, opinólogos de todo, ensayistas de sobremesa y una camada numerosa de sabihondos —algunos suicidas del prestigio— que mandan a parar de lejos, con voz engolada y mirada profunda, aunque estén hablando de la alineación del domingo.

Los intelectuales, qué sé yo, se fueron adaptando a los tiempos. Del café pasaron al cyber, o siguen en el café, pero tomando alguna light, alguna bebida espirituosa que viene en lata, hablando de fútbol con una pasión que antes estaba reservada para Sartre, la fenomenología o la última película iraní que nadie entendía pero todos elogiaban.

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Desde el Mundial de Sudáfrica, más o menos, en las tertulias culturales se habla de fútbol. Y se habla en serio. Te saben tanto de Benedetti como de Suárez, Cavani, Forlán, de Onetti como de Lugano, de García Márquez como del Cacha Arévalo Ríos.

Todo mezclado, todo junto, como una ensalada conceptual que a veces tiene aliño y otras veces solo ruido. Nacional no sabés si es una anatomía, El Diente, El ojito o un aceite, Oliva. Peñarol Cuando no habla Aguirre habla Verzeri, cuando habla Aguirre le da al Verzeri también…en fin.

Claro que siguen existiendo los discutidores profesionales, los polemistas eternos, los ensayistas de teorías bolicheras que arreglan el mundo entre una medialuna y un cortado. Esos que siguen con el molde del siglo XX, duros, firmes, inamovibles, como el Ruso Pérez: cortan con toda dulzura.

—A Borges no le gustaba el fútbol…

—Sí, porque cuando era niño una vez jugó en el Colegio Inglés, ante la sobrina de la Reina que había llegado de Londres con una donación de tres pelotas… y Borges jugó, y con las tres pelotas se hizo goles en contra.

—Además, a esa edad ya era medio corto de vista…

—Y era de las clases altas, tenían otros deportes…

—No empecemos con la lucha de clases, que no es lo mismo que clase de lucha, podemos hacer.

Y ahí la charla ya se fue al demonio, como siempre.

SALSA INTELECTUAL SABORIZADA

Hoy en día —dicen— hay que avanzar hacia otros horizontes de la sabiduría, hay que superar el plano del rencor, abrazar nuevas narrativas, nuevos lenguajes, nuevas estéticas. Palabras grandes, dichas en mesas chicas.

—Yo creo que nosotros no aprendimos a crecer en las dificultades…

—¿Por qué lo decís?

—Porque hubo un quiebre, un cambio, un nuevo entronque. Yo estaba al frente del complejo cultural del barrio y, de pronto, quedé de lado. Los que vinieron se tiraron para otra onda, otro rumbo, proponiendo cosas distintas.

Desde luego que yo les dije, mis principios culturales no los vendo; a lo sumo, los alquilo. Y no va que se empezaron a tirar misiles de aquí, de allá, y el mundo de la intelectualidad se partió en pedazos, como una biblioteca mal estibada.

Ya no se habla de ninguna película, de una obra de teatro, de una puesta experimental en un galpón abandonado. Ahora lo más crazy es releer al Cholo Zeta, que sabe mucho de fútbol, tiene un toque intelectual en sus comentarios y utiliza tantas palabras como las aprobadas por la Real Academia Española.

Es cierto: a veces el orden de los factores no altera el producto. Pero a veces sí. Porque el Cholo pone en el medio de las frases palabras que quedan lindas, que suenan bien, que elevan… pero que no pegan. Son como caños largos a la tribuna.

—Yo soy partidario del raciocinio…

—¿El brasileño del Corinthians?

—De pensar mientras el viento silba…

—¿El Tanque?

DE POKEMONES Y THERIANS

—¿Te acordás cuando el problema eran los Pokémon?

—¡Claro! Gente corriendo por el medio del campo a las tres de la mañana, arriba de los techos, metidos en los montes, en los corrales, en los gallineros… Mi tío casi enlaza a un contador creyendo que era un Pikachu rural.

—Eran tiempos simples. Uno veía a un adulto saltando una tapera y decía: “Está cazando pokemones”. Ahora lo ves y no sabés si está buscando WiFi… o su espíritu animal.

—Ah, los therians.

—Esos mismos. Los que se perciben animales de Dios.

—Pará, ¿eso es como versión premium del horóscopo?

—No, es más completo. No es “soy de Leo”, es “soy león”. Literal.

—Mirá vos. Y yo que bastante tengo con ser humano los lunes.

—El otro día vi uno en la plaza. Estaba en cuatro patas, muy concentrado.

—¿Meditando?

—No, marcando territorio al lado del monumento.

—Eso va a dejar mal a los psicólogos, a los psiquiatras y hasta a los comentaristas de fútbol.

—¿Por?

—Porque ahora cuando un nueve diga “hoy me sentí un tigre en el área”, capaz que está haciendo una declaración identitaria y no metafórica.

—Se complica el VAR existencial.

—Imaginate el sindicato.

—¿Sindicato?

—Y sí. En cualquier momento forman un colectivo. Asociación Civil “Fauna Interior Organizada”.

—Reclaman pensiones por instinto no domesticado.

—Y empleos públicos acordes al perfil zoológico.

—¿Qué sería eso?

—Los que se perciben halcones, en la torre de control. Los que se sienten castores, en Obras Públicas. Los que son gatos… bueno, esos ya están en todas las oficinas.

—Eso explica muchas siestas administrativas.

—Y los que se perciben perro piden aguinaldo en huesos.

—Pará, no te burles. Esto es serio.

—Tenés razón. El Ministerio de Identidades Silvestres va a tener que reglamentar.

—Resolución 001/Bestiario: “Se reconoce el derecho a aullar en horario laboral siempre que no interfiera con la cadena de mando”.

—Y licencia especial en luna llena.

—Con certificado veterinario.

—No, ahí se arma lío con los colegios profesionales.

—Es verdad. Ya bastante confundidos están los psicólogos, los psiquiatras y los panelistas deportivos. Ahora van a tener que hacer posgrados en zoología emocional.

—“Diploma en Conducta Canina Aplicada al Debate Futbolero”.

—Imaginate la mesa redonda.

—¿Cuál?

—El analista: “El equipo salió dormido”.

El therian oso: “Disculpá, nosotros hibernamos, no dormimos. Respetá”.

—Y el therian gallo opinando del clásico.

—Cantando antes del amanecer del segundo tiempo.

—¿Sabés qué es lo mejor?

—¿Qué?

—Que antes la gente cazaba criaturas virtuales en el campo. Ahora las criaturas te dan entrevistas en el prime time.

—Hemos evolucionado.

—¿O involucionado?

—Depende. Si Darwin levantara la cabeza…

—Capaz que se percibe iguana y vuelve a acostarse.

—En el fondo, todo esto demuestra algo.

—¿Qué cosa?

—Que el ser humano siempre quiso ser otra cosa. Antes era Pikachu. Ahora es puma místico. Mañana quién sabe.

—¿Heladera?

—No te rías. Con lo cara que está la luz, más de uno va a querer percibirse electrodoméstico eficiente.

—Bueno, mientras no se perciban colectivo…

—¿Por qué?

—Porque entonces sí que nos pasan por arriba.

ENTRAMOS A TOMAR UNA Y YA VAN COMO VEINTITRES

Y así, entre malentendidos semánticos y asociaciones libres, seguimos.

Tal vez de eso se trate esta época: de confundir referencias, de mezclar saberes, de no saber bien si estamos pensando o repitiendo. Tal vez debamos —como alguien dijo— recuperar el intelecto de la intelectualidad. Volver a pensar sin pose, sin performance, sin necesidad de demostrar nada.

SERVÍ LA ÚLTIMA QUE ME VOY…

De una cosa estoy seguro, entre cafés, cybers y discusiones cruzadas, la intelectualidad sigue viva, aunque a veces desorientada. Tal vez no haga falta fundar nuevas corrientes ni escribir manifiestos, alcanza con pensar un poco mejor… y devolver lo prestado.

Yo, por lo pronto, con recuperar el disco de Los Cantores de Viana que presté hace como cuarenta años, me conformo.

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