Una campaña con radios que se adjudican el mismo liderazgo abre una reflexión sobre ética, marketing y credibilidad de los medios.
¿Todo vale en nombre del marketing? Una reflexión sobre la credibilidad de los medios
En los últimos días comenzó a circular en Salto una peculiar campaña compartida incluso por periodistas y trabajadores de distintos medios de comunicación. En cada publicación, una radio diferente aparecía como líder absoluta de audiencia con exactamente el mismo porcentaje: 48,9 %. Lo único que variaba era el logotipo de la emisora y difícilmente se pueda saber quién fue el primero en publicar aunque todos ocupan el primer lugar según la información que circula.
Muchos lo interpretaron como una broma y otros, como una estrategia de marketing que seguramente no funcionó o lograron un éxito total. Sin embargo, el episodio merece una reflexión más profunda sobre la ética de la comunicación y la responsabilidad de quienes tienen como misión informar.
El periodismo vive de un capital que no se compra ni se improvisa: la credibilidad. Un medio puede invertir en tecnología, contratar buenos comunicadores o desarrollar grandes campañas publicitarias, pero si pierde la confianza de la ciudadanía, pierde aquello que constituye su verdadero patrimonio.
Cuando una pieza publicitaria adopta el formato de una encuesta, utiliza porcentajes precisos y presenta un diseño que aparenta rigor técnico, existe el riesgo de inducir a error. Aunque algunos comprendan que se trata de una ironía, muchas personas reciben la información fuera de contexto y pueden asumir que responde a un estudio auténtico. En la era de las redes sociales, donde las imágenes circulan sin explicación y se comparten en segundos, esa posibilidad no es menor.
Las encuestas serias exigen metodología, identificación de la empresa responsable, universo analizado, tamaño de la muestra, margen de error y fecha del relevamiento. Sin esos elementos, un porcentaje carece de valor científico y no debería presentarse como un dato objetivo.
El aspecto más preocupante no es determinar qué radio gana o pierde con este tipo de publicaciones. En realidad, probablemente ninguna obtenga un beneficio duradero. Lo que sí puede resentirse es la confianza del público hacia las mediciones de audiencia y, por extensión, hacia los propios medios. Cuando todo parece una encuesta, termina pareciendo que ninguna lo es.
Los periodistas y comunicadores tienen una responsabilidad adicional. Su trabajo consiste precisamente en verificar información, contextualizar los hechos y combatir la desinformación. Por ello, aun cuando compartan contenidos con intención humorística, deben preguntarse qué mensaje transmiten y cómo puede interpretarlo quien recibe esa publicación sin conocer su origen.
La libertad de expresión comprende también la libertad para realizar campañas creativas y utilizar el humor como herramienta comunicacional. Pero esa libertad encuentra su mayor fortaleza cuando se ejerce con responsabilidad. La ética periodística no limita la creatividad; la orienta para que nunca comprometa la confianza pública.
En tiempos en que la desinformación constituye uno de los mayores desafíos para las democracias, los medios de comunicación no solo compiten por audiencia. Compiten, sobre todo, por credibilidad. Y esa batalla no se gana con un porcentaje impreso sobre una imagen, sino con años de trabajo honesto, independencia profesional y respeto por la inteligencia de la ciudadanía. GECS.





